Diálogo de generaciones

Autor:

Armando Hart Dávalos

Pienso que nuestro diario de la juventud cubana, Juventud Rebelde, es el vehículo indicado para desarrollar un diálogo sistemático de generaciones en el que participen quienes traemos la experiencia vivida en el siglo XX y los que vivirán bien entrado el siglo XXI: existe la necesidad de ese diálogo entre dos siglos.

Las sociedades clasistas y coloniales, es decir, el régimen de explotación del hombre por el hombre, nos han dejado como nefasta herencia un mundo cargado de enormes peligros. Por vez primera en la milenaria historia del hombre sobre la Tierra existe la posibilidad real de que desaparezca el género humano, y no solo esto, sino que con él desaparezcan también todas las formas de vida. Es muy triste y amargo pensar que nuestro globo terráqueo pueda convertirse, por la acción irracional y bárbara de algunos hombres, en un inmenso cementerio.

Recordemos que en los Manuscritos filosóficos de 1848, Carlos Marx dijo que los sujetos se hacen objetivos en su relación con los demás sujetos. En otras palabras, adquirimos desarrollo y conciencia humana por los vínculos que establecemos con los demás seres humanos, de otra manera seríamos bestias.

José Martí, por su parte, afirmó que el secreto de lo humano está en la facultad de asociarse. Señaló también el Apóstol que «Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo»1. Las riendas mencionadas por Martí están en la cultura.

El presidente venezolano Hugo Chávez ha venido señalando que el ideal socialista estaba vivo en Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Todos conocemos que los ideales de su discípulo, que forman parte esencial de la mejor tradición americana, conducían a la aspiración de abrazarnos con el mundo. Por eso llegó a decir que éramos un «pequeño género humano». Este sentimiento universal del Libertador en el siglo XIX, y de su maestro, está vivo en los próceres y pensadores de nuestra América. Una prueba de ello se halla en Benito Juárez, a quien debemos rememorar de manera especial. Cuando Juárez entraba triunfante en Ciudad México, el 11 de enero de 1861, apretaba un papel entre sus manos en el que decía lo siguiente:

A cada cual, según su capacidad y a cada capacidad según sus obras y su educación. Así no habrá clases privilegiadas ni preferencias injustas (...)

Socialismo es la tendencia natural a mejorar la condición o el libre desarrollo de las facultades físicas y morales2.

Si investigamos el pensamiento y la acción de los grandes próceres de América en dos siglos de historia, encontraremos pensamientos luminosos orientados hacia la universalidad que necesita el mundo. Yo los invito a iniciar el diálogo de generaciones que necesitamos, con estas ideas.

¿Por qué fue posible que acumuláramos en América Latina tan inmenso saber? Porque desde los tiempos de Francisco de Miranda, verdadero descubridor de la nueva América que se gestaba, la nuestra, asumimos a los enciclopedistas del siglo XVIII europeo y le dimos un vuelco sustancial hacia lo universal. Y ¿por qué en el siglo XX pudimos asumir el pensamiento europeo del XIX, es decir, el ideal socialista de Marx, Engels y posteriormente de Lenin y lo desarrollamos partiendo de una vocación de universalidad? Porque se relacionó con los intereses de los explotados de América: los trabajadores blancos, los africanos esclavizados, los asiáticos y, en especial, porque mostró una vocación irrenunciable a vincularnos a la población aborigen de nuestro continente que ahora tiene en Evo Morales su paladín más sobresaliente.

En América se articuló el pensamiento cultural más elevado de los países llamados de Occidente con el de las masas trabajadoras y pobres. Por eso, entre nosotros se entendió que la igualdad, libertad y fraternidad de la Revolución francesa era necesaria aplicarla a todos los hombres sin excepción.

Martí afirmó que Bolívar tenía mucho que hacer en América todavía. Sugiero como lema para el diálogo de generaciones que Bolívar, Martí y los próceres y pensadores de América tienen mucho que hacer en el mundo. La idea cardinal que debemos exaltar sería la de extraer de la inmensa sabiduría acumulada en este «pequeño género humano» para unir al continente y para volcarlo hacia el mundo sobre la base del principio martiano: «Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas»3.

Tenemos un inmenso compromiso en estos años de crisis mundial en que hay que tener muy presente aquel pensamiento, aparecido en el Manifiesto Comunista, que señala que la lucha entre explotadores y explotados ha concluido siempre con la victoria de uno sobre otro o con el exterminio de ambos. Evitemos el exterminio de la humanidad, detengamos a la fiera que todos —según Martí— tenemos dentro, e impongamos la fórmula del amor triunfante del Apóstol.

Es nuestro compromiso con Bolívar, Martí y los próceres y pensadores de América; así avanzaremos con paso firme hacia el socialismo del siglo XXI, para lo cual se hace necesario un fructífero, aleccionador y ejemplar diálogo de generaciones.

1José Martí, O. C., Comentario al libro Cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino, La América, Nueva York, octubre de 1883, t. 5, p. 110

2Benítez, José A. “La intransigencia y el radicalismo de Benito Juárez”, en: Diario Granma, viernes 20 de agosto de 1982, p. 2. (Tomado del libro de Alberto Prieto La obra de Juárez, Editorial Gente Nueva, 1984)

3J. Martí, O. C. Nuestra América, t. 6 p. 18

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