Para entender el presente

Autor:

Yusuam Palacios Ortega

Martí en la hora actual de Cuba es un gran desafío. Tenemos que pensar el futuro de nuestro país, no de «este país» porque pareciera que no somos parte de Cuba; prefiero llamarle nuestro país, ese al que Martí amaba y por el que derramó su sangre.

Muchas veces cuando hablamos de la República nos referimos a aquella anterior al 59, como si después de 55 años de triunfo revolucionario no viviéramos todavía en una República, que es la forma de gobierno que tenemos y debemos seguir construyendo para que cada día alcance más su condición martiana; desde lo autóctono nuestro y sobre referentes emancipatorios que nos lleven de la mano de una auténtica construcción social, económica, política y cultural de la República socialista cubana (que en su esencia primera asume la martianidad).

En ocasiones, lamentablemente, algunos en vez de construirla la deconstruimos y es que todos debemos ser (y no todos lo son) consecuentes con lo que pedía José Martí: que la primera ley de la República fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre, entendida como el trabajo de todos los cubanos por el bien de la Patria; pero ese culto tiene que pasar por el pensar por sí, por mostrar un carácter entero en nuestros actos, comportamientos y proyección social; actuar con justicia, ética, como buenos ciudadanos. Por el respeto al derecho ajeno, como de honor de familia, y ello deviene  medular desafío para salvar la Patria en circunstancias tan complejas.

Este culto a la dignidad plena del ser humano hay que construirlo también, hay que formarlo. Y para ello tenemos herramientas claves como la salvaguarda de la historia. Su enseñanza debe estar cada vez más a tono con los nuevos tiempos y códigos que resulten atractivos, novedosos y, sobre todo, capaces de motivar y conmover a las nuevas generaciones.

El ser un ciudadano representa y demanda mucho. Requiere, además, que cada persona actúe como cubano que participa, que tiene un criterio y lo ejerce, como cubano que tiene una forma de pensar, que no necesariamente tiene que ser igual a otra, y que tiene un granito de arena y lo aporta para la prosperidad de la nación; para ese socialismo que estamos construyendo, con nuestros propios esfuerzos y desafiando poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito nacional.

No olvidemos que seguimos viviendo en una etapa de tránsito del capitalismo al socialismo; que como en su día lo expresara el Che, en caso de ser marxista nuestra Revolución, lo es porque ha descubierto por sus propios métodos los caminos que señalara Marx.

Ya son 120 años del concepto teórico martiano Patria es Humanidad; y qué bueno, pues como bien continúa la conocida frase del Apóstol, Patria es la porción de humanidad en la que nos tocó nacer y que vemos más de cerca. He ahí un concepto definitorio de la cultura política y la ética martiana: el humanismo y el ser humano como centro elevan la Patria a esa condición humana esencial, que a la luz de la Cuba actual deviene socialista.

Nuestra hora actual es también la de adecuarnos al momento presente, pero sin que eso cueste la merma de nuestros ideales y principios. Lo decía nuestro Comandante Fidel y lo viene diciendo desde 1959: vamos a sentarnos a dialogar sobre la base del respeto a nuestros principios. Esa es una importante lección que nos da para bien José Martí.

Martí es en sí mismo contemporáneo por su pensamiento, por su legado. Y traerlo al presente de nuestra nación impone otro desafío: seguir promoviendo qué es cultura en nuestro país: la cultura del ser. La cultura que tiene en su esencia primera los valores necesarios para ser nuevos ciudadanos, nuevos seres humanos, justos, defender nuestros valores y principios, defender la ideología que hemos elegido desde hace muchos años; ¿o vamos a promover una cultura que nada tiene que ver con el socialismo, que es la cultura del individualismo, del egoísmo personal, la que exalta lo material sobre lo espiritual, aquella cuyo valor está en lo que se tiene y no en lo que se es?

Martí eligió echar su suerte con los pobres de la tierra, la misma elección que hizo la Revolución de estar siempre con los humildes y para los humildes. Y ese optimismo al que hacemos referencia también nos va a marcar de una manera importante, y va diciéndonos y nos sigue mostrando el desafío importantísimo del yugo y la estrella. Nosotros siempre hemos estado sobre el yugo, de pie, haciendo que brille mejor la estrella que ilumina y mata.

Creo que estos son días de importantes desafíos para la nación, para la sociedad cubana actual, que es compleja, al igual que el momento y las circunstancias de que somos hijos. Hay muchas razones por las cuales seguir luchando, y no se puede olvidar la historia en la lucha que como pueblo llevamos adelante en este momento en que se restablecen las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

Creo que ese es el Martí también de la hora actual, el de no olvidar nuestra historia para entender el presente y trazarnos las proyecciones futuras. Pensar el futuro de Cuba que ya es mañana, el futuro no está tan lejos, es dentro de unas horas.

José Martí nos acompaña, y como escudo y alma moral de la nación nos está dando las lecciones necesarias para vencer.

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