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Defender a Cuba en un minuto

Para el eurodiputado español Manuel (Manu) Pineda Marín, vicepresidente del Grupo de Amistad con Cuba en el Parlamento europeo, la nación caribeña ha sido referente de dignidad y un aliento permanente a los sueños de hermandad y justicia social

Autor:

Yoerky Sánchez Cuéllar

Se define como un cubano nacido en otras tierras. Y así lo expresó a dirigentes juveniles y estudiantiles de nuestro país durante un intercambio inicios de su visita. Luego de varios meses de pandemia, que lo obligó a suspender al menos tres viajes a la isla, el eurodiputado español Manuel (Manu) Pineda Marín se siente feliz de cruzar el Atlántico para demostrarle al mundo que Cuba no está sola, más allá de lo que dicen los medios, las redes digitales y quienes promueven campañas de descrédito.

Desde su puesto de europarlamentario, y también como secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista de España, Manu Pineda ha sido un fiel defensor de la nación caribeña frente a una derecha que intenta imponer su discurso hegemónico. También siente como suya la causa palestina, cuya solidaridad se desprende, según sus propias palabras, de lo que aprendió de la Revolución Cubana.  

Invitado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, por estos días ha recorrido comunidades, ha intercambiado con representantes de diversas organizaciones, ha conocido centros científicos, sitios históricos y culturales, y fue recibido por el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a quien también acompañó durante la emotiva sentada de los pañuelos rojos. Igualmente, participó en el acto por el reinicio del curso en la Ciudad Escolar Libertad este 15 de noviembre.    

Conversamos con él al término de su encuentro con los jóvenes, un intercambio que resultó el preámbulo de lo que ha podido ver en nuestro país y que ha ido reflejando a través de su cuenta en Twitter.        

-¿Qué lo motiva a defender con tanta vehemencia a Cuba?

-Creo, en primer lugar, que no es una cuestión de vehemencia sino de justicia. Cuba da un ejemplo cada día de cómo es capaz de proteger los derechos humanos de su pueblo y también de otras naciones del mundo. Y no estamos hablando de un hecho reciente. Tras el triunfo de 1959 de aquí han salido brigadas médicas y de maestros a dar su aporte solidario. Es justo, incluso, recordar el apoyo militar brindado a pueblos oprimidos y a los movimientos de emancipación en diversos lugares.

Cuba constituye un ejemplo. Por eso la agreden. No la atacan por sus errores sino por sus aciertos, por contar con un sistema revolucionario de horizonte socialista. Les molesta que a pesar de ser una pequeña isla, sometida a un asedio propio de la época medieval, haya garantizado los niveles de vida de esta población en cuestiones tan básicas como la educación, con el menor índice de analfabetismo en el planeta. Y qué decir de los resultados en la salud, de la que es pionera mundial, como se ha demostrado en su enfrentamiento a la pandemia. No hay un país que se haya propuesto cinco candidatos vacunales, ya convertidos algunos de ellos en eficaces vacunas, como lo lograron ustedes.  

-Hemos visto sus intervenciones en los debates parlamentarios. Cuando me refiero a su vehemencia al hablar de Cuba es porque llama la atención su discurso firme, osado…

-Mira, yo nunca en mi vida había preparado una intervención. Me gusta hablar en función de cómo vayan fluyendo las cosas, de forma improvisada, pero en el Parlamento Europeo hay un problema serio: a mí solo me dan un minuto para intervenir. Y mientras a otros diputados de derecha si superan el minuto se les permite— como sucedió, por ejemplo, con el padre de Leopoldo López— a mí me interrumpen enseguida y no me dejan terminar. Entonces, yo escribo primero un borrador de lo que quiero decir, y ya he calculado que un minuto son unas 170 palabras. Lo que ocurre es que no me salen nunca menos de 500. Al final selecciono las ideas que no me pueden faltar. Cuando llego tengo que leer, porque si improviso terminan cortándome. Así funciona esa «democracia». Si a pesar de todo ello se me nota que tengo pasión por este bello país, definitivamente, es algo que no puedo ocultar.

-Usted es soldador y viene del mundo sindical ¿Cómo ocurrieron sus primeros acercamientos a la Revolución Cubana? 

-Yo he llegado a la política, leyendo, estudiando y escuchando a Fidel. Para mí hay dos figuras que están por encima de cualquier otra, no diría de la historia contemporánea sino de la historia universal. Ellas son Fidel y Lenin, hombres capaces de llevar a cabo un estudio profundo, teórico y filosófico de la situación, y a la vez, de desarrollar la acción revolucionaria.

