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Un «lunático» dice adiós

«Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad». Esas fueron las históricas palabras pronunciadas por Neil Armstrong cuando pisó por primera vez nuestro satélite natural

Autor:

Patricia Cáceres

Los titulares trajeron la noticia hace dos semanas: había muerto el hombre que mantuvo asombrada a la Tierra desde unos 384 000 kilómetros de distancia, aquel piloto con nervios de acero que pisó por primera vez la Luna. ¿Su nombre? Neil Armstrong, el estadounidense que comandó la nave espacial Apolo 11 y que alunizó el 20 de julio de 1969, protagonizando así la expedición científica más arriesgada del siglo XX.

Armstrong falleció a los 82 años de edad, el pasado 25 de agosto. Según informó su familia, ese mes había sido sometido a una intervención quirúrgica para aliviar una obstrucción de sus arterias coronarias, que luego derivó en complicaciones mortales.

Apolo 11

Cuentan quienes lo conocieron que Neil Armstrong se destacaba por una timidez que lo hacía casi taciturno. Pero su increíble habilidad para volar lo hizo el comandante natural de Apolo 11.

Muchos en el mundo compraron sus primeros televisores para ser testigos de la proeza, y más de 500 millones de personas vieron cada momento del alunizaje. Al preguntarle cómo se sintió ese día, respondió: «Muy, muy pequeño».

El Apolo 11 despegó de Cabo Cañaveral el 16 de julio de 1969 a las 10:32:00 hora local, con los tres tripulantes: Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins. La nave tenía sistemas de control con menos de una milésima de potencia de la que tiene una moderna laptop.

Después de dos horas y 33 minutos de orbitar la Tierra, el motor S-IVB fue reencendido hasta alcanzar la velocidad necesaria para escapar de la gravedad terrestre.

La inserción en la órbita lunar comenzó pasadas 75 horas y 50 minutos de misión. La nave se situó en una órbita elíptica (de 61 por 169 millas náuticas*) con una inclinación de 1,25 grados respecto al plano ecuatorial de la Luna.

Cinco horas después, el motor del módulo de servicio se reinició para corregir la órbita a una casi circular (66 por 54 millas náuticas). Cada órbita duró dos horas, durante las cuales se tomaron fotografías que permitieron estudiar la geología de la superficie lunar.

Relata BBC Mundo que después de maniobrar para evitar rocas grandes durante el alunizaje, a Armstrong solo le quedaba combustible para 20 segundos, cuando finalmente colocó con seguridad el módulo entre las piedras, sobre la Luna. Desde dentro de la cápsula, reportó a una emocionada Misión de Control en Houston: «Ha llegado el águila».

Sus primeras palabras tras posar su pie sobre la superficie quedaron grabadas en los libros de Historia y en la memoria de quienes las escucharon en vivo. «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad», dijo.

En los primeros momentos sobre la Luna, durante el clímax de la carrera espacial con la entonces Unión Soviética, Armstrong hizo un alto, lo que llamó «un momento afectuoso», y recordó a astronautas de la NASA y soviéticos que habían muerto en acción.

Luego, pasó horas caminando en la superficie lunar, recolectando muestras, realizando experimentos y tomando fotografías. «Las vistas eran sencillamente magníficas, más allá de cualquier experiencia visual a la que haya estado expuesto alguna vez», comentó Armstrong en una ocasión. Con Aldrin a su lado, plantó una bandera estadounidense en el Mar de la Tranquilidad y hasta jugó un poco de golf.

De regreso en la Tierra, la tripulación fue objeto de agasajos y honores globales, y los tres fueron vitoreados como estrellas de cine adondequiera que fueron. Pero después de la primera ronda de publicidad, Armstrong se negó a sacar provecho de ello.

El hombre venerado como un héroe por el pueblo estadounidense y condecorado con la Medalla Presidencial de la Libertad por su trabajo, rechazó el protagonismo y la fortuna potencial que venía con él.

En cambio, prefirió vivir recluido en su casa de campo en Ohio, enseñando ingeniería en la Universidad de Cincinnati, y más tarde se dedicó al mundo de los negocios.

