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El guardián de La Plata

Con solo 24 años, Geonel Rodríguez Cordoví fue uno de los bravos capitanes que cayó peleando por su patria durante la Ofensiva de Verano de la tiranía

Autor:

Daily Sánchez Lemus

«Sé que el consejo que me das de que me cuide es producto del cariño que sientes por mí, pero Carmencita, nunca he sido hombre de cuidos y menos cuando de mi Patria se trata y menos cuando el honor de mi palabra está empeñado con el recuerdo de mi querido Ricardo. Y si salgo vivo, seguiré luchando por mi revolución, la revolución de las conquistas sociales que quiero para mi patria de las cuales mucho te he hablado».

Esas son las ideas y sentimientos de un joven rebelde cubano, Geonel Rodríguez Cordoví, el guardián de La Plata, cuya tumba cuida eternamente la Comandancia de Fidel. Él nació el 10 de mayo de 1934. A diferencia de otros de su generación, pudo estudiar, aunque no pertenecía a una familia adinerada. El 29 de septiembre de 1954 recibió su título de bachiller en Ciencias en el Instituto de segunda Enseñanza del Vedado.

Desde la Universidad de La Habana, donde estudiaba Ingeniería Eléctrica, se unió a la lucha revolucionaria para derrotar la dictadura de Fulgencio Batista. En la Oficina de Asuntos Históricos se conserva uno de sus últimos dibujos, en el que trabajaba cuando supo del asalto a Palacio Presidencial y conoció la muerte de José Antonio Echeverría, el 13 de marzo de 1957.

Todo cuanto fue aconteciendo ese año precipitó su salida hacia la Sierra Maestra. En la ciudad se había vinculado al Movimiento 26 de Julio y había colaborado en la prensa clandestina de la organización. A finales de octubre salió rumbo a las montañas de Oriente junto a su compañero Ricardo Medina, quien caería en combate antes que él y del cual habla en la carta a su amiga Carmencita.

Al llegar a la sierra, a inicios de noviembre, se incorporó a la Columna 4 del Ejército Rebelde, dirigida por el comandante Ernesto Che Guevara. Por su nivel escolar y sus inquietudes revolucionarias, tomó parte en la redacción e impresión del periódico El Cubano Libre y en el aseguramiento logístico de la columna comandada por el Che, en particular con la fabricación de una pequeña planta hidroeléctrica.

Ya en el combate de Malverde, el 29 de noviembre de 1957, estaba Geonel. El 12 de abril salió al frente de una escuadra con el Che y otros combatientes a un encuentro con Camilo Cienfuegos, pero no se produjo. El 18 fue designado jefe de instructores y alumnos de la escuela de Minas del Frío, y dos meses después, con su pequeña unidad apoyó a Paco Cabrera para cerrar el camino de El Naranjo e impedir al ejército entrar en la demarcación de Santo Domingo. A su regreso a La Plata, partió con Fidel en su columna.

Durante el rechazo a la Ofensiva de Verano ejecutada por las tropas de la dictadura, el Comandante en Jefe le asignó un pelotón. Así participó en la primera batalla de Santo Domingo, los días 29 y 30 de junio de 1958.

En su libro La victoria estratégica, Fidel narró las circunstancias en que cayera Geonel: «Fue uno de esos obuses de mortero 81, lanzado al rumbo, el que vino a caer el día 11 directamente encima del caballete de la casa de un colaborador campesino, en la falda de la loma de Sabicú, opuesta al campamento enemigo, en el momento en el que el combatiente Juan de Dios Zamora, auxiliado por las también combatientes Rita García y Eva Palma, cocinaban el almuerzo de las fuerzas rebelde. La explosión mató de manera instantánea al cocinero e hirió de extrema gravedad al capitán Geonel Rodríguez y al teniente Carlos Mas López, conocido por Carlitos Mas, quienes se encontraban descansando en la casa. Conducidos rápidamente a la Comandancia de La Plata, los dos combatientes fueron operados de urgencia por los cirujanos rebeldes, pero la hemorragia interna resultó incontenible y ambos murieron».

En la despedida de duelo, Camilo Cienfuegos expresó: «Hoy le decimos adiós al compañero Geonel Rodríguez, capitán que ganó ese grado peleando siempre en la primera línea, que ganó ese grado siendo un soldado disciplinado y valeroso». Mientras, Fidel en sus recuerdos de la guerra resume: «…Todavía hoy se conserva su tumba a la entrada de la Comandancia de La Plata, donde permanecen los restos que su madre anciana nunca quiso reclamar, para que reposaran por siempre allí, en la tierra por cuya defensa entregó su vida generosa. En la rústica cruz que la señala fue clavado el plato de campaña de Geonel, grabado por sus propios compañeros en homenaje a su memoria».

Cuenta la generala de brigada Delsa Esther Puebla, Teté, que en una ocasión aquella madre le solicitó ir al lugar, quizá con la intención de llevarse a su hijo. Cuando llegó y estuvo cerca de él, prácticamente se acostó al lado de su tumba, y luego de conversar con sus recuerdos y su hijo, se levantó firme y dijo que no, que él se quedaba en la comandancia.

Y allí está Geonel Rodríguez Cordoví, uno de los bravos capitanes que cayeron peleando por su patria durante la Ofensiva de Verano de la tiranía, un joven de 24 años que seguirá, para siempre, cuidándonos la Sierra.

La foto y facsímil del documento que abre, que es inédito. Foto: Archivo

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