¿Es necesario preguntar?

Autor:

Iroel Sánchez

Junge Welt es un diario alemán que, como todas las propiedades colectivas en la antigua República Democrática Alemana, fue subastado después de la absorción de esta por Alemania occidental y vendido por menos de un dólar a un empresario que lo llevó a la quiebra. Un grupo de periodistas, con el apoyo de miles de lectores, logró hacerlo reflotar y convertirlo en un pequeño diario, que sobrevive a duras penas en un entorno hostil.

No hay información acerca de que Junge Welt reciba dinero desde países como Rusia, con una relación conflictiva con Alemania, ni que aliados del Gobierno ruso entrenen fuera de territorio alemán a periodistas de Junge Welt, o que sus redactores se fotografíen en las inmediaciones de instalaciones militares donde radican más de 70 000 soldados estadounidenses en suelo germano, ni de que hayan sido atacados con perros por las autoridades, como acaba de ocurrir con la periodista estadounidense Amy Goodman, bajo la acusación de invadir propiedad privada en Dakota del Norte, para protestar por la construcción de un oleoducto que daña el medio ambiente.

Sin embargo, en Junge Welt explican que cada 12 meses son colocados por el servicio secreto del Estado germano en una lista de «organizaciones extremistas», algo que disuade a anunciantes y suscriptores, que son la principal fuente de sus ingresos y justifica acciones como la intercepción de las comunicaciones de sus trabajadores. En lo que va de 2016, en Junge Welt han tenido que enfrentar diez demandas en los tribunales, lo que los ha obligado a destinar a su defensa importantes recursos financieros de sus ya menguadas arcas. En una ocasión, la sede del periódico fue allanada por agentes armados del servicio secreto en busca del original de un documento publicado por el periódico, bajo el pretexto de utilizarlo en un proceso de instrucción policial.

Aun así, en un país de más de 80 millones de habitantes, que es la mayor economía de Europa, Junge Welt ha encontrado lo que en países pobres o con menos población es económicamente inviable: un pequeñísimo nicho que le permite sobrevivir, aunque sea siempre amenazado por la quiebra. Por eso es mostrado a aprendices de la libertad de expresión, entendida como libertad de empresa, como prueba de pluralismo. El hecho de que no existan periódicos como Junge Welt en la inmensa mayoría del mundo capitalista, ya sea en España, Guatemala o Paraguay, ¿no les dice nada?

Pero lo cierto es que no ha sido suficiente dejar que la mano invisible del mercado coloque lo alternativo en lo que es su destino manifiesto en el capitalismo, no hay que esperar otra cosa para una publicación que no tiene amigos entre banqueros o grandes empresarios, que la marginación. Y como prueban los hechos, el aparato represivo del Estado capitalista debe mantener la alternatividad en niveles lo suficientemente bajos para garantizar su inocuidad en un maremágnum mediático local y global, que reproduce por las más diversas vías la ideología hegemónica en sinergia con la dominación militar, política y cultural de su principal exponente: Estados Unidos.

¿Es necesario preguntarse cómo sería la actuación de ese Gobierno si fuese el de una nación pobre, pequeña y bloqueada, y Junge Welt formara parte de un sistema de prensa entrenado y financiado desde el exterior, con un presupuesto superior al de todos los demás medios de comunicación del país juntos?

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