¿La muerte del lápiz y el papel?

El lápiz y el papel, incluso los colores, parecen ser cada día elementos más ajenos en los trabajos de estudiantes de Primaria, Secundaria y Preuniversitario  

Autor:

Amaury E. del Valle

El lápiz y el papel, incluso los colores, parecen ser cada día elementos más ajenos en los trabajos de estudiantes de primaria, secundaria y preuniversitario, según la opinión generalizada de padres, alumnos e incluso profesores que han escrito a JR motivados por los dos trabajos anteriores donde abordamos el «síndrome del corta y pega».

«... es algo que se viene cultivando últimamente desde la infancia, pues antes los estudiantes tenían que hacer sus trabajos a lápiz; hoy los maestros les exigen entregarlos “por computadora”, y entonces el copia y pega es la solución para la vida agitada de los padres, pues en la mayoría de los casos los hijos ni buscan en Internet, ni imprimen los trabajos y mucho menos los leen», nos escribió su opinión Milda Picos, ingeniera en Control Automático y madre de dos niños de 5to. y 1er. grados, los cuales especifica «aún hacen sus trabajos a lápiz».

Esta no es la única opinión de este tipo. También Mayra Martínez reflexionaba al respecto que «tareas y trabajos prácticos se han convertido en competencias de los chicos y de los adultos, en quién lo hace mejor, y si es a color la impresión son más puntos, y mientras más grande también. ¿Se podrá evitar?».

Y Mirita, una trabajadora de ASTRO, en Santa Clara, argumentaba que ahora «se observa en las escuelas cómo se menosprecia aquel trabajito que a punta de lápiz y bolígrafo hace el alumno, como los hicimos los de mi generación. En muchas ocasiones el profesor o maestro pide, incluso al alumno de primaria, que presente los trabajos no ya escritos en máquina de escribir (para muchos extinta), sino “en computadora”... Esa tecnología digital muchas veces no es esfuerzo, deslumbra, pero no es luz, y desmerece el trabajo de aquel que no pudo acceder a la tecnología... fui, a mucha honra, en la década del 60 al 70 de los alumnos de lápiz y bolígrafo, y aún hoy se lo agradezco a aquellos que me educaron».

FALSOS ORÁCULOS

Muchos de los correos electrónicos enviados a raíz del debate suscitado por el «síndrome del corta y pega», no tienen reparos en llamarle al fenómeno por lo que consideran su verdadero nombre: una nueva forma de fraude.

Rafael, padre que se identifica solo con su nombre, afirmaba que: «concuerdo con ustedes en todo lo anteriormente planteado sobre el fraude (corta y pega), pero ahora también me he encontrado que los profesores les piden trabajos (a mi hijo, en este caso, secundaria) que ellos mismos tienen que realizar en la famosa biblioteca de consultas Encarta. Preferiríamos un libro de texto mejor documentado, o una biblioteca escolar o de consultas cubana (digital) sobre todos los temas».

Sobre este aspecto, Elisandra Paz nos pidió que tocáramos «el uso y abuso de la enciclopedia Encarta», porque le preocupa que se refieran a ella como si fuera el Oráculo de Delfos, cuando en otras ocasiones se ha hablado de sus aspectos positivos y negativos.

«En la escuela de mi hija dice, algunos profesores se la pasan remitiendo a sus alumnos a esta enciclopedia para que busquen información sobre distintos temas y no les ofrecen otras alternativas».

Igualmente Miguel Ángel Lugo Nápoles expresaba su preocupación por «estos síntomas que a la larga podrían convertir a las personas en comisores de fraudes mayores y más penosos». Mientras, un trabajador y estudiante de 5to. año de Licenciatura en Derecho clamaba porque «los profesores deben buscar las vías para orientar un trabajo y descubrir al mismo tiempo cómo y de dónde el alumno buscó la información, pues me ha sucedido como alumno que los que utilizan el corta y pega obtienen mejores resultados que los que no lo hacemos y eso me molesta».

CASTIGAR LA ACCIÓN=PREVENIR LA TENTACIÓN

¿Qué piensan los pedagogos de esta problemática? Según el licenciado Mendaro Gregory, a los alumnos «además de inculcarles estos valores éticos y morales, tenemos que demostrarles que si no los aplican, serán sancionados por ello. Y para lograr esto los profesores deberán actualizarse y no esperar cómodamente a que los estudiantes resistan la tentación de cortar y pegar».

Mendaro, licenciado en Historia del Arte, también tocó un punto sensible, el de la bibliografía. «Los profesores deben facilitarles a los alumnos bibliografía de la cual ellos puedan nutrirse en Internet, pues es mucho más fácil y variable la información que se puede obtener en la Red de redes que la que se puede obtener en los libros que tenemos en el país, los cuales no siempre son de última generación».

Este tema también fue abordado por Eloy, profesor adjunto del Politécnico de la Salud en el municipio de Cumanayagua, Cienfuegos, quien aclara que «no es que yo esté en contra del desarrollo tecnológico; todo lo contrario, me encanta la informática, pero me doy cuenta de que se preparan mejor los alumnos que consultan la bibliografía que los que se remiten solamente a la búsqueda en Internet».

El profesor Eduardo A. Yanes Blanch, del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, opinó que para él este «síndrome» es una excusa al desconocimiento, y enfatizaba en la existencia de normas para la notación de citas y fuentes, de obligatorio cumplimiento, que son decisivas a la hora de evaluar el desempeño de un trabajo científico-investigativo.

