Ante la multitud congregada cerca del Cementerio de Colón, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución. Los asistentes con los fusiles en alto expresaron su decisión de defender la Patria, por lo que la fecha pasó a la historia como Día del Miliciano. Autor: Raúl Corrales Publicado: 16/04/2026 | 01:18 am
No fue por decreto ni por cumplir un acuerdo de congresos o reuniones a puertas cerradas. No fue tampoco por obra y gracia de una teoría iluminadora, que dictaba los pasos a seguir y que, bajo esa luz divina, refrendada en manuales, se tomó la decisión de proclamar que la Revolución era socialista.
La realidad es más versátil, más inquieta. También más dura, porque el carácter socialista de la Revolución Cubana se dio a conocer en medio de un entierro, con la ciudad de La Habana todavía con olor a pólvora y con el país ya convencido de que la guerra le había tocado las puertas.
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Aquella declaración, ¿fue premeditada o un acto de inspiración? ¿Por qué se dijo en ese momento, el 16 de abril de 1961, en el entierro de las víctimas de los bombardeos a los aeropuertos y no en otro? A lo mejor se podría haber anunciado en un momento de mayor júbilo: el de la victoria sobre la invasión por Playa Girón. Porque, en ese instante, durante el entierro y lo que vino después, ¿el pueblo sabía qué era el socialismo?
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El caso es que para la inmensa mayoría de la población, la palabra socialismo podía resultar extraña. Este reportero fue testigo de una confesión de Ulises Estrada, uno de los compañeros de la inteligencia cubana que ayudó a la organización de los movimientos revolucionarios en el mundo; entre ellos, la Guerrilla del Che en Bolivia.
Durante un intercambio en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, donde se hablaba sobre Tania la guerrillera, Ulises dijo que él se había enterado de que la Revolución era socialista ese día. Y así, sin saber mucho, se fue a combatir a Girón.
El escritor Eduardo Heras León también nos dijo algo parecido en varias conversaciones, sobre todo, cuando nos contó las vivencias de su participación en Playa Girón. De esos días, el Chino tenía fijada en la mente dos cosas.
La primera era que la guerra, si llegaba, iba a ser larga; no que terminaría en menos de 72 horas, como ocurrió en la realidad. La otra era que, por aquella fecha, todos los días, todas las noches, había algo que indicaba que había una invasión porque desde los lugares más disímiles de Cuba llegaba la noticia de un hecho armado.
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De ambas vivencias, se puede sacar una idea: el carácter socialista de la Revolución Cubana se proclamó ese día porque el país vivía la sensación de estar ante un punto de no retorno. El mañana era la guerra y esta iba a convertir en sueños, en pura utopía, todo lo que se quería o se había vivido.
Aquella declaración, por lo tanto, era el anuncio final. El de dejar las cosas claras en los momentos críticos. Los estrategas militares dicen que las batallas se ganan en un segundo de inspiración. Los buenos jefes son capaces de identificar ese momento porque conocen el desafío que tienen delante y por el nivel de identificación que han logrado con su gente.
Máximo Gómez tuvo ese momento en la batalla de Mal Tiempo, cuando vio algo, que sus oficiales no sabían definir qué era, y lanzó de repente a la caballería por un punto específico del combate.
Aquel 16 de abril, Fidel tuvo su momento de inspiración. Es un instante que no se piensa, se vive, brota. Y surgió porque estaba convencido de lo que venía, pero también del pueblo que Cuba tenía.
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«(…) Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas —dijo Fidel— es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! […] ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!; ¡y que esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! (…).
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Cuando dijo todo aquello, los fusiles se alzaron. ¿Por qué el pueblo había aceptado el carácter socialista de la Revolución sin saber, a ciencia cierta, qué era el socialismo? La respuesta es una. Quizá no lo conocían desde la teoría de los libros o las clases, pero habían vivido lo que este significaba.
La Revolución apenas tenía dos años de vida. Y, en ese tiempo, se habían abierto las playas; los negros conocían la dignidad de no sentir la discriminación por su piel; los campesinos eran dueños de su tierra y habían borrado la humillación del desalojo; los obreros tenían un salario digno, veían respetados sus derechos y los maestros tenían dignificada la condición de enseñar.
En dos años, se habían empezado a borrar con rapidez las diferencias, y las más grandes de todas eran morales. Ya el país no estaba dividido en que aquello era de los extranjeros, los americanos, y esto de los cubanos. O esto de los ricos y aquello de los pobres. Ya no había que decir «Yes, sir», en inglés y con reverencia, como escribió Nicolás Guillén en su poema. Ahora se decía compañero y todo lo que se hacía era por el ideal de hacer el bien a los demás.
Esa era la Revolución. La gente la estaba viviendo. La sentía, porque el cambio lo tenían a la mano con líderes que llegaban al pueblo y compartían su suerte, sin espacio al privilegio para ellos y sus familiares. Líderes que prometían lo que cumplían y que eran los primeros en tomar la guataca, el machete y el fusil. De ampollarse las manos en los cañaverales y tragar el mismo polvo del surco, con orgullo, como uno más.

Cada año, en la mítica esquina de 23 y 12, el pueblo cubano recuerda la entrañable fecha. Foto: Archivo de JR
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Para esas personas, el socialismo se había hecho palpable a través de la Revolución. Pero aquellos hechos, al asumirse, se habían convertido en una idea al adquirir un significado, que no estaba en los libros; sino en la realidad. Por eso, cuando aquellos fusiles mencionados por Fidel, se alzaron en señal de aprobación a sus palabras, el gesto no se hacía en señal de defender la muerte. Se levantaban para defender algo más callado y profundo. Para defender el derecho a tener vida, Patria y Revolución. Como ahora.
