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Raúl sigue con las botas puestas

El espirituano Ramón Ramírez Arias rememora sus encuentros en la tierra del Yayabo con el General de Ejército 

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Ramón Ramírez Arias «Ramoncito» volvió a la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, de la urbe del Yayabo, el pasado 23 de mayo, y justo a los pies del Paladín de las Tres Guerras revivió con nitidez el 1ro. de Mayo de 1985, donde tuvo el honor de servir de anfitrión en la tribuna al General de Ejército.

«Ahí estuve con Raúl Castro Ruz
—rememora, y el nombre se siente con melodía—. Me correspondió explicarle qué sucedería en el acto, porque en esa ocasión no tuvimos desfile».

De esa histórica jornada recuerda con especial orgullo los ojos del líder de la Revolución, profundamente admirados ante la imagen del prócer independentista espirituano.

«El conductor del acto fue Ernesto Valdés Barceló, reconocido locutor de Radio Sancti Spíritus. Antes de empezar, Raúl lo llamó para pedirle que al presentar las conclusiones no mencionara su nombre porque el pueblo lo conocía. Valdés cumplió y solo le hizo un gesto con las manos para que se acercara al micrófono.

«Al concluir, ya en el protocolo, el líder me pidió buscar al locutor para felicitarlo, y a nosotros también, porque había sido un buen acto, en el que, otra vez, los espirituanos habíamos demostrado nuestro patriotismo».

Lo cuenta y parece que el suceso ocurrió ayer. A sus 81 años, las anécdotas desafían el paso del tiempo. Las fotos, conservadas como tesoros, dan fe de cada experiencia.

«En esa misma década de los 80 compartí con él en Santa Rosa, en las estribaciones de Caballete de Casa, municipio de Fomento. Fue una clase demostrativa en presencia de los jefes principales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Estaba él y Ulises Rosales del Toro, por entonces jefe del Estado Mayor General. También lo acompañaba Vilma Espín y uno de sus nietos pequeños».

Con el menor de los hijos heroicos de Birán tuvo Ramoncito otros encuentros. Lo condujo por la Escuela Provincial de Preparación para la Defensa en El Cacahual, en ese momento recién estrenada, y lo acompañó a honrar al Comandante Camilo Cienfuegos en la inauguración del Museo Nacional erigido en su nombre en Yaguajay, justo frente al cuartel que rindió sus armas en diciembre de 1958 al hombre del sombrero alón.

Además, estuvo en varios recorridos por otros municipios de la provincia como parte de sus responsabilidades, durante dos décadas, como jefe de la sección provincial que atendía actos, exposiciones, propaganda y opinión del pueblo en el otrora Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba.

«En La Sierpe, mientras le hablaba al pueblo, el pie de micrófono se trabó, y debí sostenerlo desde abajo para que pudiera dialogar. Al terminar me puso la mano en el hombro y dijo “¡Te hice pasar trabajo!”. No hubo escenario en que no demostrara su criollismo».

Detrás de sus espejuelos, ausentes en las fotos de aquella etapa, un brillo toma protagonismo. Sabe Ramoncito que físicamente no es el mismo de esos tiempos en que Sancti Spíritus tomaba cuerpo como provincia, pero su esencia permanece intacta.

«Realmente siento mucha admiración, cariño, respeto y apoyo moral por Raúl. Son sentimientos de siempre, hoy más que nunca vivos por toda la crueldad que contra él pretenden construir los enemigos de la Revolución».

Es esa una de las tantas razones por la que el pasado sábado, cuando aún el sol no calentaba, se posicionó en el mismo sitio que hace 41 años le correspondió frente al General de Ejército en la plaza espirituana.

«Cuando triunfó la Revolución yo tenía 14 años y no tuve oportunidad de participar en las luchas armadas. He sido testigo del ejemplo de Fidel y Raúl y he dedicado mi vida a la Revolución. Entiendo todos los problemas y las
dificultades que tenemos como país y creo que nos corresponde apoyar en todas las tareas que se nos convoque.

«Ir a la Plaza es condenar al bloqueo y a esa vil agresión que apuesta por desprestigiar la figura siempre gloriosa de Raúl. No podemos olvidar que él es héroe del Moncada, del Granma, del Segundo Frente Oriental, de la Sierra, de todos estos años de Revolución.

«Asumió la dirección del país cuando nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro enfermó, y trabajó con sentido de responsabilidad por el beneficio de nuestro pueblo. De hecho, sigue ahí, porque no se ha jubilado. Raúl es el General de Ejército, el líder que sigue, como él mismo ha dicho, con las botas puestas».

De los momentos agrios en que Sancti Spíritus fue mirada con lupa a puertas cerradas también guarda memoria este cuadro partidista: la crítica constructiva, la orientación, el llamado al cambio, la guía certera, son enseñanzas imborrables.

«Raúl escuchaba con atención y no interrumpía a nadie. Ponía la mano sobre los hombros y al final puntualizaba. Corregía con fuerza porque es un hombre fuerte, pero sin faltar al respeto. Por eso la gente lo considera tanto.

«En cada uno de nuestros encuentros siempre vi a un Raúl con un inmenso sentido del honor y la dignidad al relacionarse con las personas. Es muy cubano, criollo, noble, sencillo, jaranero; pero exigente, muy revolucionario y patriota».

Puede contar mucho más este espirituano sobre Raúl Castro y su presencia en esta provincia. Nunca prefirió la plática en oficinas. En calles, instituciones y comunidades rurales y, sobre todo, con su cariño, extendido a los menores de edad encontrados a su paso, se hizo admirado y respetado por el pueblo, que reconoce la grandeza de su humanismo. «Incluso, por cosas que ni imaginamos, lo que digo no son exageraciones: Raúl es Raúl», concluyó el veterano.

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