B2C, la asignatura pendiente

La extensión del comercio electrónico a nivel mundial es una tendencia cada vez más fuerte. Cuba no está ajena al fenómeno, aunque todavía sean muy incipientes los mecanismos de cara al mercado interno

Autor:

Amaury E. del Valle

Comprar sin salir de casa, desde la oficina o mientras el consumidor se mueve de un lado a otro, usando para ello el móvil, ha comenzado a convertirse en algo muy usual en el mundo, gracias a la expansión del comercio electrónico a nivel internacional.

Esta forma de intercambio de bienes y servicios tiene dos modalidades: la que se produce entre empresas, conocida como B2B (Business to Business, traducido del inglés, negocio a negocio), y el B2C (Businnes to Consumer, negocio a consumidor).

Solo durante el año pasado, según un estudio de la consultora eMarketer, esta última modalidad creció un 21,1 por ciento con respecto a igual período del año anterior, para alcanzar los 740 000 millones de euros en ingresos mundiales, una cifra única en la historia, a pesar de la crisis que afecta a buena parte del planeta.

Lo curioso es que las estimaciones sobre el comercio electrónico —o como también se le conoce, el e-commerce—, indican que en este 2013 el incremento habrá sido del 18,3 por ciento, y el bloque Asia-Pacífico superará por primera vez a América del Norte para convertirse en el número uno del mercado de ventas B2C o entre comercios y consumidores.

Del Catálogo Al Clic

El comercio electrónico tiene su pasado más lejano en las llamadas ventas por catálogo, iniciadas en los últimos decenios del siglo XIX por empresas comerciales como Montgomery Ward, y luego Sears.

Este sistema, que consistía en el envío de catálogos impresos a los clientes para que solicitaran el producto que les gustaba y se les sirviera directo en su casa u oficina, fue catapultado con la expansión de la televisión y los anuncios comerciales asociados a ella.

Ya a partir de la década de los 70 surgieron formas de venta más sofisticadas, con la extensión del uso de las tarjetas de crédito, una modalidad de pago electrónico que permitía comprar desde la distancia e incluso, el anonimato.

Para esa misma fecha comenzaron a producirse las primeras formas reales de comercio electrónico, al realizarse las novedosas transferencias de fondos monetarios vía electrónica entre empresas, gracias al uso de computadoras.

La televisión también hizo lo suyo en esta expansión, con la extensión de la llamada «venta directa» a mediados de 1980, mediante anuncios televisivos que incitaban a comprar usando un teléfono y tarjetas de crédito.

Pero fue el boom de Internet lo que le dio el impulso decisivo al comercio electrónico, tanto entre empresas como de cara al consumidor, con el surgimiento de las llamadas industrias.com, término que engloba tanto a las empresas dedicadas a producir para el sector como a aquellas que solo comercializan sus productos y servicios a través de la red de redes.

Las características propias del mundo virtual han hecho que hoy se expanda de forma indetenible el e-commerce B2B, y especialmente el B2C, dando lugar al surgimiento de tiendas virtuales, pasarelas de pago, sitios de subasta, e incluso «monedas virtuales», pero también sembrando la necesidad, para cada entidad con fines comerciales que se cree, de tener su propia plataforma de comercio electrónico.

El fenómeno además se ha internacionalizado y han comenzado a jugar un papel muy importante nuevos actores y economías, como la región Asia-Pacífico, la cual pasó de concentrar el 27,9 por ciento del comercio electrónico B2C total, en 2011, al 30,5 por ciento en 2012, mientras que en América del Norte este porcentaje descendió hasta el 33,5 por ciento el pasado año (totalizaba cerca de un 38 por ciento del mercado), seguida de Europa occidental con el 26,9 por ciento de las operaciones.

China se ha convertido en uno de los que más crece, superando incluso a Japón, y convirtiéndose como país en el segundo mayor mercado de comercio electrónico B2C del mundo este año, si tenemos en cuenta el gasto en compras, con una cuota estimada del 14,6 por ciento de las ventas mundiales, solo superada por Estados Unidos.

El gigante asiático cuenta con el mayor número de personas que compran productos en línea en el mundo, según el estudio de eMarketer, que asegura que estas cifras se deben al aumento de la penetración de Internet, a una mayor confianza de los consumidores en las compras en ese soporte y, sobre todo, a las acciones por parte del Gobierno chino, que se han centrado en promover campañas de consumo o mejorar las infraestructuras.

E-Commerce de chicharrones

El comercio electrónico no es un fenómeno ajeno a la realidad cubana actual, donde se ha ido implantando poco a poco el e-commerce de tipo B2B, entre empresas, y también existen variadas formas del B2C, solo que mayormente hacia consumidores extranjeros.

En este último caso, cabe señalar que entre las primeras manifestaciones del e-commerce de cara al cliente final estuvieron los esfuerzos de Artex con la inauguración, en 1996, de una tienda virtual para la venta de casettes y CD’s de música cubana; los de Granma Internacional Digital, que ofrecía en su página web la posibilidad de comprar en línea la edición impresa; o los de Teledatos y Cimex, para el envío de remesas a Cuba; así como los de Citmatel, una de las empresas pioneras también en tiendas virtuales para entregas en el país de productos comprados vía electrónica desde el extranjero.

Otro sector donde también se ha ido desarrollando y extendiendo este tipo de transacción es el del Turismo, que comenzó a implementarla con las rentas de autos en Cubacar, de la cadena Cubanacán, y actualmente tiene presencia prácticamente en casi todas las instituciones, desde hoteles, servicios extrahoteleros, agencias de viajes, hasta aerolíneas, transportistas y otros.

Basta con explorar la red de redes para encontrarnos con medio centenar de sitios cubanos —descontando las múltiples empresas extranjeras también dedicadas a ello— que comercializan productos o servicios de factura nacional de cara al mercado internacional.

A pesar de ello, no pocas empresas todavía ignoran la importancia del empleo del e-commerce, en especial para expandirse a los mercados internacionales, e incluso para romper las barreras que imponen al comercio cubano las políticas restrictivas del absurdo bloqueo norteamericano, impuesto por más de medio siglo.

Aunque este último también traspasa los intercambios electrónicos, pues la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), adscrita al Departamento de Estado norteamericano, vigila, cual perro guardián, las transacciones vía Internet, y penaliza a quien preste estos servicios a Cuba, con lo cual los obstaculiza o encarece innecesariamente.

Sin embargo, la gran deuda pendiente en el B2C es el consumidor final cubano, por la casi inexistencia de propuestas y mecanismos de comercio electrónico para los nacionales, en lo que influyen diversos factores, entre ellos la imposibilidad de ofrecer una mejor conectividad.

A pesar de ello, ya existen casos incipientes, como el pago de servicios de electricidad, gas, agua, vivienda y teléfono por medio de los cajeros electrónicos; o la paulatina extensión de los post de pagos en la red de tiendas en moneda convertible, por solo citar algunos ejemplos.

No obstante, el e-commerce hacia lo interno del país sigue siendo una asignatura pendiente, que mucho pudiera contribuir a dinamizar la economía, hacerla más eficiente e impulsar el desarrollo social, en la medida en que se puedan ir creando las condiciones necesarias.

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