Estos cubanos difíciles

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Cuba es tremenda, como una mujer difícil. Te hala del corazón y vence todos tus resabios. Terminas desfilando en su nombre, gritándole al mundo tu amor para que no se equivoque el vecino del norte, ese que solo ve arrugas y cansancios en su noble rostro.

Cuba hace milagros cuando el vecino, cada vez más sutil en su vesania, presagia su decadencia, y repite por toda la aldea global que es mala madre y maltrata a sus hijos. Imperturbable, mientras cuida la casa, y repara en que aún debe limpiarla de suciedades y obstáculos, ella convoca a su cría para que dé la cara al maledicente. Para que sepa lo que es una familia, por encima de las lógicas contradicciones de la intimidad.

La bella Cuba citó a sus hijos este Primero de Mayo, para que cerraran filas frente al de la mansión de enfrente; porque no era el día de revisarse y encontrarse los defectos. Y tal es su ascendencia, que los hijos se lanzaron a la calle a defenderla. Se sumergieron en esa corriente hasta confundirse e igualarse en un clamor.

Quienes, sin ojos para el detalle y rehenes de visiones globales, ven siempre anónimas multitudes domesticadas en las manifestaciones revolucionarias, no podrían entender las imágenes frenéticas que dejaron tras de sí tantos destinos personales entrecruzados en las marchas por el Día del Trabajo.

El genio de la música popular que irriga las arterias de la cubanía y se resiste a abandonar el buque, se sumerge en el desfile junto al Makarenko tropical, apicultor de una Colmenita desafiante de aburrimientos y mediocridades. Y a solo unos metros, desconocidos recogedores de basura de Servicios Comunales desfilan limpios de complejos y, fieles a sus instintos saneadores, van depositando en sus carritos los desechos que expulsan los marchantes.

La gran trompeta cubana de Yasek Manzano se suma a la conga callejera por el Primero de Mayo (¿Qué diría Carlos Marx?), sin imaginar que detrás viene en toda su majestad, un cubano bueno, un sencillo Juan, Pedro o Pepe: en una mano el emblema del futuro, y en la otra el bocado para el hijo, quizá. Entre el sueño y la realidad difícil.

Son demasiadas las provocaciones a la vista en lo que otros ven un rebaño. Son demasiados los motivos. Estos cubanos difíciles se reservan para confundir y burlar los  cansinos diagnósticos de quienes no les conocen ni les sienten. Cubanos.

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