Intimidades públicas

Autor:

Susana Gómes Bugallo

No por demasiado íntimo, este asunto deja de ser público. Y adquiere tal carácter aunque el pudor pueda asomarse, debido a que es necesario conversar sobre ese imprescindible artículo: las almohadillas sanitarias femeninas y la urgencia de revisar sus modos de comercialización.

Una vez al mes (la misma frecuencia con la que generalmente suelen requerirse) la red nacional de farmacias —libreta de abastecimiento mediante— pone las almohadillas sanitarias al alcance de las mujeres que se encuentran, según lo que dicta alguna norma, en la edad de poder usarlas. Y resalto lo de la pauta por la que se inicia o se suspende tal entrega, con la primera intención de incitar a reconsiderar este aspecto, dado que no son pocas las historias en las que suele eliminarse la entrega del producto cuando la mujer arriba a los 55 años, sin reconsiderar aquellos ejemplos en los que, con esta edad, todavía se sigue precisando del empleo del producto.

Para nadie es secreto que el paquete de diez almohadillas que se vende en las farmacias por el precio de un peso y 20 centavos en CUP, no es suficiente para cubrir la demanda de una mujer en su período menstrual, cuando suelen necesitarse, habitualmente, entre dos y tres paquetes, siempre y cuando se trate de un ciclo normal, pues en otros casos las exigencias son mayores. ¿Qué ocurre entonces? Pues no queda más remedio que acudir a otras vías, con el aumento de gastos que ello trae consigo.

Lo más común es que se adquieran por la calle, mediante la venta de personas que las ofertan por el precio de entre diez y 15 pesos. Y para quien no quiera acudir al mercado auxiliar (porque es así como debe llamarse en estos casos urgentes, y no con el mote de «negro» con el que es conocida popularmente esta forma de comercialización tan usada) solo queda la opción de sacrificar alrededor de 25 pesos en la red de tiendas recaudadoras de divisas, que también operan en CUP.

¿A cuánto asciende el gasto mensual si se consideran estas vías? Basta con multiplicar las cifras ofrecidas anteriormente con las necesidades de la mujer en cuestión para darse cuenta de cuánto debe desembolsarse en un asunto tan vital como este, imposible de ser solucionado de otro modo y tan sensible a cuestiones de higiene y salud humana.

¿Que el Estado no puede subsidiarlo todo? Es verdad. Ya con esta facilidad es un primer paso que bastante resuelve. Pero bien debieran revisarse otras alternativas para simplificarle la vida a la ciudadanía femenina, y a la masculina también, porque a fin de cuentas la economía familiar es una sola y los gastos vienen del mismo lugar.

No todas las mujeres emplean la cuota de almohadillas que las farmacias ponen a su alcance, pues de no ser así las bolsas sobrantes no llegarían a manos de quienes las venden «por fuera». Entonces, una sugerencia sería revisar esos casos, con el propósito de liberar dichas cuotas en alguna fecha del mes —tal vez a un precio ligeramente mayor al subvencionado como el de cinco pesos— y dar la posibilidad a la población de adquirirlas por una cuantía menor, y a la vez reportar otros ingresos a la farmacia (y no al bolsillo de las vías alternativas). Esta opción también precisaría control para cerrarles la brecha a quienes acaparan y luego especulan.

Otros problemas persisten en el camino de las almohadillas sanitarias a sus consumidoras. Está el asunto de la calidad en el grosor y su insuficiente adhesividad, cuestión que varía en dependencia de la fuente o el lote de producción. Por estas garantías sería preciso velar también, así como por los retrasos que sufre, en ocasiones, su oferta en las farmacias.

Aunque persisten muchas ineficiencias productivas en no pocos campos de la fabricación nacional, llamo la atención sobre este demandado artículo porque no se trata de uno cuya adquisición sea opcional, y no parece correcto que su compra sea tan dolorosa para el bolsillo o, peor aún, que haya que andar persiguiendo vías alternas con tal de comprarlo. Las tiendas recaudadoras de divisas tampoco figuran como una opción asequible para acudir a estas una vez al mes y desembolsar entre 50 y 75 pesos en CUP con tal de adquirirlo.

Entonces, pudor aparte, resulta una cuestión importante la de mirar hacia la comercialización de las almohadillas sanitarias con el propósito de conseguirlas con más facilidades y regularidad. Solo así estas intimidades dejarán de ser públicas.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.