La Revolución Cubana, bajo la guía de Fidel, con su carácter antimperialista, anticolonial y democrático, luego de vencer al tirano Batista tuvo que ir adaptándose a cada momento, haciendo su propia hoja de ruta. Fue un movimiento de inteligencia, propio de una cabeza privilegiada. 

Foto: Maykel Espinosa Rodríguez

Fidel siempre fue un adelantado a su tiempo. Ahora todo el mundo habla del cambio climático, pero a principios de la década del 90 ya el Comandante se refería a los peligros sobre la naturaleza y que nuestra especie estaba en peligro de desaparecer.  

Yo llevo militando desde el año 88. Del 2011 al 2014 me fui a la Franja de Gaza, cuya población civil ha sufrido atroces bombardeos y también ha sido sometida a un brutal bloqueo, sin tener posibilidades de escapar por las fronteras. Y cuando algunos me preguntan de dónde viene mi vínculo con Palestina, siempre les respondo que el sentimiento de solidaridad internacional en mí no nace con esa causa, por demás muy justa; aparece con Cuba, porque Cuba yo creo que es la mejor escuela de solidaridad. A raíz de ahí llego a Palestina. Y a raíz de ahí yo entré en el Partido Comunista, en el año 88.

¿Por qué tan sesgada la postura del Parlamento europeo respecto a Cuba?

En el Parlamento europeo hay siete grupos parlamentarios, el nuestro es el más pequeño, somos unos 40 diputados de algo más de 700. La derecha puede aprobarlo todo sin contar con nosotros, sin los socialdemócratas y sin los verdes. Hay grupos de extrema derecha mucho más peligrosos que VOX, que muestran un fascismo sin maquillaje. Respecto a Cuba todo el espectáculo que inventan y que la mayoría en el Parlamento reivindica es para forzar a que se rompa el Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación, que dejó atrás la llamada Posición Común, propuesta por el presidente español José María Aznar en 1996.   

Sin embargo, puedo decirles que ese espacio no sirve para nada. En el mismo momento en que aprueba una resolución, esta nace y muere. El parlamento constituye una percha sobre la que se monta un relato y el ruido en los medios de comunicación. Es un parlamento sin competencia; puede vetar una ley pero los que deciden realmente las leyes son la Comisión Europea y el Consejo Europeo. Y como cualquier legislación que se apruebe viene ya pactada entre los grandes grupos, la Eurocámara no hace nada. Es el único organismo de la Unión Europea en el cual los miembros somos elegidos por la ciudadanía, por lo tanto, el único sometido a algún tipo de control popular. Pero ello forma parte del juego de la democracia burguesa: creamos esto, la gente vota, están allí contentos, se pelean, montan numeritos, pero las decisiones las toman otros.

-Usted en escenario ha abordado temas como el de los derechos humanos. ¿Cómo lo ha vinculado al bloqueo de Estados Unidos?

-Yo he tenido que intervenir sobre Cuba en varias ocasiones; en la última puse el ejemplo del criminal bloqueo; en la anterior, el de la ilegal Base Naval de Guantánamo, donde sí se violan todas esas libertades que ellos dicen defender.

El bloqueo genera sufrimientos en el pueblo cubano. La fuente de las carencias no viene del Gobierno, que en mi opinión ha tenido que hacer milagros, sacar agua de un pozo seco para en unas circunstancias como estas fabricar, por ejemplo, las vacunas. Claro, en Europa es muy difícil entenderlo. Allí es impensable que se ponga la vida del ser humano por delante de la economía. No les entra en la cabeza.

-¿Qué lo impulsó a visitarnos, precisamente ahora?

-Afortunadamente, hemos podido venir en el momento en que Cuba celebra la vuelta a una relativa normalidad. Es una experiencia muy emotiva ver después de dos años a los pioneros con sus uniformes, en la entrada de los colegios. Las escuelas cubanas enseñan vida, enseñan valores, ponen al ser humano al centro, no sometido a otros intereses. Vine también para ratificarles que frente a las campañas de odio y provocaciones Cuba no está sola. Nosotros estamos a su lado. 

-Usted se ha reunido con jóvenes y tiene previsto, antes de concluir su visita, intercambiar nuevamente con ellos. ¿Cómo valora el papel de la juventud cubana ante los nuevos desafíos? 

Hemos venido varias veces y me impresiona la profundidad política de la juventud; su formación conectada al terreno, con una comunión absoluta entre el estudio, la teoría y la práctica.

A los jóvenes cubanos les diría, con toda modestia, que en el futuro trabajen como hasta ahora, en el lado correcto de la historia, que continúen fortaleciendo la unidad en la diversidad y que mantengan el mismo camino revolucionario  para que Cuba siga siendo el referente de los que luchan por un mundo mejor.  

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