27 °C La cadena se rompe por el lado más débil, dicen los viejos; y en ocasiones la vida da un brinco con sus ironías y enseña los vericuetos existenciales del axioma. Porque a veces el lado más frágil resulta el que debiera mostrar mayor fortaleza y seguridad, mientras que el contrario se torna persistente en su terquedad.
Esa contradicción saltó en un intercambio de amigos. Una de ellos, docente, mencionaba ejemplos vividos en que padres, alumnos, e incluso autoridades del sector se lanzaban contra un maestro apenas este hacía un señalamiento al educando.
Los hechos eran variados. Desde el familiar indignado porque habían requerido a su hijo y reclamaba a destajo en la puerta del aula, hasta la madre que impugnaba los dos puntos restados en la calificación de un examen y removía cielo y tierra para lograr que el docente reconociera su «injusticia» y otorgara la máxima calificación a su hija.
Una de las partes cuestionables del fenómeno —sobre todo por lo ilustrado en el último ejemplo— es que la familia encontraba oídos en distintos niveles de dirección del sector educacional. Luego aparecían situaciones en las que de algún modo el profesor era cuestionado por no usar todos los recursos pedagógicos, lo que en la práctica viene a ser algo así como el secuestro de la autoridad profesoral.
Y aquí llega la aseveración de los abuelos: la cadena se fractura por su parte más débil; aunque en este caso el eslabón roto es, precisamente, el que más se debe cuidar y respetar porque él es el corazón de la enseñanza de un país.
Algunos lectores dirán que la calidad del maestro no es, en muchos casos, la exhibida antes del período especial. Es cierto también que el sector educacional ha sufrido con especial dureza los embates de la crisis económica, y que en ocasiones se ha echado mano a soluciones emergentes que no en todos los momentos han dado el resultado esperado. Por lo tanto, alegarán, existe el margen para desconfiar y someter a cuestionamiento las decisiones del docente.
No es de ahora —aunque hoy existan mayores motivos para la persistencia— que en ciertas circunstancias un familiar se ve obligado a cuestionar la decisión de un docente. Puede incluso ser constructivo un intercambio entre el familiar y el profesor. Pero, en nuestra opinión, lo que no debe ser impuesto, ni mucho menos convertirse en norma, es una actitud de irrespeto hacia la escuela, bajo el cuestionable principio de que el maestro muy pocas veces posee la razón.
Bajo ese criterio se puede llegar a extremos no deseados, como el que vio este reportero en una reunión en una escuela secundaria. Un fuerte murmullo salía de los familiares sin darle importancia a los pedidos de silencio y a las palabras de la directora del centro. La directiva, una joven con pocos años de graduada, casi a punto de llorar, exigió con dignidad: «Por favor, los que no quieran prestar atención, pueden retirarse». Estupefactos, los padres que permanecían en actitud de disciplina observaron cómo un alto número de familiares se retiró, algunos incluso en tono de fiesta.
Si bien es real que en nuestras escuelas existen profesores que en vez de dialogar, alzan la voz con desmesura —por mencionar un caso—, no es menos cierta la presencia mayoritaria de ejemplos contrarios, donde severidad y cariño van unidos en su labor con equilibrio y justeza, a pesar de entuertos cotidianos, burocratismos y desidias laborales, que tanto daño hacen también a la permanencia de los docentes en las escuelas.
Son estos últimos uno de las perjudicados en el secuestro de la autoridad profesoral. Porque, a no dudarlo, la víctima mayor es el propio alumno al cual se le consiente la indisciplina de hoy para después padecer sus tropiezos en el futuro. Eso lo recordaba una experimentada docente, famosa por el respeto con que se dirigía a todos, un respeto que no tiene por qué ser el equivalente a tiranía.
Entrevistada por el colega José Aurelio Paz para el periódico Invasor, de Ciego de Ávila, la profesora contaba cómo padres de alumnos suspensos llegaban a pedirle que retirara el desaprobado. La maestra era firme en su respuesta: «Lo desapruebo ahora, para que la vida no lo suspenda después». Sus propios alumnos, aquellos suspensos de antaño, hoy le siguen dando la razón.
Buen artículo. Lamentablemente, los problemas con la calidad de la educación en nuestro país son bastante más viejos que el período especial. Recordemos la epidemia del promocionismo en la enseñanza media, que se extendió por años, y que trajo como consecuencia un montón de jóvenes pésimamente preparados. Y no hablemos de profesionales que, con excepción de la especialidad que ejercen, hacen gala de una incultura notable. Suscribo ciento por ciento la frase de la profesora: «Lo desapruebo ahora, para que la vida no lo suspenda después».
