¡No me lo vas a creer!

Autor:

Juventud Rebelde

De seguro todos recuerdan el cuento donde la esposa sorprende al marido con una esplendorosa rubia sentada en sus piernas y este, más sorprendido aún, responde: ¡No me lo vas a creer!, la historia no refiere el final, póngale usted el que mejor le acomode de acuerdo con su experiencia.

Aludo a esta invención popular para hablar sobre un hecho parecido. Resulta que en visitas a varias cochiqueras estatales y particulares en la Isla de la Juventud se han descubierto, por casualidad, algunas señales del tránsito y vallas de información utilizadas para tapar huecos o dar sombra a este ya casi mejor amigo del hombre, el puerco.

¿Las respuestas? ¡No me lo van a creer!, «me la encontré tirada en el basurero»; «buscando en el monte de repente apareció la señal ante mí», o las clásicas «no sé»; «cuando puse mis cerdos en este corral ya eso estaba aquí».

Lo cierto es que en lo que va de año, la comisión de prevención de delitos y tratamiento a las indisciplinas sociales del Consejo de la Administración ha detectado unas 24 acciones vandálicas contra las señales del tránsito en el municipio especial, con una mayor incidencia en el mes de marzo (12).

Las áreas donde se registran más indisciplinas son la autopista que une a la capital pinera con La Fe, la carretera hacia el hotel Colony y el centro de Nueva Gerona.

Llama la atención que, con excepción de la ciudad cabecera, las otras zonas son de poca población y no me imagino a chofer alguno detener su vehículo, bajarse y rayar un Pare por el simple hecho de estar aburrido o como venganza por una multa impuesta por infringir lo que establece la ley 60.

Después del paso de Gustav la mayoría de las señalizaciones del tránsito —por no decir todas— sufrieron daños. Unas desaparecieron sin saber su paradero, otras se partieron, las más fuertes quedaron dobladas y las más frágiles no sirvieron de mucho en la recuperación.

La dirección municipal del Tránsito realizó un gran esfuerzo con recursos recuperados para reanimar este importante y necesario sistema que, en sus funciones de orientación y prevención, ayuda en gran medida a la reducción de accidentes por concepto de contravenciones en la vía.

Todos nos sensibilizamos, sobre todo si conocemos a los implicados, cuando escuchamos que fulano o zutano chocó contra un árbol, que dos carros se fundieron en un nefasto abrazo por ir a exceso de velocidad o simplemente que «el camión tenía que respetar el derecho de vía pero...»; ¿dónde está la señal que lo indica?

El robo, la rayadura en la pintura especial, doblarlas contra su centro, arrancarlas de cuajo para sacarles el acero y extraer los tornillos que ajustan la señal al poste destacan entre las indisciplinas sociales que atentan contra la vida de conductores y peatones en la vía pública desprovista de su sistema de señales.

Ni operativos policiales, ni la permanencia, por razones de trabajo de personas en las áreas señaladas como vulnerables han podido detener a estos delincuentes adictos a los Pare y Ceda el paso.

¿Qué pasará con aquellos que se detecten usando las desaparecidas señales del tránsito? Probablemente se les aplique una multa y, con la mano en el hombro, un regaño: «Sabes que no puedes volver a caer en este tipo de delito, ¿está claro?»; «Sí, como no, no se preocupe, no va a volver a ocurrir».

Pasados unos días y el susto también, quién asegura que las renovadas señales y vallas informativas, las cuales cuestan unos 1 600 dólares al país, regresen a suplir los techos de cochiqueras estatales y particulares si la mano severa de la ley no fustiga duro a los infractores; entonces no volveremos a escuchar: «Compañero, ¡no me lo vas a creer!».

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