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Cuidar de la autoestima de quien amamos acorta distancias y multiplica afectos en nuestras relaciones de pareja Pregunte sin pena Sabías que...

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El encuentro, de Lesmes Larroza. SANTA CLARA, Villa Clara.— Apenada y sufrida, destilando tristezas por doquier, flagelándose desde un incómodo silencio y echándose culpas encima, una mujer de escasos 30 años —a la que bien pudiéramos llamar Angustia—, siente lástima de sí misma mientras recuerda los inicios de su vida conyugal y los compara con sus actuales desventuras amorosas.

¿Olvido? ¿Incomprensión? ¿Dejadez? ¿Infidelidad? ¿Desamor? —se pregunta bastante confundida sin encontrar una única respuesta.

Aunque insiste en no revelar su nombre, ella, amante de flores y tiernas caricias, sensible ante un poema de Neruda y dispuesta a trasnochar a la espera de un beso si fuese preciso, se impacienta al mirar atrás y darse cuenta de que poco a poco su matrimonio ha ido cambiando.

Desde hace meses su esposo vive absorbido por las faenas laborales y los compromisos públicos, al tiempo que encuentra un refugio en los nuevos éxitos que viene alcanzando en la profesión. A él las horas de trabajo le parecen pocas para pensar en el día, no muy distante, en que se convertirá en cirujano.

Si bien las ansias por llegar a ese momento eran antes compartidas, ahora, para ella, ubicar su mente en la antesala del quirófano, a las puertas del lugar por el que tantas veces había soñado en nombre de la felicidad del ser amado, resulta una operación bastante compleja.

Entre ellos media una incomunicación aterradora, una frialdad que ha congelado los más simples detalles. Sin tener fuerzas ni desear abandonarlo todo, la joven esposa ha caído en un círculo, cada vez mayor, de desilusiones y pesimismos, al experimentar un sentimiento de inferioridad generado por no encontrar junto a la persona que quiere suficientes motivos que conlleven al equilibrio de sus propias valoraciones.

¿Qué pienso de mí?

Definida por muchos psicólogos como la capacidad que posee el ser humano de saberse íntimamente, aceptarse y amarse a sí mismo, la autoestima es vital para comprender con acierto nuestros logros y fracasos, nuestras fortalezas y debilidades.

La máster Mayra Quintana Ugando, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Central de Las Villas, sostiene en su artículo Sexualidad e Identidad personal que «es necesario el autoamor como condición para el amor. Antes del encuentro con el otro, hay que propiciar el encuentro con uno mismo. Autoconocerse posibilita una mejor elección de la pareja porque sabemos lo que somos y lo que queremos.

«El desarrollo de la autoestima resulta importante para no depender de los criterios de otros, ni del estado de una relación amorosa, pues ello facilita la expresión de las vivencias y los afectos, y provee a la persona de mejores condiciones para identificar las necesidades y sentimientos del otro».

Cuando alguien posee apreciaciones inseguras sobre sí mismo, se apoya mucho más en lo que cree que piensan de él que en sus razonamientos íntimos, como un subordinado permanente del juicio ajeno.

La especialista en Sexualidad Humana explica que cada sujeto construye su autoestima en dependencia de sus experiencias vitales. «Es un largo proceso que va desde los primeros años de existencia hasta las relaciones que progresivamente establecemos con el medio que nos rodea mientras crecemos y vamos adquiriendo conciencia.

«Generalmente cuando el individuo se convierte en adulto arriba a un estadio de maduración psicológica que lo conduce favorablemente a lograr una estabilidad mucho más acentuada de sus autovaloraciones. No obstante —agrega— a cualquier edad y bajo circunstancias muy puntuales, la trascendencia de determinadas opiniones puede llevarnos a reconstruir o atenuar algunas autoconsideraciones».

Estimándonos...

Según expone Quintana Ugando, «una pareja requiere de valoraciones recíprocas. Sentirnos estimados es decisivo para estrechar cariños. Si se asume la relación como un espacio de complemento y reafirmación de amor y necesidades, no importan las diferencias.

«Tal vez uno de los dos sea más destacado que el otro en alguna esfera de la vida. Ahora, si esa superioridad impide el intercambio y la comunicación franca, entonces pueden existir criterios de subestimación».

El vínculo de sujetos con autoestima dañada —subraya— muchas veces se manifiesta mediante la sumisión y la generosidad exagerada. El afectado idealiza en extremo a su pareja hasta ofrecerle un cariño dependiente, capaz de aceptar desde la infidelidad hasta la imposibilidad de negociar, en el caso de las mujeres, la protección durante las relaciones sexuales.

