La idea martiana de la belleza

Autor:

Héctor Hernández Pardo

No es un secreto que las lecturas martianas transmiten verdaderas enseñanzas de alcance universal en un lenguaje agradable y brillante. Y es que el Apóstol de la independencia de Cuba, en su vida y en su obra, es un magisterio vivo.

Su concepto, por ejemplo, de la belleza —expresado en diferentes cartas y crónicas— tiene un enorme valor para la conducta humana, especialmente en la actualidad, cuando las grandes transnacionales, y el sistema basado en el mercado, tratan de convertir a las mujeres y a los hombres en consumidores sin límites, apartándoles —con la publicidad y las vidrieras— de los asuntos trascendentales de la sociedad y el Planeta.

José Martí halaga a quien ve naturalmente lo bello y al que lo halla «en la salud, en el amor sincero, en el trabajo, en la fuerza, en la naturaleza». Al Maestro no lo deslumbra la grandeza ni lo ostentoso, encuentra belleza en lo más natural y simple. Así, en la Revista Universal de México, escribe en 1876: «Un arroyo es bello, y un mar es bello, con su distinta e independiente clase de hermosura».

Para José Martí resulta importante en la vida admirar y cuidar de lo bello en su más amplio sentido estético. Y observa una relación entre la belleza y la conducta moral. En un trabajo publicado en el Partido Liberal de México, en marzo de 1890, encontramos que afirma: «El que conoce lo bello, y la moral que viene de él, no puede vivir luego sin moral y sin belleza».

Por eso dice también que la belleza del entorno ayuda a la vida, y aconseja a los seres humanos dar forma bella a los objetos que han de rodearlos. Y sentencia el Apóstol, casi como una recomendación para todos los tiempos: «Ayuda a vivir una casita limpia y bien aderezada…Las habitaciones se han de tener lindas, no para enseñarlas, por vanidad… sino para vivir en ellas. Mejora y alivia el contacto constante de lo bello».

Una de las más hermosas ideas relacionadas con la elegancia y la belleza expuestas por José Martí, la hallamos en una carta a su hija espiritual María Mantilla, escrita en 1895, y considerada su testamento pedagógico. Para el Maestro «la elegancia está en el buen gusto y no en el costo». Y subrayaba en ese importante documento: «La grande y verdadera elegancia está en la altivez y fortaleza del alma».

Y en clara alusión al modelo consumista, que impone patrones de ostentación y absurda superficialidad, advierte Martí: «Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco por dentro y quiere disimular lo poco».

Reconoce la necesidad de cuidar la higiene y su vestido, porque es menester causar placer a los ojos de los demás en vez de pena, pero rechaza la exageración y lo vanidoso y, en un mensaje formador para todos los tiempos, subraya: «Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz».

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