El fruto puede quebrar la rama

Entre el 60 y el 80 por ciento de las madres sufre una leve forma de depresión que comienza a los pocos días del parto y dura entre dos y tres semanas

Autor:

Yenny González Figueredo*

La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte.

Friedrich Nietzsche

Según estudios internacionales, entre el 60 y el 80 por ciento de las madres sufre una leve forma de depresión que comienza a los pocos días del parto y dura entre dos y tres semanas. Esta llamada tristeza por el bebé, baby blues o tristeza posparto, se caracteriza por crisis repetidas de llanto, pero desaparece pronto con el apoyo de la familia.

Cuando una madre sigue deprimida algunos meses después estamos en presencia de una depresión posparto (DPP), también llamada depresión posnatal o depresión puerperal, una de las enfermedades más frecuentes de la población femenina en las últimas décadas.

La DPP se caracteriza por un acentuado desgano, llanto sin causa aparente, irritabilidad hacia los demás, aislamiento, alucinaciones, trastornos en el sueño y la alimentación, cefaleas, sentimientos de culpabilidad, palpitaciones, autocensura, baja concentración y baja autoestima.

En casos extremos la madre presenta dificultades para realizar sus actividades cotidianas o incapacidad para cuidar del recién nacido, siente rechazo o deseos de hacerle daño, tiene ideas de suicidio y se afectan mucho su relación de pareja y las prácticas sexuales.

Como se sabe que la interacción madre-hijo durante los primeros meses influye en el desarrollo social e intelectual de la criatura, se estudian las consecuencias que esta patología puede desencadenar.

Su forma aguda deja secuelas importantes en el bebé: son más lentos sus procesos motores, aprenden a caminar tardíamente y sufren alteraciones en su desarrollo emocional. Además muestran dificultad en la concentración ante un objeto y rechazo al contacto afectivo.

En ocasiones pueden llegar a sentir la ansiedad de la madre y demostrarla con crisis de llanto, lo cual es apreciado por la mamá como incompetencia propia y crea más conflictos con el padre, que no sabe cómo enfrentar la situación.

La vida al límite

El nacimiento de un bebé es un acontecimiento vital dentro de la familia; trae consigo toda una serie de cambios y adaptaciones bruscas que deben ser acatadas por parte de sus miembros y fundamentalmente por la madre, quien simultáneamente sufre cambios físicos y puede no estar a gusto con su cuerpo.

A esto se suma la tensión de la lactancia a libre demanda, el dolor en los pechos y el llanto constante pidiendo atención, lo cual le dificulta dedicarse a otras tareas, incluyendo el descanso y el sueño, y la hace más vulnerable.

Se sabe que en el proceso del parto la mujer pierde repentinamente mucha progesterona, una hormona muy relacionada con las emociones, y esta pérdida pudiera ser un factor desencadenante de la depresión.

Se piensa que este desequilibrio emocional evidencia daños causados a la madre durante el manejo clínico del parto, pero puede también responder al estrés físico y psicológico del embarazo y el parto, a ciertas enfermedades de la etapa, anomalías en el bebé o a que este no era deseado.

Otras causas no menos importantes son el factor genético, la inmadurez, el uso de drogas, las dificultades económicas y el apoyo insuficiente de la pareja, la familia o las amistades para lidiar con las expectativas de ser madre y compaginar el nuevo rol con las responsabilidades que hoy adquieren algunas mujeres en diversos sectores sociales.

Para salir airosa de ese trastorno es preciso detectarlo a tiempo, delimitar sus síntomas y buscar ayuda profesional. La DPP lleva tratamiento con fármacos, medicina natural o psicoterapia. Esa atención puede darse en el consultorio de la familia, pero se recomienda una interconsulta con especialistas en psicología o psiquiatría.

Cualquier mujer puede padecer DPP. Para conjurar su aparición es muy importante la labor médica, sobre todo durante el chequeo ginecológico sistemático de las embarazadas en sus áreas de salud, donde deben facilitarle información sobre los cambios en el embarazo y los problemas que deberá enfrentar, además de prepararla para el momento del parto y tratar de involucrar al padre para que desempeñe un papel importante en todo ese proceso.

Ayuda mucho integrarse a grupos de gestantes y conocer, mediante clases profilácticas, ejercicios y técnicas de relajación para el momento del parto y el puerperio, pero también la futura mamá puede ser autodidacta y buscar documentos que la ayuden a ampliar sus conocimientos en ese sentido, y se puede recabar apoyo entre familiares y amistades para que la acompañen antes y después del nacimiento y la hagan sentir más segura y confiada.

*Licenciada en Psicología.

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