¿Naufragio de los talentos?

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Nunca imaginó que ese sería su destino final. Después de años de estudio, dedicación y esfuerzo, su carrera universitaria como informático parecía perderse en la incertidumbre. El llamado «plan de distribución» no se correspondió con lo que se necesitaba, y de la noche a la mañana se vio convertido en «ingeniero en cafetería», en todo un ilustre trabajador por cuenta propia.

Mario es uno de los pocos jóvenes que conozco en situación semejante, pero como él decenas de contemporáneos dicen actualmente no ejercer la profesión para la que cursaron estudios, ignorando aquellos años en los que estudiaron un técnico medio, un obrero calificado o una carrera universitaria que parecieran desperdiciados.

Si el fenómeno fuera simple apreciación de este redactor no habría mayores problemas, pero los resultados preliminares de una investigación reciente del Centro de Estudios sobre la Juventud, realizado en ocho provincias con fuerte presencia laboral juvenil y gran peso en la economía, develaron que el 68,4 por ciento del total de los encuestados refirió que su actual ocupación, lo mismo en el sector estatal que en el no estatal, nada tiene que ver con lo que aprendieron.

Aun cuando una de las principales premisas del Estado ha sido garantizar el acceso de los recién graduados al empleo, y en ese sentido lo ampara la legislación, lo anterior demuestra la forma en que se agudizó en los últimos años la falta de correspondencia entre la formación de la fuerza de trabajo calificada y las necesidades del desarrollo económico y social, algo que se busca resolver ahora mediante la significativa inversión que ha sufrido la pirámide formativa del país, con un énfasis hacia las carreras técnicas y de obreros calificados, además de otras urgencias de formación en la Educación Superior y una proyección más certera desde la base hasta los máximos niveles de decisión.

Los resultados del estudio evidencian —más allá de las migraciones ocurridas en busca de mejores ingresos— que por años numerosas entidades concibieron sus planes de distribución sin profundizar realmente en las necesidades, o sin realizar antes un estudio de la fluctuación del personal, las plantillas, los programas de desarrollo o la edad de jubilación de sus trabajadores, indicadores inevitables para ello.

Esa discordancia que ocurrió durante años provoca que aún se reciban adiestrados que nunca fueron solicitados y entidades que sí lo exigieron han tenido que «sudarla» para que les lleguen, y nunca le son situados, mientras existen quienes hasta luego de demandar fuerza de trabajo no ubican a los muchachos ni respetan lo convenido.

Sin embargo, las consecuencias más graves de esa «distribución» las sufren los jóvenes, pues llegan al centro desmotivados, lo cual se agudiza cuando dejan de aplicar lo aprendido durante años. Ello influye negativamente también en el proceso de adiestramiento que debe enfrentar el recién graduado, algo que estimula la ley como derecho —sobre todo para los egresados de la Educación Técnica Profesional y las universidades—, pues nadie podrá consolidar sus conocimientos o adquirir nuevas habilidades en un empleo que nada tiene qué ver con lo estudiado.

El proceso de actualización económica y de reordenamiento laboral que está ocurriendo en Cuba obliga a una orientación profesional de nuestros muchachos mucho más cercana a las necesidades y a las estrategias que emprende el país. Una señal halagüeña en ese sentido fue que el Consejo de Ministros aprobara recientemente el plan de plazas de las universidades, lo cual evidencia la importancia estratégica que el tema tiene para la nación, entre otras medidas.

Y tal como señaló en el XI Taller de Resultados: Diálogo sobre Juventud, Jesús Ottamendis Campos, director de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, no solo se puede prever esa proyección dirigida al sector estatal de la economía, pues hay que considerar la formación de técnicos de nivel medio y obreros calificados en perfiles que permitan laborar en el sector no estatal.

Ahora que en muchos hogares donde hay jóvenes el tema de cada minuto es la continuidad de estudios, es necesario que las demandas se correspondan con esa visión estratégica. Ello evitaría que se pierdan por el caño de la improvisación los necesarios recursos empleados en la preparación profesional de estos jóvenes.

Al cumplir esa premisa de los tiempos actuales, estamos dando vida al Lineamiento 172 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, que estipula proyectar la formación de fuerza de trabajo calificada en correspondencia con las demandas actuales y el desarrollo de especialistas de nivel superior, técnicos de nivel medio y obreros calificados.

«El pasado tiene algunos errores que el futuro los podría arreglar», afirma en una de sus canciones Nasiri Lugo, y uno de los deslices que debemos borrar es la improvisación en tan estratégico asunto.

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