¡Para qué quiero enemigos…!

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA.— «¡Con amigos como estos, para qué quiero enemigos!». Esta pudiera ser la frase idónea para señalar a muchos de los que se llaman seguidores del béisbol pinero, quienes no escatiman insultos por estos días contra el equipo que dirige Armando Johnson en la XLIX Serie Nacional. Curiosamente, lo que necesitan esos muchachos es un mayor respaldo de su afición.

Es cierto que la Isla de la Juventud acumula apenas dos victorias y 22 reveses, con dos partidos sellados, uno de los peores desempeños en su historia. Pero ¡oiga!, el colmo sería perder también el apoyo de los aficionados.

Claro que no es gracioso seguir a un conjunto que aporta más lágrimas que alegrías y por eso los invito a reflexionar —también me gusta la pelota— sobre algunas de las posibles causas de tanto descalabro. Por cierto, es imposible dejar de mencionar que para elegir a los atletas solo existen 87 000 habitantes en el Municipio Especial de Cuba, cifra que no incluye mujeres, niños y ancianos.

En primer lugar, la renovación del equipo no debe ser la excusa principal, aunque la experiencia colectiva se reduce a cinco temporadas. Pero existen otros conjuntos que también introdujeron sangre joven y hasta el momento tienen buenos resultados. Ahí están los casos de Santiago de Cuba y Pinar del Río, por ejemplo.

Los fanáticos hablan también de las bajas repentinas de Juan Carlos Moreno, Félix Pérez, Luis Yadiel Fonseca e Israel Soto. Pero muchos territorios han sufrido un éxodo de atletas similar y hoy ganan y pierden.

Igualmente, claman por la presencia de Michel Enríquez, el estelar antesalista que con su ejemplo y consagración arrastra a los demás jugadores. Pero Michel solo se ausentó en los primeros 13 partidos por causa médica justificada.

Por otra parte, él solo no gana un juego. Si acaso, pudiera entrar al cajón de bateo unas cinco veces y conectar jonrón. ¿Y qué pasa si el pitcheo no aguanta?

En mi modesta opinión —no me considero un experto—, tras el pobre desempeño de los atletas subyacen otras causas mucho más objetivas que, a pesar de la fuerte preparación previa al campeonato, lastran el rendimiento y los colocan en el último peldaño de su llave y del país.

Gilberto López, comentarista deportivo con 29 años narrando las incidencias de los juegos de la Isla, dentro y fuera del territorio pinero, considera como un elemento influyente los pocos topes con otras provincias. «Este año solo jugamos en cinco ocasiones durante la Copa Antillana de Acero y fue contra La Habana, Metros e Industriales», comenta.

Otras de las causales es el bajo rendimiento ofensivo de algunas figuras más consagradas como Yoani Pérez (071), Dainiel Gálvez (176) y Reinier Llanes (143). Solo Luis Felipe Rivera (303) y Vladimir García (324) andan mejor al bate. El colectivo promedia para 230 y a la defensa han cometido 27 pifias, más de una por partido.

Alexis Rúa, encargado de seguir los resultados del béisbol en el semanario local, considera que también incide el débil trabajo en la pirámide de desarrollo. Esto provoca que los muchachos lleguen al equipo grande sin las habilidades requeridas. «A este nivel no se viene a aprender, sino a perfeccionar la técnica», reflexiona.

A todo eso se suma que los lanzadores pineros han permitido 26 jonrones en 24 partidos, trabajan para 8,21 como promedio de carreras limpias y regalan demasiadas bases por bolas (84).

Sin embargo, en lo que «el palo va y viene», la mayoría de los pineros no perdemos las esperanzas y confiamos en un despertar. Esperamos que la dirección técnica incremente las jugadas, utilice la velocidad en función de la ofensiva, y los muchachos conecten más. Eso los identificó por años y fue la clave para el bronce de la Isla en 1999.

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