Mirada precisa

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

Por estos días Cuba se ha examinado con animada vitalidad. Cientos de comunidades y asentamientos a lo largo y ancho de la Isla han vivido el ajetreo de una gestión de búsqueda y acopio de información inusual que se interesa por aproximarse a todos, desde la abuelita, el campesino, el recién nacido, la divorciada, el universitario, hasta el obrero y el ama de casa. No existen salvedades: contamos por igual.

El decimoctavo Censo Nacional de Población y Vivienda, cuya etapa principal concluyó hace unas horas, movilizó a miles de estudiantes, quienes ayudaron a tomarle el pulso estadístico a nuestra población, de lo que podrán inferirse no pocos comportamientos y tendencias de la Cuba de hoy, situada en una coordenada crucial para el empuje de ciertos engranajes socioeconómicos con visos marcadamente transformadores.

Como bien se ha dicho en varios espacios televisivos y radiales, este muestreo —cuarto que tiene lugar en el período revolucionario— constituye un acontecimiento trascendente y oportuno para la actualización de la situación demográfica del país, al permitir estar al tanto de cuántos somos, cómo vivimos, en qué trabajamos, qué nivel de escolaridad hemos alcanzado, y muchas otras variables que buscan conformar una radiografía completa de la Isla y su gente.

Para que se tenga una idea de la relevancia de este evento, vale referir que el conocimiento de la población ha interesado históricamente a gobernantes, filósofos y estadistas.

De ahí que no sea difícil inferir que un estudio demográfico pone el énfasis en el aspecto cuantitativo como base, buscando tamaño, composición, distribución espacial, crecimiento, estructura y evolución; pero sin olvidar su relación recíproca con la economía, la historia y la cultura.

Al facilitarle el trabajo a los supervisores y enumeradores, cooperamos con su intención de cuantificarlo todo con el mayor rigor y les brindamos una información veraz, ordenada y clara, así tendremos como resultante un balance de cifras que podrá identificarnos, autentificarnos y servir de punto de partida para el quehacer investigativo de otras materias y áreas del saber.

Es oportuno recordar que la población mundial arribó en octubre del 2011 a los 7 000 millones de habitantes, valor trascendente si se tiene en consideración que ese crecimiento poblacional no ha ocurrido de la misma forma en todas las regiones del planeta, ni bajo las mismas condicionantes sociales y económicas.

No deja de llamar la atención que, a escala global, las perspectivas de crecimiento de la población significan grandes desafíos para casi todos los países, especialmente los subdesarrollados, en términos de atención a grupos vulnerables como los jóvenes, las mujeres y los ancianos, la disminución y erradicación de la pobreza, la conservación del medio ambiente y, en general, la elevación sistemática de la calidad de vida de todos los segmentos sociales.

Esperemos entonces a conocer hacia dónde apunta este nuevo examen de país en movimiento y cuánto hemos evolucionado desde hace diez años (más allá de lo que recogen los registros de estadísticas continuas). Y es que un censo busca ser eso: conteo preciso, fijo y fiable de un momento, y su eficacia, si bien depende de todos los factores científicos y humanos que operen, se decide de cierta manera en la base, en ese espacio donde —sin que pese la expresión como cliché— todos contamos.

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