Un juicio trascendental - Opinión

Un juicio trascendental

Autor:

Yusuam Palacios Ortega

Uno de los juicios de mayor trascendencia histórica y significación política fue el del Moncada, que legó al proceso revolucionario cubano un programa de lucha comprometido y consecuente, antiimperialista y abanderado con las ideas de Martí de igualdad y justicia social. Un programa que no podía ser otro que el alegato de autodefensa que Fidel Castro expusiera y que se conoce como La Historia me Absolverá.

La crisis del sistema neocolonial, de la democracia liberal burguesa y el incremento de los males y problemas de la sociedad cubana alcanzaron su máximo nivel con el zarpazo golpista del 10 de marzo de 1952, perpetrado por Fulgencio Batista. Finalizaban así todas las posibilidades legales para el acceso al poder de las fuerzas progresistas. No había otra opción que la lucha armada.

La acusación a Fidel y a otros compañeros era haber llevado a cabo las gloriosas acciones del 26 de julio de 1953, con el ataque a la segunda fortaleza militar del país. El juicio se convirtió en un impúdico manejo de la verdad, una denigrante manipulación política y amañado proceder de quienes tenían a su cargo la función de impartir justicia y de hacer valer la legalidad y el respeto a los derechos humanos de cada uno de los encausados por las acciones del Moncada, quienes fueron víctimas de torturas y atropellos.

Fidel, por ejemplo, estuvo 76 días prisionero y sufrió de un cruel confinamiento, aislamiento e incomunicación, en total violación a lo preceptuado por la Ley de Enjuiciamiento Criminal en su artículo 506. Fue a su vez objeto de otras violaciones como intentos de asesinato y separación arbitraria del proceso, constatándose así la insólita actuación tanto del fiscal como del tribunal juzgador, en un proceso parcial y movido por los intereses de dominación y arbitrariedad.

Fidel asumió su propia defensa en virtud de la orden 1899, que reconocía el derecho de todo acusado de valerse de abogado de su libre elección, al avalarse por la jurisprudencia la práctica de autorizar la autodefensa del acusado cuando se tratara de abogado en ejercicio. Así se convertía de acusado en acusador del fétido sistema imperante, de las atrocidades cometidas por el tirano Batista, del zarpazo golpista, de la violación al orden constitucional por el que absurdamente era acusado junto a sus compañeros. Denunció con firmeza la política retrógrada y criminal de la dictadura, el apoyo impúdico del imperialismo norteamericano, y condenó la injusticia y la desigualdad reinantes en Cuba.

El 16 de octubre de 1953 se desarrolló la sesión del juicio oral en la que Fidel era el acusado principal; y en evidente violación de lo preceptuado constitucionalmente, e incluso de principios del Derecho Penal como el nullum crimen nulla poena sine previa lege penale, el fiscal solicitó al tribunal la condena de 26 años de privación de libertad por el delito de haber promovido un alzamiento contra los poderes constitucionales. Fidel demostró la falsedad de semejante acusación. Iniciaría así su alegato de autodefensa:

«Señores magistrados: Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones; nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. (…) Como abogado no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y como acusado, hace hoy 76 días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales».

A 62 años del juicio del Moncada la trascendencia política de tan importante suceso alcanza una increíble fuerza. Son muchas las razones que nos hacen continuar defendiendo las justas ideas de aquellos jóvenes dispuestos a vencer o morir por la patria sufrida y heroica.

Por ello en el juicio del Moncada se sintió la presencia de Martí; las acciones del 26 de julio fueron guiadas por él, sus doctrinas eran llevadas por Fidel y sus compañeros en sus corazones; fue el canto de la patria en la voz enérgica de un hombre íntegro, revolucionario, inmenso.

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