¿Y si mi familia es distinta?

Nuestra sociedad, aún inundada de prejuicios, propicia un entorno incómodo para quienes viven en familias diversas, apartadas de cánones tradicionales

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Las únicas personas extrañas son las que no aman a nadie.

Rita Mae Brown, escritora estadounidense.

Camila vive feliz con sus dos mamás y sus dos papás. Sus amigos no tienen una familia similar, pero ella se siente bien cuando llega a casa y una la ayuda con sus tareas de Matemática, otro le repasa Ciencias Naturales, aquella le prepara dulces y aquel le lee cuentos antes de dormir. La maestra nunca permite que se burlen de su manera de vivir. «Hay niños que no tienen padres y yo tengo el doble, ¿por qué ha de estar mal?».

A Verónica tampoco le parece un problema vivir con dos mamás. «Mi papá me explicó que ya él y mi mamá no estarían juntos porque ella quiere vivir con otra persona. Él lo entiende y quiso que yo también lo entendiera».

Sin embargo, Sucel todavía es una niña triste, aunque los encuentros con la sicóloga la han ayudado mucho. Al principio no supo por qué los padres de sus compañeros de aula no quisieron que se reunieran en su casa para estudiar. Cuando decidieron hacerlo en casa de Mónica, de todos modos se sentía incómoda «porque ellos no querían ni acercarse a mí, como si tuviera algo malo. Después supe que no les gustaba que yo viviera con dos mamás. Lo mismo le pasa a mi papá y a mi abuela, pero yo no me siento mal con eso. Lo que me hace mal es sentir que todo el mundo me echa a un lado».

Como ellas, muchos menores no entienden por qué en su entorno pueden ser tan crueles: Deben ignorar mofas o rechazo; presenciar discusiones, superar incomprensiones. Aprenden a respetar lo diferente y vivir a gusto con ello, pero tienen que ser fuertes porque la realidad circundante puede ser muy hostil.

¿Familia ideal?

Nuestra sociedad, aún inundada de prejuicios, propicia un entorno incómodo para esas criaturas. Por eso es importante el adecuado manejo familiar de la homosexualidad, insiste la sicóloga Dachelys Valdés Moreno, terapeuta que trabaja con familias homoparentales en el Centro de Orientación y Atención Sicológica Alfonso Bernal del Riesgo (calle 19, entre K y L, Vedado, Plaza de la Revolución).

«Ante todo es esencial que no perciban problemas en su entorno familiar con esa decisión de mamá o papá. La opinión de los abuelos es vital, porque son una figura de autoridad y afecto a la que el menor respeta mucho.

«Mientras en otros países, como Dinamarca, se enseña en las escuelas los diferentes tipos de familia y se defiende, en primer lugar, la necesidad de que prime el amor, en el nuestro prevalecen los referentes heterosexistas y los niños cuyas familias son etiquetadas como incorrectas experimentan mucha tristeza», explica Valdés Moreno.

«Primero viene la contradicción de sentirse juzgados por los demás, aun teniendo en la casa lo que necesitan. Después tienden a evaluar la situación a partir de la veracidad de lo que les dicen: Si la madre dice que la otra mujer es una tía, o el padre llama primo o amigo al otro hombre, entonces les parecerá raro y se preguntarán si en efecto no será incorrecta su familia».

—Muchas personas creen que al criarse en una familia homoparental serán homosexuales…

—Es un error pensar así: la orientación sexual no se imita ni se hereda. Las estadísticas no demuestran diferencias entre niños que crecieron con parejas heterosexuales o con parejas homosexuales. Sí puedo destacar que los segundos muestran mayor tolerancia y respetan más la diversidad porque han luchado contra la hostilidad exterior».

Con respecto a gestualidades masculinizadas o afeminadas, Valdés Moreno aclara: «Es muy diversa la manera en que cada quien expresa su sexualidad. El niño asume comportamientos por imitación en dependencia de lo que ve en su medio. Puede darse el caso de que imite a esos padres, pero el mismo resultado se ve en la crianza por una tía, una madre, una abuela u otras mujeres. Las etiquetas sociales llegan casi siempre más rápido que la definitiva orientación sexual».

—Entonces, ¿qué podemos definir como familia?

—Coincido con la Doctora Patricia Arés cuando dice que familia es el grupo de personas que comparten un proyecto vital común, con sus responsabilidades, roles y afectos. Puede ser un tío y un sobrino, dos hermanos, una abuela y su nieto, la madre soltera con su hijo... Hay que deconstruir el concepto rígido, el esquema de mamá, papá y nené. ¿Qué pasa cuando un niño vive solo con su madre porque su padre falleció en un accidente, o la niña que vive con su padre porque su mamá no se ocupa de ella? Lo que sí es necesario es que esas personas estén realmente comprometidas con el rol parental, que implica instruir, educar, amar, querer, prepararte para la vida».

—¿Cómo ayudar desde la sociedad?

—La pareja debe empezar por ayudarse a sí misma, por comprender la importancia de manejar su realidad hogareña como algo normal y explorar variantes para propiciar seguridad, confianza, bienestar. Con el resto de la familia es esencial la comunicación, y si por resentimientos esta se fractura, debe primar el deseo de que ese niño o niña se sienta feliz».

«La escuela es un espacio de formación y crecimiento muy importante. Es recomendable conversar con el profesorado y la dirección para que evite incomprensiones, malentendidos: es deber suyo detener situaciones de acoso entre alumnos, quitarles ese poder de reproducir esquemas de incomprensión o crueldad que tanto laceran».

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