Cómo aprendí a trabajar

Graziella PogolottiGraziella Pogolotti
18 de Marzo del 2017 22:45:32 CDT

La aparición de Corín Tellado, en aquel lejano entonces, me colocó al borde de la quiebra. Ganaba mis centavos traduciendo media revista Vanidades. A los consejos médicos, las noticias de la moda y temas de maquillaje, se añadía lo más jugoso: las versiones de novelas rosa publicadas por revistas francesas dirigidas a las mujeres. Trabajaba por cuenta propia. Solo debía entregar la tarea en tiempo y forma. Utilizaba el horario que mejor se aviniera a mis restantes compromisos intelectuales. Con el triunfo de la Revolución, me inicié en la disciplina impuesta por la vida institucional. Marcaba el reloj a las ocho de la mañana en la Biblioteca Nacional y terminaba mi jornada en la Universidad, ya bien entrada la noche.

De ese modo, junto a Vicentina Antuña, directora de la Escuela de Letras y Arte, y María Teresa Freyre de Andrade, directora de la Biblioteca Nacional, fui aprendiendo a trabajar. Eran personalidades diferentes. Coincidían en rectitud, ética y sentido de la responsabilidad. La profesora de latín, nuestra magistra, parecía disponer de todo el tiempo imaginable. María Teresa, en cambio, estaba acosada por la impaciencia. Ambas coincidían, sin embargo, en el hábito de iniciar cada jornada con el despacho sistemático de los asuntos pendientes. Revisaban la correspondencia. Respondían de inmediato, anotaban las observaciones pertinentes en los informes, distribuían las tareas, firmaban documentos. De Vicentina aprendí una palabra de uso poco frecuente: procrastinación. Equivale, en un lenguaje más familiar, a no dejar para mañana lo que puede hacerse hoy. Una y otra contaban con un equipo de dirección. En la Universidad, la Reforma había creado las comisiones de docencia, encargadas de dar seguimiento a la implantación de los planes de estudio. El caso de María Teresa merece párrafo aparte.

La Directora de la Biblioteca se apoyaba en los especialistas situados al frente de cada departamento. El consejo de dirección incluía también a un singular conglomerado de figuras prominentes de la cultura cubana. Allí estaban el polígrafo Juan Pérez de la Riva, el compositor y etnógrafo Argeliers León, los poetas y ensayistas Eliseo Diego, Cintio Vitier y Fina García Marruz. Algunas principiantes se incorporaban al grupo en igualdad de condiciones.

Con cierta frecuencia, una llamada urgente nos convocaba de inmediato a la dirección. Después del saludo cortés, María Teresa nos informaba de manera tajante: «¡Estamos en crisis!». Repasábamos lo hecho. Juan, Cintio y Fina exhumaban documentos valiosos; Eliseo entrenaba a los narradores de cuentos para niños; la extensión bibliotecaria depositaba préstamos de libros y de reproducciones de arte en los sindicatos; y en el teatro las tardes estaban ocupadas por ciclos de conferencias. Después de escuchar nuestros alegatos, María Teresa concluía: «Hay crisis porque estamos satisfechos». Se desataba entonces la tormenta de ideas y surgían nuevos proyectos.

De ese aprendizaje juvenil con Vicentina y María Teresa, adquirí para el resto de mi vida dos enseñanzas fundamentales. Una de ellas consiste en desterrar toda tentativa de postergar la asunción de la tediosa tarea de revisar y firmar documentos. Es mi primera actividad del día y resultaría conveniente extender el hábito a tanto funcionario procrastinante que acumula y engaveta papeles sin tener en cuenta las repercusiones de su desidia en la vida de otros.

Mi segunda lección implica una filosofía de la vida. Crisis no es sinónimo de derrumbe. Sugiere la noción de tránsito de una a otra etapa, que se manifiesta en la agudización de las contradicciones. Así ocurre con la llamada crisis de la adolescencia, con sus incertidumbres, gestos de rebeldía, y con los bien conocidos arranques de alegría y depresión. Son las vísperas complejas de una madurez que va avanzando, preludio necesario del salto hacia adelante.

Hace poco, un científico entrenado en los rigores metodológicos de la Física me mostraba un notable texto de Einstein. El célebre autor de la teoría de la relatividad fue un hombre de sólidos principios, comprometido con los tiempos difíciles para los hebreos. Einstein destacaba la productividad potencial de esas horas difíciles, germen insólito de creatividad.

En la naturaleza, las crisis de desarrollo se solucionan de manera espontánea. No sucede de igual modo en la sociedad, con sus contradicciones, sus tironeos, con la complejidad añadida del entremezclarse de cuerpos de distinta densidad y ritmo. En este ámbito, las crisis son productivas porque incitan a un despertar de la creatividad. Para lograrlo de manera efectiva, tienen que contar con una dirección política, constituida en fuerza catalizadora de las tendencias mejor orientadas hacia la construcción de las naciones, capaces de promover alianzas, transitorias algunas, duraderas otras, a la vez que mantiene fidelidad a principios irrenunciables.

