El Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz, que concluye este 31 de mayo, le rinde homenaje a Rosa Campo y a Rita del Prado, figuras imprescindibles en el ámbito de la canción para los más pequeños. Autor: Cubarte Publicado: 31/05/2026 | 11:27 am
Rosa Campo es una niña grande, y fue siempre la artista que hemos conocido porque la magia de contar historias, cantarlas, actuarlas y compartirlas siempre existió en ella. Hoy, como referente importante en el país en relación con el arte creado para las infancias, sigue defendiendo la necesidad de propiciar la creación más genuina.
«Desde que era pequeña yo sabía que quería dedicarme a la canción, sobre todo para el público infantil. Cuando comencé a trabajar como instructora de arte, luego de ingresar al curso emergente con 24 años, y después de ser mamá, comprendí que ahí encontraba mi mayor felicidad.
«Mis hijos, Daniel y Adonis, son mis mejores canciones; su crianza despertó en mí las más grandes motivaciones para crear, porque tuve la responsabilidad de enseñarles a vivir a través de canciones, adivinanzas, juegos y emociones compartidas desde el arte».
Rosa fue atrevida «porque en la vida, las oportunidades uno debe tomarlas. Después, no puede haber lamentos».
El Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz, que concluye este 31 de mayo, le rinde homenaje a ella y a Rita del Prado, figuras imprescindibles en el ámbito de la canción para los más pequeños.
Sin embargo, Rosa Campo, lejos de los grandes escenarios, no deja de ser esa niña grande, también madre, amiga, compositora, dulce mujer que imanta con su ternura y su sonrisa.
—¿Cuál fue su primera canción?
—Rocío. Te puedo cantar un fragmento: Rocío, gota que forma la noche, y en la mañana se rompe llena de luz y color… En esa época ya tocaba la guitarra. Aclaro, yo no soy guitarrista, más bien le paso la mano al instrumento. Cuando vivía en Sancti Spíritus, mi tierra natal, tenía una tablita a la que le puse rayitas como las cuerdas.
«Mi profesor pensó que yo era una erudita porque así aprendí, pero fue más que todo por el empeño, digno de asombro porque no poseo en mi familia antecedentes de músicos consagrados al arte. Después, mi padre me regaló mi primera guitarra y ya me sentí más feliz».
Los hijos de Rosa Campo han sido pilares inmensos en su vida: «Ellos me ayudaron mucho porque, a medida que yo hacía una canción, si me prestaban atención ya sabía que iba por buen camino. Aunque pareciera que estaban entretenidos porque estuvieran jugando, por ejemplo, yo notaba en ellos cualquier reacción, así fuera el movimiento acompasado de sus pies. Y si no les gustaba, eran entonces mis primeros críticos.
«Es importante descifrar cualquier mínimo detalle que revele el disfrute y saber que les gusta lo que les ofrezco. Me aterran los bostezos: si veo a algún niño o niña bostezando cambio la estrategia, porque esa es la señal de que el aburrimiento me ganó».
Aunque a la cantautora no le agrada del todo enmarcar su obra en edades específicas, reconoce que es más apropiada para niños de entre 8 y 12 años, pues ya saben expresarse bien, conocen las palabras, comprenden mejor las dinámicas y las disfrutan.
—Tiene numerosos premios y reconocimientos durante su trayectoria artística, pero tal vez no los suficientes…
—Un premio es muy importante porque es la opinión de especialistas que valoran cada detalle. Obtener uno cuando compites con otros autores que también son importantísimos, es un privilegio. Ser nominada también lo es, porque eso demuestra que voces expertas valoraron mi trabajo.
«Mis discos han recibido premios en los años 2000, 2003, 2004, 2005, 2008 y 2012. También se han hecho compilaciones de mis obras. Obtuve siete premios consecutivos en el festival Cantándole al Sol. En el año 2000 obtuve el premio Cubadisco al mejor disco de música infantil con el CD Amanecer Feliz, editado por BIS Music. También en 2001 obtuve dos premios que marcan mi labor social cultural y artística: El Reparador de Sueños y Los Zapaticos de Rosa.
«Tía Rosa de las canciones es un CD-DVD que se hizo con una compilación de varias de mis obras en un concierto en vivo con el Coro Diminuto, de la maestra Carmen Rosa López, a quien doy un agradecimiento inmenso. A ella, a mi disquera, a mis músicos, al productor José Manuel García, a todos los que lo hicieron posible.
«Sin embargo, para mí el mayor premio es que un niño cante mis canciones. Las más conocidas, Amanecer Feliz; Maní, maní, Chivirico… muchos las identifican rápidamente, pero tengo muchas más. Trabajo para ciertas edades y me siento satisfecha si en sus entornos se privilegia la música hecha para ellos, porque la educación musical comienza ahí. Nosotros, los artistas que trabajamos para los pequeños, tenemos que contar con las familias como aliados principales. Ahí está el gran premio».
Ha hecho mucha radio esta mujer, que bien sabe lo que significa transmitir con la voz todas las sensaciones posibles. Recordemos proyectos infantiles como Los Chicuelos del Mar, Trocacuentos, El rincón de la tía Rosa, Amanecer Feliz, y los programas de televisión Parampampín y Carrusel musical, entre otros.
«Tuve la dicha de hacer radio desde el guión. Escribir lo que luego se va a decir requiere de un aprendizaje extraordinario y un inigualable nivel de síntesis, sin perder lo atractivo. Han sido 22 años de maravilla vivida en la radio, además de escribir para programas de televisión. La intención siempre es hacerlo lo mejor posible.
«Recuerdo El Rincón de la Tía Rosa. En ese espacio me acompañaban niños, y algunos no sabían leer, pero tenían muy buena memoria y se aprendían los textos. Fue una experiencia preciosa».
—Sé que no existe una fórmula para hacer lo que nace del corazón, pero desde su sabiduría, ¿cuáles son esos ingredientes que no pueden faltar en la receta de quien desee trabajar para las infancias?
—Buena pregunta… Son varios los aspectos, sin darle mayor importancia a uno u a otro. La superación es vital, porque así hay que asumir nuestra función en esta vida, y ayudar a otros, porque la sencillez es el mayor tesoro. Lo que cada uno hace es apenas una milésima en medio del conocimiento del universo.
«Unimos eso con respeto, constancia, agradecimiento, dedicación, aprendizaje… así surge la obra. La mayor obra de arte es conducir una familia porque esa es la célula fundamental de la sociedad, y empezar desde los más pequeños garantiza el éxito.
«Lo más importante es saber útil lo que uno hace para los demás y esforzarse en ello cada día», asevera Rosa Campo, rodeada de niños y niñas que corean «Cha, che, chi, cho, chu, te trabas la lengua tú…».
