En uno de los restaurantes más emblemáticos de la colonial ciudad agramontina, El Nan-King, los avezados chefs y los más nuevos aprendices expusieron sus obras afrodisíacas nacidas en el aderezo de rituales de preparación, multiplicados y extendiendos en todo mundo. Autor: Yahily Hernández Porto Publicado: 21/04/2026 | 10:17 am
CAMAGÜEY.— Creadores todos, de esos que no temen a las escaseces, los intrépidos e intensos chefs de la prestigiosa asociación cubana Nitza Villapol, en esta ciudad, desafiaron las distancias entre Cuba y las hermanas naciones de México, China y España para regalar un espectáculo y un abrazo de «puro sabor», ese que queda impregnado no solo en el olfato, en el que el olor de las especias se adhieren y «derriten» las glándulas salivales, sino también en la mente y el corazón de los presentes.
Los avezados maestros agramontinos, junto a los noveles amantes del arte culinario, edificaron desde la mesa cubana y camagüeyana un puente de solidaridad infinita, de agradecimiento y de respeto a los pueblos hermanos, esos que ni cientos de kilómetros de distancia ni las presiones impositivas imperiales que soplan como huracanes y tocan tambores de guerras, pueden opacar su amor por este pueblo que resiste vendavales de todo tipo.
Justo en uno de los restaurantes más emblemáticos de la colonial ciudad, El Nan-King, los avezados chefs y los más nuevos aprendices —quienes vienen arropando gustos muy contemporáneos sin renunciar a la auténticidad de los aliñados nativos y caribeños— expusieron sus obras afrodisíacas nacidas en el aderezo de rituales de preparación, multiplicados y extendiéndose en el mundo y en nuestra nación, desde una atractiva presencia multicolor y multisabor, y desde interpretaciones muy locales, que preservan y salvaguardan las tradiciones ascentrales y naturales de cada una de las regiones congratuladas con la improta de saberes muy a lo principeño y manos laboriosas.
El sabroso picante mexicano desde una combinación de condimentos, hierbas aromáticas y técnicas culinarias, las que crearon profundidad y complejidad en capas de sabor que se degustaron en cada bocado, dio vida al codiciado Plato Cochinilla pivi, desde la sabiduría del maestro agramontino Aramis Valero Agüero.
Otras sorpresas llegaron, desde el Restaurante Lucky, las cuales elaboradas por el dúo de expertos, integrado por Félix Calderón Borrero y Leandro Pino Corrale, mostraron no solo la sapiencia de los cocineros para adaptar platos internacionales a la culinaria nacional, sin que se pierdan sus esencias identitarias, sino también su capacidad de innovación para la aparición de novedosos platos muy camagüeyanos.
La primera de estas propuestas exhibió una tradicional Ensalada Mediterránea, la cual representaba a España, que ofreció una ligera mezcla de verduras comunes a ambos países, pero de sabor intenso, aderezada además con una vinagreta acriollada y fría, mientras que la segunda hizo gala del Bistec enrollado con salsa Lucky, propuesta nacida del ingenio de los hacedores.
El céntrico restaurante Nan-King, defensor de la tradición culinaria China, lideró una mesa multifacética, colorida y de apego a sus raíces autóctonas y a la grandeza de sus costumbres milenarias, la cual confeccionada a seis manos, por los ingeniosos y hábiles Arniel León Fonseca, Yuri Abel Rodríguez y Bonny García González, reveló derroche de sabiduría en platos como el Chop main de pollo, Chop suei de cerdo y el muy querido Arroz frito.
Otro de los atractivos de este abrazo entre culturas fue liderado por el experimentado Mártires Méndez Torres, quien permitió saborear las queridas y de gran arraigo popular croquetas y bolas de Yucas rellenas, base alimenticia y herencia de nuestros ancestros.
Las llamativas, oriundas y naturales reliquias de la cocina nacional, de su punto guajiro y del campo, llegaron envueltas con el novedoso enfoque de la cocina o gastronomía circular, en el que se busca minimizar el desperdicio de alimentos y el impacto ambiental en toda la cadena alimentaria.
Desde esa ciencia acriollada, el reconocido creador Martín Urdelino López se atrevió a transformar lo que no se comía en un nutriente exquisito, en típicos platos del patio: Ropa vieja y vegetariana, el Matajíbaro camagüeyano, la popular Pasta untable para desayunos y merienda, la Hamburguesa a la cubana, el Picadillo a la criolla y la carne guisada a la hornilla de carbón y leña. Todos elaborados, a partir de la piel (la cáscara) del plátano.
La olorosa y atrayente exposición camagüeyana de platos típicos de México, China, España y la anfitriona Cuba, trascendió por ser un espacio de resistencia y resiliencia del pueblo cubano, escuela para la defensa y salvaguarda a ultranza de su cultura e identidad culinarias y muestra de agradecimiento y solidaridad con naciones amigas a la Isla caribeña.
Durante la cita agramontina se conoció que se encuentra en proceso de creación, en la otrora villa principeña, la Filial cubana autónoma de la Federación de chef de Tulancingo Hidalgo, radicada en México, por el notable investigador, escritor y chef camagüeyano Frank Rodríguez Pinos.
Frank Rodríguez, quien fue el primer cubano en conquistar el Premio al Mejor Libro de Cocina del Mundo en 2011, con su texto Cocina útil, y merecedor del Gran Premio al Mejor Libro de Cocina de Latinoamérica, en el Concurso Internacional Gourmand World Cookbook Awards, aseguró a JR, vía telefónica, que el objetivo de este proyecto es estrechar, consolidar y desarrollar lazos de hermandad y de intercambio cultural entre ambas naciones amigas, para enfrentar y fracturar el cerco mediático y económico que se impone sobre Cuba.
En la multifacética mesa criolla, «aderezada» con la «sazón» cubanísima de la solidaridad y el empeño colectivo, se entregaron las medallas Nitza Villapol y, la mexicana, Rafael Hernández inmemoria de la Federación de Tulancingo, a este grupo de reconocidos cultivadores del arte culinario, por su trabajo sostenido para preservarlo.
