Añoranza por el tres - Opinión

Añoranza por el tres

Autor:

Félix Palanqué Ravelo

Añoranza por la conga sirvió de título a la canción más difundida por nuestros medios de radio y TV en el 2006. La agrupación santiaguera Sur Caribe derrochó creatividad musical y en un jugoso torrente de armonía unió tambores, violines, campana y trompeta china... Pero usted no leyó mal, solo que el título de esta colaboración aborda la añoranza por el número (3) y no por ese contagioso ritmo que hace bailar hasta «al que nació ayer».

La curiosidad por el tema me llegó a través de un campesino avispado y dicharachero de Las Tunas. Me encontraba en viaje de trabajo por aquella zona y se me acercó, entabló con facilidad conversación sobre temas cotidianos y acto seguido, con la sonrisa a flor de labios, preguntó: ¿Se ha puesto a pensar en cuántas cosas de nuestra vida diaria está presente el tres?

Por ejemplo —agregó— cuando estás enfermo y apelas a la medicina verde, quien te receta el famoso cocimiento te dice: «Hazlo con tres gajitos de menta, tres de limón, y tres de guanábana… Nunca te dicen que la fórmula es con dos, cuatro o uno. Igualmente, si el trastorno es espiritual, te recomiendan que reces tres Padre Nuestro y tres Ave María, o te des tres gajazos», automáticamente comprendí su mensaje y lo traduje en que todo parece indicar que en esos casos, la magia de la cura está en tener presente al tres que, de hecho, se ha convertido en número bendito.

Por razones aún no explicadas, desde tiempos inmemoriales el tres se repite en nuestro quehacer cotidiano. Está en frases coloquiales, hechos históricos, refranes, trabalenguas, eventos humorísticos y tristes también. Se transmite de generación en generación, se remoza y enriquece.

Con esa óptica, mi imaginación siguió vagando y reparé entonces en que tres carabelas utilizó el almirante Cristóbal Colón en su viaje desde el Viejo Mundo. Vi coincidir el número prodigioso en Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, y en la famosa frase «Muerte al tres», funesto tema donde se incluye la hora en que mataron a Lola, pues plantea la leyenda que a la señora Dolores la ejecutaron a las tres de la tarde.

En ese lóbrego contexto, al tres lo vemos traducido en el «preparen, apunten, fuego…» del jefe del pelotón de fusilamiento, cuando con sus frases en orden numérico indica a sus subordinados que halen el gatillo. También, aparece en el número de ángulos que conforman el peligroso «triángulo de las Bermudas» donde, según se cuenta, han desaparecido inexplicablemente tripulaciones enteras a bordo de embarcaciones bien preparadas para la navegación.

«A la tercera va la vencida», tiene que ver con las propiedades de perseverancia que también se le adjudican al tres, en tanto con sus posibilidades de «aperitivo» cargó aquel que no quiso caldo, pero le dieron «tres tazas». Igual efecto tuvo en los «tres tristes tigres» del trabalenguas, que se tomaron tres tazas de trigo.

Para su estudio anatómico, el cuerpo humano se divide en tres partes: cabeza, tronco y extremidades, aquí trasciende la cualidad de equidad del tres, presente también en los partes meteorológicos cuando, para el mejor entendimiento de la teleaudiencia, el doctor Rubiera divide la Isla en tres regiones: Occidental, Central y Oriental.

El tres también tiene sobradas dotes musicales, pues con sus ágiles dedos nuestro Faustino Oramas, El Guayabero, y Pancho Amat, lo han hecho estremecer de sonoridad en los más importantes escenarios del mundo. El estribillo... «uno, dos y tres… qué paso más chévere», da fe de ello, al igual que los tres compases del Cha cha chá y el «un, dos, tres…» que exclaman los directores de orquestas en señal de arrancada de la interpretación musical.

Las propiedades afrodisíacas del tres son las que han atraído a mayor número de admiradores, quienes para dar muestras de fogosidad varonil comentan con orgullo en círculos amistosos: anoche hice el amor tres veces, lo que evidencia su confianza en que con ese número van a dejar en desventaja hasta al más ferviente «viagrodependiente». Nótese que si hablaran de dos veces, parecería normal o intrascendente, y cuatro, poco creíble o exagerado para la edad y el peso de algunos.

En mi hurgar entre los fanáticos del tres, pude percatarme de que no todos lo aceptan en este plano del amor. La mayoría de los que aman a su pareja consideran que las consecuencias más funestas del tres se han reportado cuando aparece como un tercero entre dos que se quieren; yesos, vendajes, lentes oscuros, halones de pelo, acoso telefónico y visual, y algún que otro homicidio pasional o suicidio han matizado su incidencia. Afectaciones menos riesgosas pero igualmente irritantes ocasiona cuando aparece en miniatura y, tete en boca, se cuela en la cama, ripostando con un gemido cada intento de expulsión.

Un fuerte del tres es el deporte. Baste reseñar que en béisbol, el bateador más poderoso solo necesita tres strikes para ser ponchado. En los eventos de las distancias y las metas del atletismo, toda carrera esta precedida por el «a sus marcas, listos, fuera…» También entre los púgiles existe un decir más que demostrado, cuando un boxeador desde la lona, trata de oír sin escuchar y mirar sin ver el «uno, dos, tres…» del árbitro; pasado este último, la cuenta de protección prevista hasta diez puede llegar hasta mil, pero aquel no se levantará hasta que no lo ayuden a ponerse en pie.

Y por si fuera poco, el tres ha sido protagonista además de hechos históricos relevantes. Por ejemplo, cuando la caída del oprobioso régimen de Gerardo Machado en 1933, lo vimos exhibirse jubiloso por partida doble. La Revolución Francesa de 1789 también le dio un lugar, en esta oportunidad por las tres ideas que promulgó el movimiento: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Asimismo, está presente en la división de poderes clásicos; Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Sin embargo, la acepción devastadora del tres se la han impuesto los destructores huracanes tropicales, iniciando por la aparición del referido número en la fecha de aquel que en 1932 azotara severamente el camagüeyano poblado pesquero de Santa Cruz del Sur donde, coincidentemente, se dice que murieron 3 333 personas.

Nótese igualmente que fueron tres los fenómenos atmosféricos de ese tipo registrados en la temporada ciclónica del 2008: Gustav, Ike y Paloma, así como que durante el paso de Ike por la provincia de Holguín afectó con mayor crueldad a tres municipios: Banes, Antilla y Gibara. Aunque escalofriante, otro dato curioso de Ike es que entró precisamente con categoría tres por el punto costero de Punta Lucrecia, en Banes.

Nada, que si el tres es sometido a una encuesta de popularidad… ¿El tres?... ¡El tres tiene el uno, compadre! (Fragmentos)

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