Cuando nace una leyenda

Autor:

Marylín Luis Grillo

Y la mina explotó. Ante el contacto con el carro de combate el mecanismo se activó: la ingeniería fue exacta, el destino cruel. Fallecía así el entonces Comandante Raúl Díaz-Argüelles. Era el 11 de diciembre de 1975.

Tan solo un mes atrás, Agostinho Neto había proclamado la independencia de Angola, una independencia a la que aún le faltaba mucho para lograr ser verdadera. Desde un poco antes y hasta un poco después —aunque pudiese decirse desde el inicio y hasta un final— Díaz-Argüelles estuvo allí. Con su nombre de guerra en África, Domingo da Silva, y su accionar, demostraba que los cubanos también somos, como diría Fidel, latinoafricanos y que, orgullosos de nuestra herencia racial, estábamos dispuestos a ayudar a nuestros hermanos de historia.

La solicitud de apoyo militar llegó en agosto de 1975, luego de la cual Cuba se dispuso a crear en tierras angolanas centros de instrucciones en los que se prepararon a los miembros de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) para enfrentar y rechazar al enemigo que avanzaba desde distintas direcciones con el objetivo de frustrar el proceso independentista.

Ese fue el comienzo de Da Silva, quien fuera el jefe de la Misión Militar cubana en su etapa inicial y quien dirigió la preparación de las tropas nacionalistas, así como las primeras acciones en que lucharon instructores cubanos y combatientes africanos en la defensa de Luanda, la capital.

Cuando la mina explotó, atrás quedaron los días de la Universidad, la clandestinidad y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo; atrás quedaron también los días de la Revolución, y por supuesto, los días de Angola. Era una historia completa reducida en 39 años, por ello no faltaron los motivos para nombrarlo póstumamente General de Brigada y Héroe de la República de Cuba.

Raúl Díaz-Argüelles estuvo presente cuando la compleja situación en Angola requirió el envío de tropas regulares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, cuando se recrudeció la lucha más allá de la instrucción. No fue necesario que pasase mucho tiempo para que su nombre se convirtiera en parte indisoluble e inolvidable de la liberación de África.

Precisamente, el 23 de noviembre de 1975 en la zona de Ebo, Raúl Díaz-Argüelles al frente de las tropas cubanas del Minint recién desembarcadas, los profesores del Centro de Instrucción y sus alumnos angolanos, le propinó un golpe demoledor a las fuerzas invasoras. Fue entonces que el internacionalista «pasó a ser una leyenda en la historia de Angola», como rememorara Iko Carreira, ministro de Defensa de las Fapla.

«No creo que vuelvan a atacar. Pero no te preocupes, si lo hacen, no pasarán», fue el mensaje que Domingo da Silva transmitió al nuevo jefe de la misión militar cubana, el hoy general de cuerpo de ejército y ministro de las FAR Leopoldo Cintra Frías. Y realmente no pasaron.

Pero allí, en medio del camino estaba la mina y el sonido de la detonación aquel 11 de diciembre heló las carnes y enfrió los sueños. Ese podría haber sido un final, su final, pero tanto camino recorrido nunca termina. Explotó la mina, y entonces el hombre devenido leyenda, se volvió inmortal.

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