A la salud del carnaval

Autor:

Liudmila Peña Herrera

De un día a otro, la cotidianidad se trastoca y las ciudades se transforman en una otredad más bailadora y chistosa. Se aprecia en el andar desenfadado de la gente, en los vestuarios ligeros, en la alegría y el «jaraneo». Son los días del carnaval, la fiesta más popular que tiene lugar en nuestra Isla.

Muchas son las cabeceras de provincias que escogen estos meses estivales para celebrarlo, quizá porque la predisposición a la relajación del espíritu y la diversión, después de todo un año de trabajo, van asociadas a este período del calendario.

Sin embargo, la época en que se desarrollan es la misma en la cual la situación higiénico-epidemiológica se complica en el país, y no porque las enfermedades pretendan «relajarse», sino porque las condiciones climáticas y las concentraciones de personas lo propician. Por eso, no pocos cubanos, tanto amantes como detractores de esta festividad, expresan su preocupación por el desarrollo de las mismas, cuando existe transmisión de virus como dengue, zika y conjuntivitis en buena parte de la Isla.

Muchos se declaran sus enemigos acérrimos, mientras que otros no quieren perder tiempo pensando en enfermedades cuando hay una buena orquesta para «mover el esqueleto», tentadores panes con lechón asado para animar el estómago y un termo de cerveza helada para aplacar el calor.

Pero más allá de la polémica popular acerca de si debió tomarse esta o aquella decisión, el carnaval ya es una realidad palpable, bullanguera, contagiosa... En Holguín y La Habana son protagonistas las carrozas, las comparsas, los muñecones, los humoristas...

Y con el regocijo, también llega el reto de evitar las olas de contagio. En Holguín, por ejemplo, las autoridades gubernamentales y las de la Salud se han unido para garantizar que las áreas del festejo cuenten con todas las condiciones para desarrollarlo de manera saludable. Con ese fin, monitorean la situación en cada uno de estos lugares y controlan los diferentes puntos fronterizos con los municipios y provincias aledañas, tanto para la entrada como para la salida de pasajeros. El objetivo es velar porque las personas enfermas sean trasladadas a centros hospitalarios y no continúen la cadena de transmisión.

No obstante, para que el carnaval constituya una verdadera celebración y no deje como estela una emergencia sanitaria, somos nosotros mismos quienes debemos tomar el control de nuestra salud y adoptar todas las medidas posibles si queremos disfrutar de las festividades y salir ilesos de estos días de esparcimiento.

Así lo reafirma el doctor Jorge Luis Quiñones Aguilar, jefe del Departamento Provincial de Promoción y Educación para la Salud, de la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología en Holguín. El especialista recuerda que la conjuntivitis, por ejemplo, se transmite tanto por contacto como por vía respiratoria. Por eso, aconseja alejarnos de las personas con lentes oscuros durante las horas nocturnas; y no intercambiar objetos personales, fundamentalmente pañuelos, vasos o botellas de cervezas y otras bebidas; lavarnos las manos con frecuencia y no frotarnos los ojos. También recomienda prestar atención a la calidad en la elaboración y conservación de los alimentos que consumiremos, para evitar brotes diarreicos.

«El llamado primordial es a que los enfermos, tanto de conjuntivitis como de zika o dengue, no acudan a estas áreas de celebración, sino a nuestras instituciones; de lo contrario, estarían compartiendo su enfermedad con el resto de la población sana».

El aviso, sin alarmas ni catastrofismo, está indicado. Ya mi gente está lista para salir arrollando al paso de la conga. Pero a la música y a la alegría hay que ponerle, ciertamente, la responsabilidad que estos tiempos requieren. Solo así podremos brindar a la salud del carnaval.

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