¿Remiendos o soluciones de raíz?

Autor:

José Alejandro Rodríguez

El anunciado arribo de un contingente de otras provincias para paliar el éxodo de choferes en el transporte por ómnibus de la capital, nos lleva, una vez más, a meditar sobre si los asuntos públicos en nuestra sociedad se pueden resolver con curitas y calmantes efímeros, o con sanaciones definitivas.

No dudo de las buenas intenciones de la medida, e incluso de que esta pueda ser efectiva en lo inmediato. Lo que se pretende es llenar un vacío de fuerza de trabajo, ante la crisis que padece el agónico transporte por ómnibus de La Habana, tanto de equipos y demás recursos como en lo subjetivo —dígase indisciplinas y excesos, tanto de quienes prestan el servicio como de quienes lo reciben—. Pero, ¿se resolverán, o al menos se atenuarán así, los problemas de la transportación por ómnibus en la gran ciudad?

 No es la primera vez que las soluciones emergentes se imponen ante el déficit de recursos humanos, y se buscan paliativos «importando» de otras provincias sustitutos para labores que pierden adeptos en la capital: una ciudad —¡que La Habana no aguanta más!— con una sostenida inmigración del resto del país por años, con un crítico déficit habitacional. Una ciudad que hasta con normativas y decretos ha intentado infructuosamente atenuar esas olas migratorias.

 Durante años nos acostumbramos al «ejército de reserva» de lo que denominan «el interior del país», como si La Habana fuera el «exterior» de Cuba. Si los habaneros no quieren ser policías, maestros o constructores, los traemos de otras provincias, y en ciertos casos los preparamos con urgencia, contrarreloj. Lo súbito y emergente ha calado hondo. Y en no pocos casos a la larga se ha resentido el resultado de esas «promociones», en cuanto a calidad y eficacia. Los oficios y las profesiones requieren años y sedimento, no se improvisan.

 No quiero estar en el pellejo de las autoridades públicas cubanas, que se enfrentan a diario a tantos problemas, en medio de circunstancias muy difíciles y tensionantes, entre lo que debía ser y lo que es. Pero preocupa que sigamos administrando crisis apelando a las emergencias del momento, y no obremos prospectivamente, desaprovechando las ventajas del socialismo de prever y planificar con eficacia más allá de lo inmediato.

En este episodio del éxodo de choferes de los ómnibus urbanos de la capital, y en muchos otros de la vida cotidiana, necesitamos abandonar la política de «remiendos», e ir a la raíz martianamente hablando. Investigar antes y a fondo los porqués, las razones esenciales de los problemas, que no se resuelven reciclando constantemente a trabajadores. Y buscarles soluciones viables y duraderas, no paliativos que se corroen con crisis cíclicas.

La Cuba de hoy, tan compleja y diversa, no puede enrumbarse con medidas súbitas. La dirección de los asuntos públicos requiere cientificidad y permanente investigación por un lado, que alejen la improvisación y el voluntarismo. Debemos transitar ya de la administración de las crisis al feliz emprendimiento de los buenos empeños.

 Y al mismo tiempo, la administración pública hoy en este país no puede soslayar la importancia de la concertación y los consensos inteligentes con las bases de la sociedad, tanto en el sector estatal como en el no estatal. Sería muy saludable un proceso de análisis con los choferes de ómnibus de la capital, para confrontar criterios y conocer sus estados de opinión: si se sienten verdaderamente estimulados, cuáles son sus principales problemas, qué debía ser y qué no debía ser. Y revisar constantemente si los métodos de dirección estimulan el trabajo exitoso y la disciplina y le cierran el camino a lo peor y más mediocre. 

Con ese estilo democrático y cara a cara, no con imposiciones, fue que este país llevó adelante años atrás los Parlamentos Obreros, o más acá la discusión masiva de los Lineamientos Económicos y Sociales de la Revolución y el Partido. Si fuimos capaces de hacerlo en lo estratégico, ¿por qué no llevar ese espíritu a los procesos más cotidianos, con la participación de la gente? Con ese talante permanente, podríamos saber por qué emigran de sus puestos muchos choferes de ómnibus y constructores, o por qué muchos jóvenes no quieren estudiar carreras pedagógicas ni ser policías. No darlo todo por sentado, ni controlado, a base de remiendos.

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