Las claves de Cuba

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Desde un lejano sitio de este mundo, y ante las imágenes que desbordan palabras, un aldeano vanidoso supuso ayer en un foro interactivo que a los cubanos, o nos presionan, o nos pagan un plus para que desfilemos así, tan desenfadadamente, cada Primero de Mayo.

No hay remedio ante el guión del sainete. Es inútil responder tales bagatelas ni rebajarse a la bronca de improperios, cuando se ha echado el resto en un país tan extravagante, para bien y para mal. Un país abakuá que tiene sus propios códigos y sinergias. Un país ecuménico, por encima de sus dogmas. Un curioso país donde impera el evangelio de los gregarios.

Lo cierto es que Cuba cambia. La Revolución adquiere dimensiones más flexibles y dialécticas, a pesar de la resistencia burocrática y autoritaria. La sociedad es más heterogénea y las unanimidades se desdibujan, por falsas. Pero el misterio —también este Primero de Mayo— es esa extraña comunión que nos congrega, por encima de lo que nos separa. Es el enigma insular de correr todos la misma suerte, aunque a cada quien, esa suerte le sonría o le haga muecas.

El cubano aprendió hace tiempo a andar y a pensar colectivamente, «paísmente» frente a tantos acechos de quienes quisieran atomizarnos, desarticularnos todos los días. Y a ese sentido de nación, donde caben todos y a veces se hacinan molestamente, le estamos abriendo espacios a lo individual, para que este interactúe con los grandes destinos de Cuba.

Puede parecer esta una pedante digresión filosófica, para quien no haya vivido los intersticios y secretos de este soberbio país que cambia desde el socialismo, más de lo que el aldeano vanidoso imagina, y menos de lo que el revolucionario inconforme sueña. Pero inmerso entre tantos cubanos desfilando, concluyo en que este pueblo es grande, porque, a pesar de los pesares y de problemas e

insatisfacciones, el cubano siempre se trasfunde en el ansia de salvarnos todos.

Palpando tanto fervor en este Día Internacional de los Trabajadores, me inclino a pensar que, más allá de las altisonancias y las consignas consabidas, lo esencial y estratégico para el país y para el socialismo, es que ese entusiasmo se pueda traducir en el trabajo de todos los días y no solo en la fiesta del Trabajo, en la medida en que laborar vuelva a ser el distingo y el anzuelo supremo de la realización individual, colectiva y nacional.

Por eso, vindico este Primero de Mayo el trabajo como la clave de la salvación nacional. El trabajo sin adjetivos de acuerdo con la propiedad. El trabajo bien remunerado y ennoblecido por el corazón, será el que nos haga marchar para siempre por el difícil camino del socialismo, donde confluye la sana aspiración individual con los nobles ideales del colectivo y del país. Y qué país.

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