Usted ha tocado un tema extremadamente sensible y al cual siempre se le echa tierra intencionadamente Es una pena, pero es la realidad, el profesor es el profesional menos valorizado y el más martirizado. El propio comentario nos muestra que no hay valor ni vergüenza por parte de los directivos para solucionar de vez este problema que no es de ahora, pero que en la coyuntura actual toma matices superiores. Es por eso entre otras razones que la mayoría de nuestros jóvenes no quieren seguir la carrera del magisterio, pues ven al profesor como alguien que no se le considera ni se le respeta. A todos los padres, les encanta reclamar que sus hijos son los mejores. Son los mismos padres que después dicen: Esa juventud esta perdida, no respetan a nadie. Lógico si ellos mismos la educan así. Felizmente estoy del lado de los que siempre confió y respetó al profesor, pues en mi opinión es y debe ser el profesional mas respetado y valorizado de todos, por un hecho simple, el es quien forma, instruye y educa. Los demás serian comentarios baldíos.
En las universidades pasa peor, las presiones vienen de todas partes, y si el profesor no es firme, se viola el sistema nacional del índice académico brindando al final estadísticas de graduados universitarios que no son tales, ya este problema ha llegado a ser un relajo donde nadie respeta al profesor y eso deberían de pararlo, ya que llegara un momento en que nadie quiera ser maestro. Si hay quejas que las dirijan a educación municipal, pero eso de manipular directamente al profesor es inaceptable. Lo lógico es que educación municipal canalice con la directora del centro, no directamente el padre del alumno con la profesora, eso es inaceptable y poco ético porque se presta a corrupción dentro del sistema escolar en todos los sentidos. Debe haber un responsable de la junta de padres que tramite la queja con la directora o/y el municipio, no directamente el padre o la madre siquiera o de lo contrario el proceso docente educativo se vacía de contenido porque se desvían la tareas pedagógicas por el "ruido" constante de padres con fácil acceso a quejas, a confrontar profesores personalmente, que en muchas ocasiones son "chanchullos cubanos" en el fondo y malentendidos por celos paternos. Yo viví problemas, incluso a nivel de gobierno y embajada en mi universidad en Cuba y a la profesora del caso no le importo y desaprobó al alumno porque no asistía a clases, sin embargo, directamente, nunca se atrevieron a confrontarla, practica que ya veo que por desgracia, se ha hecho normal en Cuba dándole una mala fama a la carrera de educación. Tu articulo es magnifico, util y preciso, Luis Raul Vazquez Munoz porque has logrado ir en pocas palabras al fondo del problema con una literatura periodistica que sensibiliza al lector con el problema y su solucion. Seria beneficioso para toda la sociedad cubana que hicieras una serie investigativa sobre el tema con todos los factores, si la redacción lo aprueba, esa es mi propuesta ya que la Informática y la educación son las estrategia de desarrollo de Cuba, siendo la educación la base de la política informática.
Para que haya desarrollo social debe existir, ante todo, EDUCACIÓN, la cual se logra, primeramente, dándole al profesor su lugar. Espero que este excelente comentaro no encuentre oídos sordos en quien tenga el poder para cambiar las cosas como nos dijo Fidel en el concepto de Revolución.
Tema complejo pero que no debemos temer enfrentar, porque la solución de estas contradicciones, debe dar lugar a mejorar todos. Como dices muchas veces los padres buscan una nota que los hijos no merecen, por qué?? porque realmente quieren un número que significará poco en su vida futura, porque creen que son los mejores o porque ese número puede definir el futuro de su hijo?? lo lógico no será preocuparnos si se sabe o no se sabe? Muchas veces los padres nos creemos que tenemos toda la razón y no es así, yo misma me he enfrentado a temas que los recibí de una forma como estudiante y ahora han cambiado. Otras veces el profesor no está preparado para examinar respuestas flexibles en los exámenes que se aplican y las claves son excesivamente rígidas o se examina a un nivel que no se corresponde con el de las clases impartidas. En fin anécdotas deben haber miles y el tema es muy viejo, pero más que la nota deberíamos llegar a saber realmente que se aprendió, con que nivel se llegó en una asignatura dada. También he visto casos con 100 de promedio que no debieron tenerlo, pero eran el alumno preferido o el hijo del padre "preferido", en fin, hay tela por donde cortar y lo importante en los sitemas evaluativos es que busquen ser representativos del conocimiento. En este aspecto se estan dando pasos, creo que buenos, pero aún es temprano para decir si son buenos o no, porque no han llegado ni al año de ejecución. Por eso todas las medidas de restricción para selección de futura continuidad de estudios, basadas en este nuevo sistema evaluativo deben analizarse bien, para que el sistema mejore continuamente y no se convierta en una herramienta mal usada. El profesor debe ser respetado, pero cuando un profesor conoce bien lo que imparte, sabe trasmitir correctamente y es justo en su forma de calificar, es reconocido y recordado o quien no es capaz de recordar los nombres de los profesores que tuvo con esas características?
