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Laberinto sin salida

Juan Carlos González Trujillo (Calle Medio 30224, entre Compostela y San Carlos, Matanzas) relata en su carta lo que califica de «sinsabores» vividos en la funeraria homónima de esa ciudad, tras unos 12 años que labora allí.

Hace más de un año, cuenta, fungía como chofer de los servicios necrológicos, y hoy tiene que laborar en otro puesto con escala salarial menor. Todo empezó hace dos años: el carro que él manejaba  tuvo un accidente, y el otro chofer que lo conducía falleció en consecuencia. El auto quedó inutilizado y la empresa gestionó otro equipo para con los dos armar uno. Antes del accidente, laboraban en ese carro tres choferes, pues siete meses antes despidieron al cuarto conductor, por problemas de indisciplina.

Al salir el carro del taller, Juan Carlos supo que su compañero, y el hijo de este, que tenía solo siete meses laborando allí, serían los choferes escogidos. Y reclamó al Director, quien señaló que la decisión sobre choferes era por designación. Que no se preocupara, que entrarían carros nuevos y él lo tendría en cuenta. Además, le dijo que ese equipo en cuestión no pertenecía a la funeraria, ya que sería, como otro que tenía desde hacía par de años, dirigido por la dirección de la empresa. Le indicó que no tenía nada decidido aún, pues el auto estaba a prueba y tenía problemas eléctricos; y cuando se solucionaran él le avisaría su decisión.

Meses después, el Director le informó que su decisión no era otra que la inicial. Sin otra alternativa, él apeló, y tuvo que apremiar a la Dirección para que emitiese un veredicto. Le entregaron el fallo. Era el mismo, aunque con algunas adiciones, como que no pagaba el sindicato; algo incierto según él, pues siempre lo hizo, pero a partir de lo ocasionado, en 2026 decidió no pagarlo más, pues el sindicato nunca apareció para él.

También se argumentó que el pasado año había faltado un por ciento bastante alto, y la empresa le pagó sin afectarlo. «¿Cómo no hacerlo, dice, si me fracturé la pelvis, que implica reposo absoluto y obligatorio durante cuatro meses?».

El 30 de junio él hizo su apelación en el Órgano de Justicia Laboral. El 5 de agosto, 36 días después, se personó en la funeraria la jefa de Personal y presidenta de ese órgano para comunicarle que con el cambio de dirección, el Órgano de Justicia Laboral quedó incompleto, por lo que se le aconsejó, con un documento que le dieron, que se dirigiese a Trabajo municipal a solicitar otro órgano.

«Esos días, dice, fueron de puro peloteo entre la Dirección de Trabajo y el Sindicato municipal. Y ya el último día antes de cumplir los siete hábiles para hacer válida mi reclamación, volví a la Dirección Municipal de Trabajo. Con tan buena suerte, que me atendieron la Jurídica y la Directora. Al ver el documento que me había dado la compañera del Órgano me aclararon que ellos eran los que debían hacer las diligencias para buscarme un órgano laboral que atendiese mi caso. Ya cansado de tanto peloteo, le pregunté a la Jurídica qué había que hacer. Y ella me respondió: Ve al Tribunal municipal».

Al llegar ese mismo día al Tribunal municipal, le atendió la secretaria, quien pidió ver el documento que le fue dado por la compañera del Órgano. Y, al leerlo, señaló que era un invento sin validez alguna. Luego le conminó a redactar y entregar al Tribunal original y copia explicando su reclamación, algo que él hizo.

«Por otra parte, añade, la tripulación de cada carro fúnebre funciona con cuatro choferes, que laboran 24 horas por 72 de descanso. Eso se violó por el otrora Director. En una ocasión le dije que el hecho de que quisiera cuidar los carros reduciendo el número de conductores era peor, pues un chofer cansado es un asesino en potencia. Y me ignoró.

«Hará cuestión de dos meses, el padre y el hijo mencionados pidieron la baja y están manejando un carro de los nuevos que entraron a Transporte municipal, rentados por la Dirección de mi empresa. Ni así pude montarme en un carro, pues decidieron mandarlo para un municipio.

«Cómo es posible que yo haya acudido al Gobierno (Atención a la Población) con una queja y mis contactos, y nadie se haya dignado en contestar. Ahora laboro en la funeraria como ayudante, con el salario afectado. Pero más que el salario, estoy en un laberinto sin salida.

«Hará unos ocho días la Directora nueva de la empresa le indicó a uno de los choferes de Transporte municipal que le dijera a su jefe que todos los carros fúnebres de nuestra empresa van a pasar a Transporte municipal. Entonces, en caso de que la respuesta  del Tribunal demore y falle a mi favor, ¿qué carro me van a dar, si todos pasan a otra empresa que nada tiene que ver conmigo?.

«Hasta que me convenzan de lo contrario, lo único que veo en mi exdirector fue un favoritismo desmedido. Y me ha llevado a pensar que el pez grande se come al chico, y a este no le queda de otra que aguantar», concluye.

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