En este sentido, el ejemplo de Fidel conserva un valor inapreciable. Con la brújula imantada hacia el porvenir, edificó consensos en los momentos más difíciles. Valoró siempre costos y ganancias. Estableció el equilibrio exacto entre audacia y cautela. En su esencial discurso del Aula Magna subrayó la importancia de distinguir entre las líneas estratégicas insoslayables y los inevitables repliegues tácticos. Lo hizo en la campaña guerrillera y, luego, en la preservación de la estabilidad en circunstancias que nos colocaron al borde del abismo.

Para conjurar la crisis, hay que conocer su perfil exacto. El desafío planetario de nuestro tiempo no tiene precedentes en la historia. Ante una izquierda fragmentada, Fidel nos hizo compartir el parto de las ideas que podemos rescatar más allá de las citas aisladas en el hilo conductor de un discurso ininterrumpido. En los instantes más difíciles (la Crisis de Octubre y el anuncio del posible derrumbe de la URSS) tomó el toro por los cuernos y nos transmitió la conciencia de la responsabilidad colectiva para la preservación de los más altos valores de la nación.

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    1. 1

      jose - 19 de Marzo del 2017 8:31:13 CDT

      Disfruto mucho estas lecturas. Esta en particular me gustó por dos cosas: Lo peligroso de sentirse satisfecho y la importancia de las "crisis" colmo fuente del desarrollo. Solo acotar que es importante en las crisis estar abierto a cualquier solución. Lo mismo puede ser que los cubanos de la MLB puedan jugar por nuestro país en el clásico o que un cuenta propuesta pueda importar y exportar

    2. 2

      Reynerio - 19 de Marzo del 2017 9:28:58 CDT

      Como siempre brillante tu comentario. Has explicado muy bien, como toda una excelente profesora, la categoría crisis, que casi siempre se asocia a lo malo. "Estoy en crisis", el enfermo está en estado crítico (que, por cierto no se ajusta al verdadero concepto dialéctico de crisis). La crisis debe ponerte en testimonio, volverte creativo para superar esa contradicción superior que se manifiesta en lo que puede ser o no. Algunos, sin embargo, prefieren hacer como el avestruz. Fidel es un caso aparte. Veía muy lejos (estrategia) sin olvidar la táctica, "paoso mas cortos" par alcanzar el objetivo final. En su personalidad de sintetizaba la audacia, la inteligencia, el valor y carisma que impresionaba hasta a los propios enemigos. Gracias por ese regalo.

    3. 3

      Daniel Noa - 20 de Marzo del 2017 10:11:43 CDT

      Gracias, Profe, Gracias, JR..una vez más. Esta sección se ha venido convirtiendo en una campana como aquella de la Demajagua...o la de los versos a que acudió el inolvidable Hemingway: ¿Por quién doblas las campanas?...No preguntes por quién doblan las campanas...doblan por ti. Tenemos que acabar de darnos cuenta de que las campanas doblan por nosotros, no en son de luto sino en son de llamado a la lucha, al trabajo creador e inteligente...a ese que es capaz de percibir las crisis y provocar el cambio necesario...de abajo a arriba y de arriba a abajo...conciencia, disciplina, eficiencia económica, eficacia, planificación, ahorro, bienestar, cultura...en fin...en todas las esferas del conocimiento y la vida social en nuestra querida nación asentada en el Verde Caimán caribeño....A estas campanadas hay que prestarle oido...no puede suceder como cuando ciertas trompetas mambisas llamaron y el temor que se había infundido en algunas zonas rurales fue más persuasivo.

    4. 4

      Daniel Noa - 20 de Marzo del 2017 10:23:30 CDT

      Cómo aprendí a trabajar yo... Corrían los primeros meses de 1950..mi madre viuda, mi abuela y mis hermanos (5) nos mudamos de Cienfuegos para Santa Clara...tras sufrir el ¨desahucio¨ por falta de pago del alquiler de la vivienda...Busqué trabajo en algo que sabía hacer: mensajero en bicicleta...Pero no conocía la ciudad de Marta como sí conocía ala Perla....y el dueño de Farmacia que me contrató, me mandó a buscar una medicina en otra farmacia, para un cliente que había telefoneado...y él no quería perder...Tras dos horas de deambular inútilmente conseguí a duras penas regresar a la Farmacia...y honestamente reconocer que no había cumplido pues no logré encontrar la Farmacia a la que me habían mandado (dando por sentado que de un modo u otro yo llegaría)...El ¨dueño¨ se mmolestó pero como persona decente y comprensiva sólo decidió mandarme al laboratorio a ayudar a poner etiquetas en frascos de jarabes...A las 6 de la tarde...me llamó, me dió UN PESO, y me dijo que lamentaba mucho mi caso pero que el no necesitaba realmente a nadie para poner etiquetas sino un mensajero capaz de conseguir las demandas de su clientela en otras farmacias cuando el no pudiera satisfacerle con sus existencias...Ahí, esedía, con sólo 12 años....aprendí a dominar mi trabajo sea cual fuere en cada momento...Así lo he hecho hasta hoy...puedo tener y tengo mil deficiencias o insuficiencias...pero en mi trabajo procuro saberto todo, bien sabido...no paro de estudiar...y dentro de 20 días, ya no serán 12 como en 1959 sino 70...

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