Gracias por el artículo, a pesar de no haber vivido la experiencia pero, como profesor que soy, sé que continuamente ocurre, principalmente en la enseñanza media. Pienso que no es necesario hacer un trabajo investigativo acerca del problema, se sabe cuales son sus causas y como solucionalo, pero existe una política educacional que se deeeebe cumplir, que impide darle solución al problema, de todas maneras se están observando cambios que para muchos serán muy drásticos y la familia tendrá que darle el frente a la escuela si quiere que el hijo alcance el sueño que sus padres han soñado para él. Es penoso el promocionismo, es penoso el fraude en todos sus matices,es penoso la posición que adopta la familia actual queriendo matar al profesor, faltándole el respeto al profesor que educa a su hijo, a la escuela y al sistema educaional, sin darse cuenta que su hijo le estará faltando el respeto por el resto de sus días. Perdona si me tomo el atrevimiento de tomar la frase, me podría traer problemas, pero la voy a emplear, gracias.
Es una opinión muy interesante y debería ser conocida por muchos padres que ponen la confianza de la educación de sus hijos en las manos de los educadores y al final le quitan la razón a los profesores delante de sus propios hijos, con mucha falta de ética. Es necesario que se vuelva a retomar este tema.
Estoy de acuerdo con el artículo y me alegra muchísimo ver este tipo de trabajo en la prensa. El maestro debe ser respetado por los padres y por el mismo sistema educativo en todas las instancias, basado en no quitarle la autoridad delante de los alumnos, en el trabajo continuo en su formación y señalarles los problemas cuando ocurren pero con el respeto y procedimiento debido. Si queremos hombres mejores en el futuro, al maestro hay que darle el lugar que le corresponde, valorizarlo más en la sociedad que no solo implica mejor salario, también y sobre todo respeto y consideración. Si creo que hay muchos jóvenes que tienen vocación por el magisterio y por enseñar, pero desde la misma escuela y la familia se desestimula esa inclinación. Creo que este tema debe ser abordado con más frecuencia y profundidad en los medios, ahora la televisión está mostrando algunos spots sobre la educación formal, cortesía y convivencia, este tema también debe abordarse.
Con mucha atención leí su comentario y coincido plenamente, soy educador y hoy la realidad que se nos muestra nos obliga a reflexionar acerca de estos asuntos y es verdad que por tradición siempre en nuestras escuelas ocurren todas esas cuestiones, pero nos corresponde a nosotros en primer lugar, rescatar, con nuestro ejemplo personal el prestigio de nuestro magisterio que, sin ser chovinista, está muy por encima de muchos de los países del mundo, incluso de los más ricos aun cuando estemos conscientes de las dificultades que tenemos y que como siempre las vamos a superar, ese es el legado dejado por lo mejor de la pedagogía cubana a través de los tiempos, la pedagogía del humanismo practicada por nuestros primeros pedagogos. No obstante, coincido además en que a veces somos atrapados por todo aquel que en nuestra sociedad siempre ve las manchas y no la luz del sol. No importa, como dijera Martí somos un ejército de luz.
Luis, un poco tarde leí este valiente artículo; y digo valiente porque este es un tema que siempre se toca por las ramas sin ir al corazón del problema, no hacemos nada negándonos a ver que la mayoría de las "mejoras" que ha tenido el sistema educacional a la larga han significado un retroceso: los maestros integrales no llegan a comprender a plenitud el contenido de todas las asignaturas, los medios audiovisuales no tienen la riqueza expresiva de una Persona Viva frente a ellos que les aclare las dudas y no solo es la calidad de la clase lo que influye en la cultura de los educandos: los cambios en las asignaturas han tenido el efecto de simplificar los conocimientos a tal punto que se termina el año y no queda casi nada: las asignaturas compuestas como español-literatura, física-química-biología-geografía que supongo pretendan hacer énfasis en la interacción entre esas especialidades no profundizan en ninguna de ellas. El bajo salario es algo que hay que solucionar mas temprano que tarde, es extremadamente importante hacerlo, pero no debemos engañarnos pensando que eso lo resolvería todo, son muchos los que aún así lo dan todo por sus estudiantes y se quejan de las orientaciones y decisiones que deben acatar, y esto, coincido con Alfonso, no comenzó con el período especial, nunca he olvidado las presiones que ejercieron en mi preuniversitario en el año 1978 para que los jóvenes estudiaran magisterio ¿la vocación? no importaba, ¿las habilidades reales? tampoco, lo importante era llenar las aulas de las carreras pedagógicas. El promocionismo nos sigue golpeando, el paternalismo hacia los malos profesores está presente, y no son solo los padres, el propio sistema educacional le resta autoridad al profesor, pregunte en confianza a los profesores universitarios que opinan de la universidad municipal y verá como de pronto se han igualado profesores a los que durante muchos años se les exigió superarse con otros que solo han encontrado en este método una forma de ganar un salario más que no se preparan lo suficiente, a los que no se les exige, ni se les prepara, ni se les atiende igual que a los de las universidades provinciales o nacionales, soy partidario de acercar las aulas al municipio, pero la responsabilidad de la evaluación que a la larga permite emitir un certificado universitario nunca debería haber salido de los recintos universitarios, sería algo así como la universidad a distancia pero asistida por profesores en el municipio. En fin, celebro mucho su artículo, ¡Ojalá sean más comunes y lleguen a oídos receptivos¡