Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un desfile de aplausos y desafíos

En tierra espirituana desfilaron junto a los jóvenes muchos adultos mayores que, sin importarles sus achaques reafirmaron una vez más su compromiso con la Revolución Cubana

Autor:

Miguel Ángel Valdés Lizano

SANCTI SPÍRITUS-.Élida es una antigua vecina pensionada de 76 años. De niño con ella conocí el entusiasmo del primero de mayo en esta isla nuestra, donde la celebración es capaz de postergar desafíos e incomodidades, para hacernos dichosos entre amigos, viejos colegas distantes de nuestra cotidianidad, familiares, gente del barrio.

No había un año en que Élida, durante su vida laboral, no partiera hacia la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez, con todos los pioneros de la cuadra. A veces había pleitos de muchacho para portar carteles o globos. Una sola vez pudo disfrazarnos, pero desistió de repetir la experiencia porque todos queríamos vestir el único traje de miliciano que había cotejado.

Hoy, a pesar de la edad, esta señora volvió, por lo menos para contemplar el desfile en una provincia donde se concentran más de 140 000 trabajadores. Le fallaba su visión, le fallaban sus oídos, pero no la nostalgia de toda despalilladora, de esas que hasta dormidas parecen enamorar entre sus dedos las hojas.

A penas me reconoció, después de tantos años de ausencia por su antigua calle. Ya no conducía a sus pequeños vecinos. Ella era conducida por su nieta, una de las niñas que disfrazaba, hoy graduada de enfermería. Observaba tranquila, pero como quien no quiere dejar revolotear sus recuerdos.

Este primero de mayo muchas élidas desafiaron los achaques en la tierra espirituana, porque lo genuino de estos festejos ha vencido la prueba del tiempo en el pueblo cubano. Cuando el fin del socialismo en Europa del Este hizo arder aquellas banderas, la gente en cada rincón de nuestra isla, continuó mostrando sus retos y victorias.

También los jóvenes mostraron la vitalidad en la fiesta de los trabajadores. Muchos de los presentes en esta jornada crecieron en las condiciones del Período Especial durante los años noventa, pero actualmente ingresan al mundo laboral cargados de iniciativas y sueños.

Más que cifras o estadísticas se festejó el bregar de cada día en la primera provincia en cumplir nacionalmente con el plan de azúcar, donde hoy se muestran niveles de mortalidad materno-infantil entre los más bajos de Cuba.

Se festejó porque los espirituanos, a pesar de las carencias, dan pasos significativos en varios programas vinculados a la producción de alimentos y porque un sector tan sensible como educación, el cual festeja el aniversario 50 de la derrota del analfabetismo, rejuvenece gracias al trabajo de  alrededor de 3 000 másteres, quienes hacen germinar cada pupitre.

Muchos son los retos y las insatisfacciones aún. No obstante, como dice Élida, esperemos que todo eso haya pasado para el próximo desfile. «Ojalá podamos borrarlo con nuestro sudor y con los deseos que roguemos al primer aguacero de mayo».

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