El ambiente era un mosaico de pueblo que sabe unirse en un latido común: Cuba Autor: Roberto Suárez Publicado: 01/05/2026 | 02:49 pm
El sol, todavía joven, se asomaba tímidamente sobre los hombros sudorosos de los trabajadores que llegaban al punto de encuentro pactado: la Tribuna Antiimperialista.
Cada paso firme desde los cuatro puntos donde partió la marcha en La Habana fue una declaración de principios, un recordatorio de lo que somos capaces de lograr cuando la Patria nos congrega y llama.

Foto: Roberto Suárez
Desde las esquinas ondeaban banderas, pancartas y carteles pintados con la prisa alegre de estas madrugadas. La ciudad, como en cada Primero de Mayo, amanecía de fiesta, y el aire se llenaba de sonrisas multiplicadas con el eco del mar en pleno malecón.
Frente a la embajada estadounidense, con el Martí acusador como testigo, más de 500 000 habaneros se congregaron, luego de caminar —a pura voluntad—, hasta la histórica Tribuna que ha sido testigo de trascendentales batallas fidelistas.

Foto: Roberto Suárez
«¡Viva el Primero de Mayo!», exclamó un joven con voz ronca, y la respuesta fue un rugido colectivo que estremeció la avenida. Entre voces que se elevaban como campanas, el júbilo era palpable y la alegría contagiosa. El ambiente era un mosaico de pueblo que sabe unirse en un latido común: Cuba.
Y la mayor muestra de unidad estuvo este Primero de Mayo con la presencia junto al pueblo, del General de Ejército Raúl Castro Ruz, y del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Foto: Roberto Suárez
Esta jornada de reafirmaciones y compromiso fue también música, danza, carcajadas juveniles. Fue la certeza de que la alegría también es una forma de resistir.
«Hoy camino junto al pueblo cubano porque su lucha es también la nuestra», afirmaba una visitante argentina, quien se sumó a las voces de otros amigos extranjeros que ven en Cuba un símbolo de solidaridad internacional.

Foto: Roberto Suárez
No fue este Primero de Mayo únicamente un acto de resistencia, sino también una muestra de cuánto está dispuesto este pueblo a defender su Patria. Fue una jornada donde se le respondió contundente al intimidador, a ese que no cesa su injerencia y las presiones más despiadadas. Pero también demostramos que la música y la risa, lejos de ser ornamentos, resultan armas latentes que sostienen la dignidad de todo un pueblo.

Foto: Roberto Suárez
