Computación en las nubes

Cada vez son más las empresas y personas que utilizan la Cloud Computing o informática en la nube por el ahorro de recursos que representa, entre otras bondades

 

Autor:

Amaury E. del Valle

Aunque hace apenas unos años a cualquier empresa o particular le hubiera parecido un sueño tener una computadora con capacidad para almacenar 500 o mil gigabytes de información, actualmente estos casi parecen risibles ante el cúmulo de información que se mueve.

Fotos, videos, documentos, tablas estadísticas, programas completos, planos, diseños… El mundo de la informática necesita cada vez más y más espacio, y no solo en cantidad física de bytes, sino con la seguridad de poder acceder a ellos en cualquier momento, y a la vez resguardar la información de intrusos.

A la par, las licencias cada vez más caras que se deben pagar por el uso de programas informáticos, junto al ya imprescindible trabajo en equipo e intercambio de información en tiempo real, han llevado a muchos a mirar hacia la computación en la nube o informática en la nube, del inglés Cloud Computing, como una solución a muchos de estos problemas.

Se trata, en pocas palabras, de que los recursos y servicios informáticos que tradicionalmente usa una persona que trabaja con computadoras, en este caso se encuentran en una red y no en su máquina.

De esta forma los programas que usa para escribir, dibujar, calcular y hasta escuchar música y ver videos no necesariamente tienen que estar en su máquina, sino que se ejecutan a través de Internet o una gran red informática.

También los datos almacenados son guardados de esta forma remota, aunque se tenga un respaldo físico en el disco duro o medios extraíbles, y los mejores sistemas permiten sincronizar los cambios, de manera que cuando se transforme un documento o archivo se refleje también en lo que está en «la nube».

Optimizar para ahorar

La idea de un cúmulo nimbo informático no es tan nueva, pues ya se pensaba en esto desde el mismo nacimiento de Internet, que preveía guardar y compartir información en megaservidores, los cuales alojarían también a los programas.

El avance de las computadoras personales pareció ganar terreno durante mucho tiempo a la Cloud Computing, lo que unido al temor por la seguridad de los datos que la persona guarda fuera de su dominio y a las lentitudes en las conexiones de las redes, hizo que el desarrollo de esta fuera lento, aunque nunca se detuvo del todo.

Desde principios de este siglo la nube computacional ha renacido cada vez con más fuerza, impulsada por poderosos proveedores de servicios como Google, que ha declarado en innumerables ocasiones que apuesta por esta tecnología como el futuro de Internet y hasta de la misma informática.

La Cloud Computing se caracteriza porque la información se almacena de manera permanente en servidores de Internet y se envía a «cachés» temporales de cliente, lo que incluye equipos de escritorio, centros de ocio, portátiles y otros.

Muchas empresas poderosas, que manejan ingentes cantidades de información, lo han visto como una solución idónea, comprando espacios de almacenamiento, los cuales salen siempre mucho más baratos que armar toda la infraestructura necesaria para garantizar su almacenamiento y seguridad.

Otro aspecto muy interesante para las entidades, especialmente las distribuidas en varios puntos distantes, es que de esta forma pueden compartir información y hasta software, sin necesidad de estarlo instalando (y pagando licencia por ello) en las máquinas donde se van a operar, optimizando por ende su uso.

Así, por ejemplo, una misma empresa distribuida por todo el mundo puede lograr que los datos colocados en la nube puedan ser vistos, procesados y actualizados desde diferentes lugares a la vez, utilizando los mismos programas y garantizando copias de seguridad de estos.

Es muy importante destacar además que una infraestructura ciento por ciento de Cloud Computing no necesita instalar ningún tipo de hardware o software adicional, y por ende las inversiones son mucho más sencillas.

Claro está, no todo son cantos de sirena. Una de las principales observaciones que se le hacen a esta tecnología es la dependencia que origina de los proveedores de servicios y de la disponibilidad de acceso a Internet o las redes donde están montados.

Muchos alegan también que al estar los datos «sensibles» fuera de los dominios de una empresa o persona se corre más riesgo de sustracción o robo de información, aunque esto siempre dependerá de la confiabilidad y calidad del servicio que preste el proveedor.

Nada de esto ha sido óbice para que la nueva tecnología siga extendiéndose. La empresa de investigaciones Gartner Inc. estima que el mercado de software para empresas, de servicios de computación y de almacenamiento en nubes computacionales, que incluye a empresas como salesforce.com Inc., amazon.com Inc., Microsoft, IBM y Google totalizó unos 10 000 millones de dólares en 2009.

Y esa fue solo una fracción de los 223 000 millones de dólares que Gartner proyecta que podría alcanzar solo el mercado de software para empresas en 2012.

Nimbos cubanos

Si bien el concepto de la computación en la nube empezó en proveedores de servicio de Internet a gran escala, como Google o Amazon, los cuales ofrecen este servicio de forma comercial, existen modalidades similares que se han utilizado desde hace tiempo, aunque bajo nombres diferentes.

Según el gerente de mercadeo de Google para América Latina, Alfonso Luna, uno de los ejemplos típicos de la Cloud Computing es el correo electrónico web gratuito, como los que ofertan Gmail, Yahoo o Hotmail, los cuales ahorran espacio de almacenamiento al usuario y realizan tareas como la eliminación de correo basura y evitar virus.

Otros modelos similares son los antivirus on line, que ubicados desde servidores raíces escanean las máquinas de los usuarios a él conectados y garantizan que estén libres de programas malignos.

Mucho menos desarrolladas son las llamadas «terminales tontas» o clientes ligeros, un sistema que ha comenzado a extenderse en Cuba, y que resulta algo así como el hermanito menor de la Cloud Computing.

En este caso un grupo de computadoras sin disco duro y de pocas prestaciones son conectadas a un servidor, desde el cual se cargan y ejecutan los programas y en el que a la vez se almacena la información.

De esta forma se optimizan los recursos, se puede extender más el acceso a la computación y se amplía la idea del trabajo en red, si bien faltaría en ello un elemento importante, como la capacidad de sincronizar los datos cambiados y hacerlos accesibles para varias personas a la vez.

No obstante, este sistema es de por sí uno de los primeros pasos hacia la nube computacional, algo que podría ser muy útil en un país como Cuba, si se potenciaran aún más las capacidades de conectividad, imprescindibles para su implementación.

Eso permitiría, entre otras bondades, atenuar el pago de licencias por el uso de software o su copia ilegal, la salvaguarda y control de los datos, ahorros considerables en compra e instalación de infraestructura y optimizar los recursos al ubicar las máquinas más potentes allí donde son realmente necesarias.

No se trataría en estos casos solo de acceder a la Cloud Computing que hoy existe en el mundo, sino de crearla dentro de los mismos servidores cubanos, facilitando así el uso compartido de hardware y software, la seguridad de los datos, y además descongestionando el tráfico internacional en un país que todavía tiene capacidades limitadas para ello por diversas causas, entre estas el bloqueo de Estados Unidos, que ha impedido el acceso a las redes de conexión mundiales.

Servicios como el correo electrónico, gratuito o con precios accesibles; la descarga, actualización y conexión constante a programas antivirus, y el almacenamiento y resguardo de la información, entre otros, podrían ayudar a crear una propia nube informática cubana.

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