Nuestra cultura política y social

Autor:

Armando Hart Dávalos

Más de ciento cincuenta años marcados por hechos y hombres con su carga de heroísmo, sacrificio y enseñanzas forjaron la nación cubana. Este país creció y se fortaleció en la lucha por la utopía universal del hombre.

Conciencia de nación que se arraiga en un patriotismo inclaudicable; amor sin límite a la libertad, fortalecido más tarde en el combate y en la guerra; sed de conocimientos y cultura, afirmados en una nítida visión universal, comenzaron a gestarse en el alma cubana desde finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Desde entonces, los cubanos tenemos el corazón puesto en la patria Cuba, en la patria América y en la patria humanidad, como la clave para entender la magnitud y agudeza de las enormes contradicciones que hemos debido enfrentar.

Los revolucionarios de la generación del Centenario estuvimos influidos por la escuela del Padre Varela, tal como nos la reveló José de la Luz y Caballero y nos la exaltó a las cumbres más altas José Martí. Ellos fueron pilares de la educación en este país; figuras cuya vida y pensamiento deben inspirar nuestros actos y reflexiones patrióticas.

De sus ideas aprendimos el amor a la libertad, la igualdad, la verdad, la justicia, el compromiso de realizar un servicio a favor de los hombres y la vocación de universalidad, que es la más singular cualidad de Cuba en el concierto de las naciones.

Con ese espíritu, hemos constituido el Club Martiano del Consejo Popular de Siboney, en el cual tengo el honor de participar. Deseo recordar que para alcanzar los nobles frutos a los que aspiramos, nuestro trabajo deberá estar inspirado asimismo, en la idea que nuestro Comandante en Jefe recordaba en reciente intervención, cuando afirmó que «la victoria la obtendremos con dos cosas, con la inteligencia y con la razón, con la cabeza y con el corazón».

No podía dejar de aplaudir y felicitar todo el esfuerzo que los integrantes desplegaron para poder llegar a constituirlo. Y, por supuesto, que a partir de ahora también saludo, toda la energía que deberán emplear, para poder materializar los nobles propósitos que nos hemos planteado al organizar este Club Martiano. Para todo ello, propongo estrechar vínculos y relaciones entre tres instituciones fundamentales de la sociedad: la familia, la escuela y la comunidad, que en nuestro caso es el barrio. Porque, como nunca antes, resulta necesario alentar desde ellas las ideas revolucionarias.

He ahí la importancia de este Club Martiano y de todos los que ya existen, porque estas tres instituciones: la familia, la escuela y la comunidad son pilares esenciales para resaltar la cultura política y social de nuestro pueblo.

En el Club Martiano de Siboney, su línea fundamental de trabajo estará orientada a promover todas las iniciativas que sean necesarias para defender el medio ambiente, la naturaleza, las plantas y los animales, es decir nuestro entorno más inmediato.

Con ese fin su primera acción será la creación del bosque martiano de esta comunidad.

Felicito una vez más a todos los miembros de este Club, que ha nacido rindiendo homenaje al aniversario 50 de los Comités de Defensa de la Revolución.

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