Geonel dedica sus jornadas a la revitalización de la producción cañera en el municipio cienfueguero de Rodas. Autor: Jorge Fernández Pérez Publicado: 19/08/2026 | 08:20 pm
RODAS, Cienfuegos.— Cuando Geonel Páramo Urquijo llegó a la Granja Cañera de Laos, en el municipio de Rodas, hace aproximadamente cinco años, encontró poca producción y varias áreas sin aprovechar. El paisaje productivo de entonces distaba mucho del que hoy comienza a construirse entre tractores, aperos, trabajadores y hectáreas de caña recién sembrada.
«La producción era poca y, a raíz de que el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) comenzó a apoyarnos con combustible y algunos recursos, hemos ido reanimando la producción de caña», explica quien actualmente se desempeña como jefe de producción de la granja.
El respaldo de la Empresa de Construcciones Militares permitió preparar terrenos, desmontar áreas y recuperar paulatinamente la actividad agrícola. Los resultados todavía no satisfacen todas las expectativas, pero ya se expresan en cifras concretas: 117 hectáreas de caña nueva, de las cuales 47,8 corresponden a la siembra de primavera y el resto a la etapa de frío.
La granja cuenta con 2 526 hectáreas, de las cuales 2 100 se dedican a la producción. De esa superficie, 253,48 hectáreas están ocupadas actualmente por la caña. La diferencia revela la magnitud del desafío: todavía queda una parte considerable del terreno por incorporar al cultivo, y para ello se ha diseñado una estrategia gradual.
El propósito inmediato es alcanzar las 350 hectáreas durante este año. Para el próximo se prevé llegar a 800 y continuar avanzando de forma escalonada hasta completar el área cañera prevista.
Impulso retador
El plan no se reduce a sembrar por sembrar; requiere preparar los suelos, disponer de semillas, garantizar los recursos y asegurar la atención posterior de las plantaciones.
«Prevemos este año, debido al tiempo y a las condiciones, llegar a 350 hectáreas. El año que viene hemos pensado en 800 y así sucesivamente, hasta completar el área que tenemos vacía», precisa.
En ese proceso, la fuerza de trabajo constituye uno de los principales respaldos. Actualmente la granja dispone de 30 soldados y 70 civiles. De estos últimos, alrededor de 40 se encuentran vinculados directamente con la producción. Son hombres y mujeres que participan en labores de preparación de tierras, siembra, mantenimiento y demás tareas necesarias para que la caña logre establecerse.
La disponibilidad de maquinaria resulta igualmente determinante. La entidad cuenta con 11 tractores MTZ-80 y sus implementos, además del apoyo de la empresa, que aporta equipos de mayor potencia con gradas para la preparación de los terrenos.
A ello se suman dos pelotones especializados: uno de comando, equipado con cuchilla, y otro con gradas 14 000. Ambos desempeñan una función esencial en el desmonte de las áreas y en el acondicionamiento de los suelos para la siembra.
En el campo, cada equipo representa una posibilidad de avanzar. Las cuchillas abren paso entre los montes; las gradas preparan la superficie; los tractores sostienen el movimiento de una operación que necesita continuidad. Si uno de esos eslabones se detiene, también se frena la incorporación de nuevas hectáreas.
La caña nueva tendrá, en su mayoría, un destino estratégico. Según explica el Jefe de Producción, gran parte se reservará como semilla, debido a la necesidad de sembrar 800 hectáreas el próximo año. Las áreas de retoño y soca, en cambio, se proyectan para abastecer al central 14 de Julio y contribuir a la producción de azúcar.
La decisión responde a una lógica de crecimiento. No toda la caña sembrada puede destinarse inmediatamente a la industria. Una parte debe garantizar la expansión futura del cultivo y crear las condiciones para que la granja disponga de su propia base de semilla.
En el período de frío han sido sembradas las variedades CO997 y C323, materiales que forman parte de la estrategia para ampliar las plantaciones y sostener el programa previsto. El proceso, sin embargo, exige más que una buena selección varietal: después de la siembra comienza otra etapa, marcada por la atención cultural, la protección de las áreas y el seguimiento permanente.
«La mayor parte de las cañas nuevas van a ser para semillas, porque tene-
mos que sembrar 800 hectáreas el año que viene. El resto, que son retoños y socas, pensamos destinarlo al central para producir azúcar», sostiene.
Vida en una granja cañera
La relación con el central 14 de Julio convierte el trabajo de la granja en una pieza de una cadena mayor. Cada área recuperada representa materia prima, pero también una oportunidad para fortalecer el empleo, aprovechar mejor las tierras y contribuir a una actividad económica que necesita recuperar estabilidad.
Páramo Urquijo lleva cinco años en ese empeño. Su experiencia se ha formado en contacto directo con los terrenos, los equipos y los trabajadores. No realizó el servicio militar activo en las filas de la EJT, pero hoy comparte faenas con soldados de esa fuerza y reconoce el apoyo que han significado para la recuperación productiva.
La vida de una granja cañera no se organiza únicamente durante la jornada laboral. La siembra tiene sus tiempos; la preparación de los suelos depende del clima; la maquinaria necesita mantenimiento y el cultivo reclama atención constante, dice. En esas condiciones, «planificar significa también saber esperar y corregir», afirma.
«Entre la primera labor de desmonte y la cosecha transcurre un período que obliga a sostener el esfuerzo. Por eso, las hectáreas que hoy se plantan deben entenderse como una inversión en el futuro productivo de la granja», comenta.
Y en la granja cienfueguera ya se observan señales de ese movimiento. Las tierras comienzan a llenarse de surcos; los equipos vuelven a recorrer áreas antes abandonadas y la fuerza de trabajo se organiza alrededor de un propósito común. «Aún queda mucho por hacer, pero la recuperación dejó de ser una aspiración distante», asegura.
Esa afirmación no pretende ocultar las dificultades. Al contrario, reconoce que el avance es parcial y que los objetivos exigirán perseverancia. Y aunque todavía no se cubren todas las áreas previstas, ya comienza a dibujarse sobre la tierra una respuesta concreta a la pregunta de qué hacer con lo que durante tanto tiempo permaneció vacío.