«Por eso —decía en su correo— me parece aberrante que un trabajo sea aceptado, calificado, y en el peor de los escenarios ponderado por el profesor, si un estudiante no es capaz de defender con sus palabras aquello que, recortado y pegado en su procesador de texto y que ojalá haya leído. La defensa de un tema es tanto o casi más importante que su investigación preliminar».

Este docente, quien está enfrascado en una investigación sobre la Semiótica del Aula Virtual, reconocía que en ocasiones él mismo se había encontrado ante esta situación con algunos estudiantes, y «he devuelto el trabajo en su fase de borrador, con la nota: ¿de dónde sacaste esto?, o ¿quién habla aquí?, y sé que el balance momentáneo en lo que se refiere a simpatía tanto del aludido como de su “preceptor internauta” —si no es él mismo— arroja números rojos. Pero ahí está la decencia y el comportamiento académico, que no son conceptos abstractos».

Por su parte, Evelio Marqueti Ramírez, profesor general integral de la Secundaria Básica Antón Nilson, de Alquízar refiere que antes de orientar los trabajos prácticos «primero busco lo que tenemos en libros y en fuentes digitales como los Softwares educativos. Después a la hora de indicarlo, como yo sé lo que hay, le digo que no se trata de copiar y ya , si no utilizar los fragmentos de la información que necesiten».

A su vez, José Carlos de León Ramírez, ingeniero químico y profesor adjunto de la Sede Universitaria Municipal Venezuela, en Ciego de Ávila, quien a su vez es jefe de la Sala de Control y Análisis del Grupo Empresarial Agroindustrial del MINAZ en esa provincia, asegura que «está en las manos de los docentes aceptar o no un trabajo que se nota no es de la autoría de un estudiante, pues métodos de comprobación son los que se sobran».

El especialista, quien pide incluir en la enseñanza media o superior una disciplina en primer año que sea el «uso racional y analítico de los medios», también reflexionó sobre el papel de la familia, «que en muchos casos no está jugando el papel educativo que le corresponde, delegándolo como exclusivo de las instituciones educacionales, al ser cómplice y promotora de actitudes que llevan al “síndrome”».

Al respecto, e interrogado sobre el papel de los profesores en primaria, secundaria y preuniversitario, Juan M. González Castillo, rector del Instituto Superior Pedagógico de Matanzas, y Ana Elsa Velásquez, su homóloga en Santiago de Cuba, coincidieron en reconocer que ningún profesor está facultado para exigirles a sus alumnos la entrega de un trabajo en computadora.

«Incluso, ni siquiera en la universidad este requisito es obligatorio. Hasta una tesis puede entregarse pasada a mano, siempre que sea legible. Es el contenido, y no la forma, lo que determina la nota de un estudiante.

«Nosotros, como pedagogos y responsables metodológicos de las enseñanzas —explicó el rector del pedagógico de Matanzas— debemos velar porque los profesores en la primaria no incurran en este error. Cuando eso pasa, ha fallado nuestra orientación y todo el sistema montado para evitar que eso ocurra.

«En el caso de la Encarta y los software educativos, los profesores de primaria pueden orientarlos, pero siempre que primero los hayan analizado, y solo como fuentes de información. Además, es imprescindible la comunicación familia-escuela para que los mismos padres sepan que el profesor no premiará trabajos que pueden estar muy bien presentados, pero a todas luces no son fruto del niño».

VIVIR DEL PLAGIO

«El problema de copiar no es propio del uso de las tecnologías informáticas; siempre ha existido, lo que con estas tecnologías se hace más fácil», escribió a JR, el doctor Carlos Expósito Ricardo, metodólogo de Informática, del Ministerio de Educación.

Para el profesor, «copiar y pegar» es una habilidad informática más de las que debe desarrollar el ciudadano contemporáneo como parte de la alfabetización en esta rama, pero «lo negativo es no hacer de este recurso, en el contexto educativo, un método que favorezca la toma de posición del o los alumnos que utilizan una determinada información, que favorezca una buena discusión en grupo».

El especialista reconoce que hay ejemplos muy positivos del uso del «cortar y pegar» en determinados aspectos, como en el caso de los programadores, que arman así muchos softwares, y que muchos especialistas utilizan esta técnica, pero enfatiza en que «la esencia es que no nos quedemos ahí».

Sin embargo, la más curiosa de las opiniones llegadas a la redacción vino de José, un peruano, quien además de ratificar que este fenómeno es internacional, no tuvo reparos en confesar que le preocupa el «corta y pega», incluso porque en muchas ocasiones se ha beneficiado económicamente de él.

El hombre recordó que cuando tenía un negocio de alquiler de computadoras para navegar por Internet, «los estudiantes utilizaban 55 minutos de su tiempo para usar su correo, «chatear» o bien para jugar por Internet y sólo ¡los últimos 5 minutos! para hacer su tarea; que consistía naturalmente en «copiar y pegar»; y luego me pedían que les imprimiera el trabajo para presentarlo a su profesor».

También nos narró cómo «hace unos días, por 35 nuevos soles (casi 10 dólares) hice una monografía para una estudiante de Enfermería, quien terminaba sus estudios. Me dijo que no podía pagar cientos de soles por un trabajo de investigación. Así que en ¡5 días! yo le hice el trabajo, de un tema de Medicina que escasamente conozco y que por supuesto, consistió en eso: ¡plagiar y pegar!».

Y José terminaba reflexionando: «Tal vez por esa y otras cosas, mi país tiene uno de los niveles más bajos en educación y cultura. Ojalá ustedes midan bien este aspecto de Internet y sepan sacarle mejor provecho».

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