Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Más amor que minutos

Autor:

Yunet López Ricardo

A él le gustaba caminar, y apresurando pasos llegaba casi todos los días desde su casa en Lawton hasta aquella escuelita en la Virgen del Camino. Detrás de la cerca, siempre lo esperaba la misma muchacha trigueña.

Paquita tenía solo 16 años. Camilo ya trabajaba como primer dependiente en la sastrería El Arte. Pero allí, a una hora justa, se encontraban para besarse solo con los ojos. La inocencia de la estudiante lo intimidaba. Y pasaron todas las citas sin que él le dijera algo. El rato se les iba mirándose y conversando, hasta que la magia terminaba cuando ella volvía a clases y él se iba soñando con los «besos» del otro día.

Seguramente pensando en ellos abordó el avión que lo llevó a Estados Unidos en 1954, cuando a sus 21 febreros buscaba otra realidad para su vida y para Cuba. Pasaron los meses, y en San Francisco el joven alegre y bien parecido conoció a una enfermera salvadoreña 17 años mayor que él.

Isabel Blandón no pudo hacer otra cosa: se enamoró de aquella sonrisa de dientes perfectos al punto de seguirlo hasta Cuba. Se casaron el 1ro. de septiembre de 1955 en una notaría en el segundo piso del edificio Bacardí, y en el hotel Lincoln pasaron la Luna de Miel. 

Pero hay detalles, el amor siempre se hace de detalles: el día de la boda, cuando le faltaban 60 minutos para dar su sí, el Camilo de pasos apurados volvió a buscar a Paquita. Allí, en su casa, sentado frente a ella y con la cabeza llena a un tiempo de alas y silencios, de nuevo las palabras justas se le ahogaron y solo se quedó mirándola, como si no quisiera irse nunca de aquellos ojos.    

La unión con Isabel no duró mucho, y en 1956, en el mismo lugar en que se conocieron, acordaron despedirse. Entonces, él cruzó a México: quería unirse al Movimiento de Fidel Castro, el joven abogado que había asaltado hacía tres años la segunda fortaleza militar de Cuba. Lo consiguió a través de un amigo, el moncadista Reynaldo Benítez, y ese noviembre ya era uno de los 82 marineros de una guerrilla que, antes de domar las lomas, amansó las aguas de un golfo entero.

Paquita pensaba en él. Se enteró de que luchaba en Oriente. Cada noticia de los rebeldes era un sobresalto. Y en diciembre de 1958, cuando Emilia y Ramón, los padres de Camilo, fueron a verlo a Las Villas, él le pidió a su mamá que le hiciera llegar cuanto antes algo muy valioso: una foto de Paquita.

Aquellos que se «besaban» de mil formas desconocidas para otros, se reencontraron el 2 de enero de 1959, mientras Cuba vivía los primeros días de su Revolución. La gente creía que ella era su novia, pero en realidad él nunca la había enamorado. Y el extraordinario guerrillero y joven carismático, el amante soñado de miles de cubanas, esperó aún siete meses para declararse.

El 2 de agosto, mientras paseaban en yate, al fin pronunció aquellas frases que se le ahogaban. Se hicieron novios, pero antes de que Camilo lograra y diera un beso de los de verdad, estuvieron hablando durante seis horas.

Solo entonces le confesó que aquella tarde que fue a su casa antes de la boda, si ella le hubiera dicho que no se casara, él no lo hubiera hecho. Y se miraron, y se abrazaron, y se besaron otra vez... vivieron cada instante, como si el tiempo se les fuera a acabar.

Ese mismo mes de agosto de 1959, en la Bodeguita del Medio, se dieron, seguramente sin imaginarlo, el último beso, rieron juntos y allí agotaron todos sus minutos en común. Ni él, ni ella, ni Cuba podían sospechar que el 28 de octubre una avioneta queridísima se desprendería del cielo y en el fondo del mar terminaría el camino. 

Esa de La Bodeguita fue la última noche en que se vieron Paquita y Camilo. Cuando habían gastado juntos la madrugada, se despidieron. Él debía regresar a Camagüey, pero los dos estaban felices, tanto como en aquellos días de amor silente en la escuelita de la Virgen del Camino.

Pasaron otros dos meses de 1959. Apenas empezaba octubre. Habían acordado casarse para diciembre.

Fuente: Entrevista a Daisy Táboas Acosta, directora del Museo Casa Natal Camilo Cienfuegos publicada en la multimedia Tan cubano como las Palmas (2009), de la investigadora María Eugenia Azcuy Rodríguez

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