En cambio, quien posee una autoestima excesiva tiende a configurar lazos de amor matizados por la competitividad, el ataque y la poca comunicación. Este tipo de persona tiene comportamientos sobreexigentes y de descontrol emocional, y recurre a tener prácticas sexuales sin que la pareja sienta sus mismos deseos, a lo que ceden en muchas ocasiones tanto mujeres como hombres por el temor de perder la relación.

Para fomentar un disfrute pleno de la sexualidad sobre la base de la intimidad psicológica, una pareja precisa que sus miembros se conozcan, consoliden afectos y compromisos en común y lleguen a considerarse mutuamente.

Solo así «funcionarán» los sueños de ambos, llevándolos a crecer como individuos y pareja... Y si es preciso deshacer la unión por cualquier causa, cada quien estará en condiciones de enrumbar su vida en otra dirección sin sentir que ha perdido su tiempo o su razón de ser en este mundo.

Pregunte sin pena

A.A.: Mi pareja y yo nos queremos mucho pero discutimos por cualquier cosa siempre que estamos juntos. Somos universitarios y vivimos en diferentes provincias. Cuando estamos separados «y yo no estoy haciendo nada» nos extrañamos mucho. Para ser sincero, debo aclarar que cuando salgo con mis amigos y me divierto no la recuerdo tanto. Pienso que a ella le sucede lo mismo, porque nos hemos traicionado mutuamente en más de una ocasión. ¿Qué cree usted que debemos hacer? Tenemos 20 años.

No es cuestión de un «deber hacer», sino del deseo de ambos. Deben definir qué quieren de esa relación y qué están dispuestos a emprender para lograrlo.

No nos dices por qué riñen tanto. Nunca es por «cualquier cosa», aunque esta sea el detonante. Sería interesante discriminar las razones por las que solo se pueden relacionar a través de las discusiones, sin lograr mostrarse ese cariño intenso del que hablas.

Los conflictos son parte de toda relación humana. El reto estriba en buscar propuestas de solución.

Cuando están juntos emergen los conflictos propios de cualquier relación de pareja, pero no los resuelven y se separan sin solucionarlos para que emerjan nuevamente en el próximo encuentro.

También sería interesante definir cuál es su proyecto de pareja. Quizá se asumen como un amor transitorio y por eso se maltratan como lo hacen, con discusiones e infidelidades confesadas. En caso de proyectar la relación para el futuro, les ayudaría comenzar a asentar las bases de su unión desde ahora.

No existe un modo de relación de pareja que se deba o pueda imitar. El amor es una invención por parte de ambos amantes, fruto de la creatividad para plantearse preguntas y respuestas capaces de devenir actos de unión, el sentimiento amoroso puede prevalecer sobre las tantas barreras a su desarrollo, como celos, rivalidades, tentaciones... Una relación es un lazo donde no todo puede ser goce. Es preciso soltar y recoger las riendas de las pasiones en aras de los amores.

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Psicología Clínica y Consejera en ITS y VIH/sida

Sabías que...

Un tres por ciento de los adolescentes entre 12 y 17 años es víctima de agresión psicológica o física de su pareja según estudios recientes realizados en Estados Unidos, lo cual indica la presencia cada vez más temprana de la violencia en la relación de pareja.

Medios de prensa señalan que, luego de analizar una muestra nacional representativa de adolescentes estadounidenses, el equipo de investigadores halló que el 2,7 por ciento de las mujeres y el 0,6 por ciento de los varones aseguran haber sufrido una agresión grave por parte de la pareja, incluidos abuso físico, violencia sexual o amenaza con un arma. La pesquisa demostró que los adolescentes que sufrieron violencia de parte de su pareja eran cuatro veces más propensos a haber tenido síntomas de estrés postraumático o depresión grave.

Mientras en México reportes de prensa señalan que, según datos de la Primera Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo, realizada en el año 2007 por el Instituto de la Juventud, el 76 por ciento de los jóvenes mexicanos, cuyas edades oscilan entre 15 y 24 años, ha sufrido episodios de violencia psicológica por lo menos una vez con su pareja.

El estudio tiene en cuenta que el 16,5 por ciento de los jóvenes ha sido víctima de violencia sexual, y un 15 por ciento ha experimentado violencia física. Ello se suma a que un nueve por ciento de los mismos mencionaron que existía violencia física en sus hogares por problemas entre sus padres.

Lo importante, afirman los expertos, es que la violencia de pareja debe detectarse más tempranamente, ya sea por los padres o la escuela, para poder prevenirla. Enseñarles a los estudiantes cómo manejar los conflictos en sus relaciones, puede ser un primer paso que les ayude a sobrellevar futuras relaciones y prevenir actitudes violentas.

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