No me pinches con cuchillo, pínchame con tenedor

Autor:

Luis Luque Álvarez

Como la del titular, reza una seguidilla infantil que siempre me llamó la atención, porque a fin de cuentas, ser pinchado con uno o con otro, ¿no ha de doler?

El Gobierno portugués saliente, el del Partido Socialista dirigido por el primer ministro José Sócrates, tiró la toalla en marzo porque el arco parlamentario, desde la izquierda hasta la derecha más derecha (el otro gran partido, el Socialdemócrata, conservador pese a su nombre) votó contra su Plan de Estabilidad y Crecimiento. Y Sócrates dimitió porque, dijo, su plan (lo llamaremos «el tenedor») pretendía ahorrarle al país caer en las garras del Fondo Monetario Internacional (este es «el cuchillo»…). ¡Y es esto último lo que acaba de ocurrir!

Portugal es la tercera víctima de la crisis en la zona euro (primero resbalaron Grecia e Irlanda). Es el tercer país que, vapuleado por los especuladores mercados financieros, no puede manejarse sin fuertes préstamos exteriores, y como está atado al euro —la moneda de 17 de los 27 miembros de la Unión Europea—, pues no puede devaluarlo a su antojo, ni puede incurrir en un déficit (más gastos que ingresos) a la medida de su voluntad.

¿Cómo han «resuelto» griegos e irlandeses su insolvencia? Pues recurriendo al «fondo de rescate» en el que tanto la UE como el FMI han puesto dinero para salvar a los que se vean en aprietos. Un auxilio que tiene un precio, y habrán de pujar muy duro para pagarlo.

Ah, pero Sócrates decía tener el «remedio» para evitar caer en ese jamo. El diario español El País citaba algunas de las «socráticas» medidas: rebajar 180 millones de euros al presupuesto de la salud, reducir la cantidad de empleados públicos (160 millones por aquí), aplazar la construcción de carreteras y escuelas, entregarles menos dinero a las provincias (168 millones menos), y así por el estilo. Sépase además que, de toda Europa occidental, Portugal es considerado el país menos rico y el de los salarios más bajos, por lo que no sería ligero el impacto de regulaciones destinadas a quitar aún más.

La pregunta es: si este era el plan «salvador», ¿qué lo diferenciaba de cualquiera de las recetas dadas por el FMI en los años 80 a las economías latinoamericanas? ¡Nada! Manuel Loff, profesor de Historia en la Universidad de Oporto, explica que el país estaría en presencia del «modelo Petáin», en alusión al mariscal francés Philippe Petáin, un colaboracionista que gobernó como títere el sur de Francia durante la ocupación nazi: es mejor que sea un francés a un alemán, era la lógica entonces. Pero a fin de cuentas, ¿no era igualmente fascismo?

Otro señor, el director del portugués Diario de Noticias, Nuno Saraiva, en diálogo con Euronews deja al descubierto el arma secreta de Sócrates: el temor al FMI. «Creo que todo el mundo tiene miedo. La llegada del FMI a cualquier Estado miembro (de la UE) no significa que la situación vaya a mejorar; al contrario (…). Para que un país pueda recuperarse tras las medidas de austeridad impuestas por el FMI, tiene que pasar mucho tiempo».

Pues bien: la cosa va, según ha dicho el gobernante este miércoles. «Luché todos los días para que esto no pasara», ha afirmado,  tras confirmar que Lisboa extenderá la mano al tándem UE-FMI con la palma hacia arriba, esperando que le pongan en ella 75 000 millones de euros.

Era solo cuestión de tiempo, y de habilidad: al renunciar, Sócrates quería evitarse pitarle al barco del FMI para que recogiera a Portugal en altamar, y cuando él regresara —si los votantes terminaban premiándole en junio, momento de las nuevas elecciones, su papel de «anti-FMI»—, ya el país estaría a salvo en la orilla, debiéndole el alma al salvavidas. ¡Pero no por «su» culpa!

En fin, astutas maniobras a un lado, el pinchazo será con cuchillo. Ya es oficial.

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