Teoría de la conspiración

No son pocos los que piensan que en realidad el hombre nunca puso un pie en la Luna. Según los defensores de la teoría de que existió una conspiración para hacernos creer que sí se alunizó, las imágenes que la NASA mostró del viaje del Apolo 11 corresponden únicamente a un montaje.

De hecho, según una encuesta de la agencia espacial estadounidense, el 11 por ciento de los norteamericanos cree que en realidad el «alunizaje» se filmó en el desierto de Nevada, a solo 150 kilómetros de Las Vegas.

El objeto de dicho engaño habría sido cumplir, a cualquier precio, la promesa que, en plena Guerra Fría, había hecho el presidente John F. Kennedy al Congreso de Estados Unidos. Allí se comprometió a situar un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década de los 60.

No puede obviarse que la Guerra de Vietnam se encontraba en pleno apogeo, por lo que un alunizaje constituía una distracción muy conveniente para un Gobierno con muchos miles de muertos en una guerra cuyo sentido no estaba muy claro.

Entre las objeciones que plantean los partidarios de la teoría conspirativa se encuentra la ausencia de estrellas en las fotos tomadas en la Luna por los tripulantes de las diversas misiones Apolo. Y es que el cielo de este satélite es límpido, y no hay atmósfera que entorpezca la visión del espacio.

La respuesta que han dado algunos es que las estrellas sí están ahí. Pero para sacar la foto de un astronauta vestido con un traje blanco sobre el fondo negro del espacio hay que ajustar la cámara de forma que el tiempo de exposición sea lo suficientemente pequeño para semejante contraste. Las estrellas simplemente no alcanzan a registrarse sobre la película.

Otra interrogante formulada a menudo es por qué la bandera estadounidense ondea. Si no hay viento en la Luna, esto no debería ocurrir. Sin embargo, algunos han insistido en aclarar que, como puede verse en muchas fotografías, la bandera tenía un soporte en su parte superior para que permaneciera extendida.

Las arrugas y ondulaciones —dicen— producidas por haber estado plegada durante el viaje, le dan una apariencia que puede confundirse con la de una bandera ondeando, pero en realidad los videos muestran cómo se queda completamente inmóvil luego de que los astronautas la colocan sobre la Luna.

Ascensor espacial

LiftPort Group es el nombre de una firma establecida en California que afirma estar en condiciones de crear un ascensor espacial para transportar personas a nuestro satélite natural. Este sistema, conocido como Liftport, podría permitir viajes simples y de bajo costo por medio de un cable especial. La primera versión —afirman— usará satélites para conectarse con la superficie lunar.

Según refiere el sitio web www.nisfe.com, el creador del proyecto es un ex ingeniero de la NASA llamado Michael Lane, quien lanzó hace poco una campaña para reunir fondos en el sitio KickStarter, donde esperan poder alcanzar 8 000 dólares para iniciar la primera fase del proyecto. La iniciativa ya ha ganado unos 650 simpatizantes o patrocinadores.

Entre los regalos para incentivar las donaciones figuran desde pósteres y joyas inspirados en el elevador espacial, hasta la oportunidad de ser el primero en viajar al espacio cuando el proyecto se haga realidad.

En la primera etapa se espera construir un ascensor de prueba que llegue a una altura de dos kilómetros, para así probar una tecnología experimental que utiliza cables de acero y globos de helio.

El conejillo de indias para esta prueba será un robot que, de cumplir adecuadamente con los indicadores de supervivencia, permitirá continuar con el siguiente paso: construir un elevador de cinco kilómetros de altura. Esta segunda fase permitiría comprobar los efectos de las bajas temperaturas y de la fuerza de la gravedad sobre la estructura.

El costo total para la producción del proyecto está estimado en unos 800 millones de dólares. La expectativa del LiftPort en el futuro es contar con el apoyo gubernamental y de grandes compañías interesadas en la exploración del espacio. Lane, quien abandonó la NASA para trabajar en este proyecto, señaló que espera que el concepto se haga realidad en ocho años.

*Una milla náutica equivale a 1 852 metros.

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