Uno, dos y tres, qué orgasmo más chévere...

Para lograr el multiorgasmo son fundamentales tres factores: autoconocimiento del cuerpo, permisividad para recibir estímulos eróticos y capacidad para solicitar placer

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Katerina González González

El sexo es una especie de letrero en el cielo, un gran signo de que está ocurriendo algo fundamental en la cultura.

Shere Hite

La palabra orgasmo proviene del griego orga, cuyo significado es hervir, arder, y designa un placer intenso que se alcanza con fuerza tras un período adecuado de excitación.

En ese tiempo la circulación sanguínea aumenta en la mujer (casi diez veces más que en los hombres), la vagina comienza a lubricarse y crece ligeramente, los labios menores se engrosan, los mayores se separan de la línea central, y el clítoris incrementa su tamaño visiblemente. A la par se aceleran el ritmo cardíaco y la respiración, y se producen contracciones de los músculos del área púbica para que la vagina, el ano y el útero se contraigan al mismo tiempo en intervalos de 0,8 segundos.

Estos cambios fisiológicos comienzan en la fase de excitación, descrita por los expertos Masters y Johnson como la primera respuesta sexual femenina, y son de suma importancia, porque dan paso a la formación de la plataforma orgásmica (fase de meseta) hasta llegar al orgasmo y luego a la fase de resolución... o a un nuevo ciclo de excitación para generar más placer.

Todas las mujeres son capaces de alcanzar uno o varios orgasmos, lo importante es no ir «directo al grano», a acariciar los genitales, sino aprender a explorar otras partes del cuerpo para elevar la excitación a límites muy altos.

En ese recorrido es importante no dejarse frenar por  tabúes y comunicar bien —verbal y extraverbalmente— lo que nos gusta más y lo que no, además de dar riendas sueltas a la imaginación.

Cada mujer debe conocer su cuerpo como un mapa, saber cuáles son los puntos donde más le gusta que la acaricien y besen. Así puede guiar a la otra persona —sea hombre o mujer— hacia momentos de infinito placer, que serán para ambos, porque se disfruta mucho ver a la pareja complacida.

En la literatura científica se asegura que el 70 por ciento de las mujeres necesitan estimulación directa del clítoris para alcanzar esa cumbre del placer. Algunas pueden lograrlo con penetración si se estimula el llamado punto G, una zona en los primeros centímetros de la pared superior de la vagina que al tacto resulta más esponjosa (se corresponde anatómicamente con la prolongación interna del clítoris). Otras consiguen llegar al clímax mediante la estimulación de sus pechos, boca o piel, y hasta sin tocarlas.

Ese llamado orgasmo mental depende de la percepción del cerebro, y hasta ahora no tiene una manifestación visible ni mensurable. Como psicoplacer o ideoplacer es tan disfrutable como subjetivo, y varía de acuerdo con las circunstancias y la pareja. Lo que sí no cambia es la sensación de relajación total, pues las endorfinas producidas en esa fase liberan de las tensiones acumuladas y propician el sueño.

Por eso también se define como un calor que nos invade todo el cuerpo, pues eso es lo que sentimos cuando logramos una relajación muscular bien guiada. En ocasiones se malinterpreta ese estado psicofísico como pérdida de energía o agotamiento; pero en realidad el orgasmo mejora el humor y los ánimos, para generar un bienestar que se expresa en armonía con el entorno.

Voy por más

No pocas mujeres descubren que son multiorgásmicas muchos años después de iniciar su vida sexual. En esto confluyen varias cosas: el compañero ideal, la madurez sexual, la ruptura de tabúes y sobre todo, la apertura mental, para que la exploración sea siempre bienvenida.

Ser multiorgásmica es lograr varios orgasmos en un mismo acto sexual, uno detrás de otro o con poco intervalo de tiempo entre ellos. Este placer no es fragmentado, sino intensificado, pues cada uno se experimenta con mucho goce al llegar al clímax ideal.

La actitud ante la sexualidad es un factor muy importante. El sexólogo, terapeuta y psiquiatra mexicano Iván Arango de Montis opina que para lograr el multiorgasmo son fundamentales tres factores: autoconocimiento del cuerpo, permisividad para recibir estímulos eróticos y capacidad para solicitar placer.

Para saber si es multiorgásmica, una mujer debe comenzar por conocerse a sí misma, tocarse, escrutar sus puntos de placer y pedir a su pareja que la acompañe, disfrutar de los juegos sin temor a alcanzar el clímax y decir lo que le gusta para encontrar las claves del placer ocultas en su cuerpo.

Esas mujeres viven a plenitud el sexo, están ávidas de exploración, son sensuales, tienen y disfrutan fantasías, son atrevidas, no temen complacer y ser complacidas.

Si la mujer se relaja completamente pierde la excitación, así que el orgasmo múltiple implica volver a la fase de meseta sin llegar a la de resolución. Esto a veces se consigue espontáneamente, pero por lo general hay que seguir con los estímulos, aun cuando cambien la intensidad o la postura.

Según estadísticas consultadas en Internet, menos del diez por ciento de las mujeres logran ser multiorgásmicas con la penetración, mientras que casi un 35 por ciento lo consigue mediante la masturbación, en solitario o con una pareja.

La doctora Alicia Gallotti, autora del libro Kamasutra para la mujer, y Mantak Chia, maestro del Tao, hablan de tres puntos importantes que resumen lo que hemos abordado: las mujeres multiorgásmicas practican el autoplacer porque les permite conocer sus sensaciones y tener orgasmos desde edades tempranas. A ello se suma el haber crecido en un entorno abierto a la exploración de su sensualidad, lo que les facilita conocer su paisaje sexual (y permitir a su compañero hacerlo), y por tanto no tienen problemas para pedir lo que desean porque son capaces de tener una comunicación abierta con su pareja.

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