Pensamiento y tradición como referentes

Autor:

Armando Hart Dávalos

Es oportuno el momento para recordar que el recién celebrado Congreso de la juventud cubana tiene lugar en medio de una crisis de lo que se llamó cultura occidental, que puede considerarse como la más profunda desde la caída del Imperio romano. Resulta que las tres grandes corrientes del pensamiento occidental en los últimos 2 000 años han sido tergiversadas y conducidas a la más lamentable frustración.

La primera, el cristianismo, que es una de las fundamentales raíces éticas de nuestra civilización. La segunda, las ideas de los filósofos europeos de los siglos precedentes a la Revolución Francesa de 1789, con sus banderas sobre el pensamiento racional y los derechos humanos; y la tercera, las ideas socialistas en su variedad de expresiones, con la exaltación de la justicia social y la importancia de las transformaciones económicas y del régimen de propiedad para la liberación del hombre. Es decir, no fue solo el socialismo real sino todo el pensamiento occidental el que entró en crisis.

Los principios filosóficos, sociales y culturales presentes en estas corrientes han sido objeto de un descrédito universal. Hay que rescatar, por tanto, los mejores valores contenidos en los mismos y ayudar a que conserven su validez para el mundo de hoy. La inmensa sabiduría de José Martí y sus relaciones con la cultura universal constituyen referente indispensable para abordar los colosales desafíos que tenemos ante nosotros, y especialmente ante ustedes que vivirán bien entrado el siglo XXI.

De aquí nuestra insistencia en los provechosos contactos que hemos mantenido y desarrollamos con la dirección de la Juventud Comunista, orientados a llevar a cabo un estudio minucioso de la historia de la redención del hombre, el cual nos permita extraer una síntesis fundamentada en un pensamiento ecuménico y nos abra el camino para encontrar métodos de acción. Tal propósito solo es posible sobre el fundamento de investigaciones multidisciplinarias y con la participación de especialistas de diferentes ramas de la cultura y de la ciencia. Dos planteamientos del compañero Fidel resultan claves para este propósito.

El primero: «O cambia el curso de los acontecimientos o nuestra especie no podría sobrevivir». Y este otro: «El gran caudal hacia el futuro de la mente consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está de lo que disponemos, ahí está el porvenir».

El arsenal de ideas necesarias para tan altos propósitos está en la inmensa cultura cubana que hemos heredado y que representan en su grado más alto, en distintas épocas, entre otras, figuras como Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Martí, Enrique José Varona, Julio Antonio Mella, y en nuestro tiempo y para siempre el compañero Fidel. Enorme es la responsabilidad que tenemos porque en Cuba, durante el siglo XX, se articularon con las ideas y acciones de Mella y de Fidel el pensamiento filosófico y político más avanzado de Europa, el socialismo, y la tradición patriótica utópica, latinoamericana y caribeña de Bolívar y Martí. Este es un hecho singular en la historia de las ideas en el mundo y tuvo lugar, precisamente, en nuestro país.

Para ir a la médula de este pensamiento creo que los jóvenes debemos desarrollar lo que he llamado Diálogo de Generaciones, de modo que aquellos que hemos llevado a cabo una actividad política en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI, podamos transmitir a las generaciones que vivirán bien entrado el presente siglo las experiencias válidas que hagan posible la continuidad histórica de la Revolución.

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