Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La casa por la ventana

Autor:

Nelson García Santos

Al pasar por el lado de dos personas que sostenían una conversación escuché a una enfatizar que a un rico no, pero a un pobre 50 pesos le resolvían muchos problemas.

El que sostenía ese argumento lo reafirmó al sentenciar, rotundamente, que cualquiera los suelta para que le ejecuten determinado trabajo. En ese momento se encontraba fregando un motor al lado de la acera en una céntrica calle de Santa Clara.

El que a los pudientes no les resuelve nada lo expresaba en el sentido, obviamente, de que los de mayor bonanza asumen económicamente, sin muchos miramientos, los altos precios, frecuentan los mejores lugares y, claro, necesitan muchos 50 pesos juntos por su ritmo de gastos.

Esa circunstancia, de vivir unos más holgados que otros, tampoco resulta un mal de nuestra cotidianidad, siempre que los dineros sean bien habidos por el desempeño laboral u obtenidos, incluso, como ayuda de familiares o amigos.

Lo pésimo e inadmisible sería que faltaran las posibilidades destinadas a los de menores ingresos, como nunca ha ocurrido, por una política bien definida del Estado de asegurar posibilidades para los de más y menos billetes.

La cuenta sacada por ese lavador de vehículos estaba sustentada, indiscutiblemente, sobre la base del costo de las mercancías y lo que se podía obtener por ese billete.

Mira, le explayó al interlocutor, logro frecuentemente esa cantidad con la cual puedo comprar determinados productos o una combinación de estos: si decido una sola opción puedo escoger entre 12 libras de arroz o 16 de chícharo, un kilogramo de pollo o diez libras de manteca de puerco. O una botella de aceite. O también 50 panes o buena cantidad de viandas o frutas… y acreciento la canasta básica.

Clarividente clase callejera de economía doméstica basada en sacar bien las cuentas y, más vital todavía, intuir que cada cual debe ajustarse a su presupuesto.

De hecho, aunque parezca obvio que se asuma con ese tino matemático sobre lo que tengo y cómo lo debo gastar, muchísimos acostumbran a tirar la casa por la ventana para luego explayarse en pesares.

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