No relegar al delegado

Autor:

Yoerky Sánchez Cuéllar

Las facultades del delegado de circunscripción, figura cardinal dentro del sistema político cubano, quedaron definidas desde los años 70 del pasado siglo, cuando la institucionalización del país condujo a la creación de los órganos del Poder Popular. Sin embargo, estas funciones sufrieron una distorsión en el imaginario colectivo.

Muchos en el barrio ven en su delegado a la persona que debe conceder recursos para la vivienda, al responsable de instalar el alumbrado público o de corregir el bache de la cuadra. En esta errónea interpretación de sus responsabilidades influye que hasta hace pocos años la práctica cotidiana, en un contexto de limitaciones materiales, provocó cierto distanciamiento de las normas que rigen su desempeño.

Ciertamente, podíamos ver a este representante del pueblo  entregando planchas de fibrocemento, repartiendo televisores o al frente de una brigada contra el Aedes Aegypti, atribuciones todas que corresponden a entes administrativos.

El delegado —si se ajusta a su competencia— no administra ni distribuye. Tampoco posee facultades para dirigir unidades de producción, servicios o de cualquier otro tipo, enclavadas en su área. Su trabajo consiste en participar en la definición de políticas, a través de las decisiones de la Asamblea o de las comisiones a las que pertenece. Para ello deberá siempre escuchar, recepcionar y viabilizar las opiniones de los vecinos.

Su alcance quedó definido en los documentos rectores del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba: «Debe mantener un contacto directo, cercano y constante con el pueblo, ofrecerle explicación a sus inquietudes, atender sus quejas, sugerencias y críticas y, a partir de ellos, su tarea más importante debe ser la de aportar iniciativas que ayuden a solucionar los problemas que plantean las masas que representa».

Sin cobrar salario alguno y durante dos años y medio a partir de su elección, el delegado lleva sobre los hombros el desarrollo de la vida comunitaria, con el apoyo de sus electores. De su gestión dependerá, en gran parte, la satisfacción de las necesidades planteadas en las asambleas de rendición de cuentas y en los despachos individuales.

Como parte de sus obligaciones controla y fiscaliza las entidades administrativas de su demarcación y debe enfrentar las manifestaciones de corrupción, delitos e ilegalidades; todo ello en nombre del pueblo.

El General de Ejército Raúl Castro, durante un seminario en 1974 a los primeros delegados en Matanzas, provincia pionera en la experiencia de gobierno, esclareció: «En la circunscripción electoral la máxima autoridad no la tiene el delegado elegido, sino el conjunto de los electores: son estos los que le otorgan el mandato para que los represente en sus problemas, quejas y opiniones: son estos los que pueden revocarlo en cualquier momento cuando no responda a sus intereses. Por ello, es el delegado el que rinde cuenta ante los electores y no a la inversa. Son las masas de la circunscripción las que tienen el máximo poder, el poder primario; el poder del delegado es derivado, otorgado por las masas».

Resulta válido destacar que las asambleas provinciales del Poder Popular y el mismo Parlamento cubano se encuentran constituidos hasta en un 50 por ciento por delegados de circunscripción. De ese modo, ellos participan en la toma de las principales decisiones.

No obstante, su gestión se ve limitada por la escasa atención que brindan algunos funcionarios administrativos. Cuando un problema tiene solución y demora en resolverse, y cuando los ciudadanos repiten sus planteamientos, el delegado los tramita y no existe al menos una respuesta convincente, ocurre un vacío que provoca malestar, desmotivación y se le resta autoridad a este digno representante, en el que descansan los cimientos de nuestro sistema de gobierno.

Datos recientes de la Asamblea Nacional del Poder Popular refieren que en el último proceso de rendición de cuentas la asistencia media de los electores estuvo alrededor del 75 por ciento, lo que evidencia la importancia de que la ciudadanía aprecie una gestión efectiva de su delegado y lo acompañe en su labor, siempre compleja, a partir de que esta no tiene carácter profesional y debe ser alternada con otras responsabilidades de trabajo.

Luego de la convocatoria del Consejo de Estado a elecciones parciales para el 19 de abril, estos temas forman parte del debate que tiene lugar por estos días en diferentes provincias. Cada punto de vista construye nuevas formas para incentivar más la participación del pueblo y continuar perfeccionando la todavía joven democracia socialista cubana.

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