Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un 26 que marcó la historia

JR evoca el último 26 de Julio en el que participó el Comandante en Jefe

Autor:

Osviel Castro Medel

 

BAYAMO, Granma.— Nadie pudo anticipar, mientras el sol de julio calentaba la Plaza de la Patria, de Bayamo, que aquel 26 de julio de 2006 quedaría grabado como un parteaguas. Ocurrirían después conmociones, cambios y preguntas sin respuestas, pero en ese instante, mientras la multitud se congregaba, todo transcurría con la normalidad de los días grandes.

Fidel, recién llegado de Argentina luego de participar en la XXX Cumbre del Mercosur y Estados Asociados, se disponía a hablar ante una entusiasta multitud en el acto por el Día de la Rebeldía Nacional.

Más de cien mil granmenses llenaron la plaza. La gente escuchó y ovacionó, sin saber que las palabras del Comandante se convertirían, azarosamente, en marcas de nuestro tiempo. Él habló extensamente, desgranó cifras y proyectos, se refirió a la Batalla de Ideas y a los avances de la provincia, y mencionó las gestas que hicieron de Granma un símbolo de resistencia.

El público respondió, como siempre, con el fervor de quien asiste a una tradición hermosa. Y sin embargo, aquella mañana estaba lejos de ser un ritual.

Al caer la tarde, el Líder de la Revolución se desplazó hasta Holguín, donde inauguró, en Guirabito, el mayor grupo electrógeno sincronizado al Sistema Electroenergético Nacional. Era su última participación en un acto público con los grados de Comandante.

No hubo discurso de despedida, no hubo gesto que anticipara lo que vendría. Porque ni siquiera él lo presentía. La vida seguía su curso, ajena a que aquella noche, sin saberlo, se cerraba un ciclo.

El 31 de julio, por la televisión, en cadena nacional, se leería la Proclama al Pueblo de Cuba, un documento firmado por Fidel en el que explicaba que, desgastado por el esfuerzo de los días anteriores, enfrentó una crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido que había exigido una intervención quirúrgica de alto riesgo.

Se agregaba que mientras durara su convalecencia, delegaba sus funciones al frente del Partido, el Gobierno y las Fuerzas Armadas en Raúl; y en otros compañeros para liderar programas decisivos de la nación.

El país recibió la noticia, sobrevino el impacto, pero muchos, acostumbrados a ver a Fidel venciendo obstáculos tremendos, confiaron en que sería una ausencia temporal. No fue así.

El Comandante no volvería a sus responsabilidades, aunque jamás dejó de aportar. Sus diez años restantes transcurrieron entre libros, reflexiones y muchos estudios. Su estado de salud nos recordó una verdad que a veces eludimos: los grandes también son personas de carne y hueso.

Con los años, Cuba y el mundo fueron entendiendo que aquella mañana en Bayamo había signado la historia. Quiéranlo o no, la impronta de Fidel en el mundo es innegable, y aquel 26 significó un antes y un después.

Al cabo de 20 años justos, sería un error dejar pasar la fecha sin más, como si se tratara de un aniversario cualquiera. Los que estuvieron allí, sin saberlo, fueron testigos de un momento irrepetible, cuyo peso crece con cada día que pasa.

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.