Fidel lee la carta de despedida del Che. Autor: Tomada del sitio Fidel soldado de las ideas Publicado: 01/10/2026 | 09:21 pm
Muchos historiadores han afirmado que el 3 de octubre quedó inmortalizado para siempre en la memoria colectiva del pueblo cubano. Corría el año 1965 y la Revolución, como proceso naciente, enfrentaba la necesidad de forjar instituciones y combatir la tendencia injerencista que transformada en amenazas, mediaba el actuar político de Estados Unidos.
El fantasma de la Crisis de Octubre continuaba preocupando al mundo entero. Cierto era que la Unión Soviética había replegado sus misiles, pero en el Caribe continuaban las batallas de una Isla que no parecía rendirse ante la voluntad de los imperios.
Ante ese escenario, y como tantas veces había sugerido el Comandante en Jefe, era imprescindible lograr la unidad de los cubanos en torno a su Partido y seleccionar una vanguardia, capaz de liderar mediante el ejemplo y el esfuerzo. Finalmente, el momento fue propicio en las primeras jornadas del mes de octubre, durante el acto de clausura del Congreso del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC).
El entonces teatro Chaplin, actual Karl Marx, se vistió de gala para presenciar los resultados del proceso de unificación de las fuerzas de izquierda, que había comenzado con la fundación de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). Tan solo dos años antes de la cita, en 1963, había surgido el PURSC, órgano que regía unitariamente el avance del socialismo.
Sin embargo, en aquella ocasión, desde sus hogares y centros de trabajo, millones de cubanos esperaban atentos a que se comunicara una noticia: serían anunciados los miembros del Primer Comité Central del Partido. En el teatro, los presentes observaban el escenario en un silencio expectante. Luego, un enorme bullicio sobrevino a la calma y el Líder Histórico de la Revolución Cubana se presentó en la tribuna con su traje verdeolivo.
«Hemos procurado escoger a quienes en nuestro juicio representan, de la manera más cabal, la historia de nuestra Revolución, a quienes, tanto en la lucha por la Revolución, como en la lucha por la consolidación, defensa y desarrollo de la Revolución, han trabajado y han luchado tesonera e incansablemente», dijo Fidel.
Y también señaló que no había «episodio heroico en la historia de nuestra Patria en los últimos años que no esté ahí representado; no hay sacrificio, no hay combate, no hay proeza —lo mismo militar que civil— heroica o creadora que no esté representada; no hay sector revolucionario, social, que no esté representado…».
En su alocución también habló sobre la creación de «un nuevo y único periódico» que sustituiría a Hoy y Revolución y que llevaría el nombre de Granma, «símbolo de nuestra concepción revolucionaria y de nuestro camino». Igualmente, se refirió a las directivas que debía seguir cualquier organismo que guiara a Cuba y a su pueblo.
Más tarde, en un gesto inesperado, dirigió una pregunta a los presentes: «A juicio de ustedes, ¿cuál es el nombre que debe tener nuestro Partido?», la respuesta fue un gigantesco coro con la palabra: «¡Comunista!». Fidel entonces reafirmó el nombre: «Partido Comunista de Cuba».
Y mientras Fidel pronunciaba su discurso, las cámaras de la prensa enfocaban el rostro de los nuevos miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. La mayoría eran figuras surgidas de la Sierra Maestra; otros llevaban un papel destacado en la vida política de Cuba. Sin embargo, una ausencia sorprendía a los televidentes: faltaba el Comandante Ernesto Che Guevara.
¿Hacia dónde partió el guerrillero?
Para 1965, el paradero del Che era un tema de debate tanto en Cuba como en los círculos de la Florida. Su nula aparición en eventos oficiales hacía temer a los revolucionarios alguna enfermedad, y los disidentes guardaban la esperanza de que algún desacuerdo lo hubiese desterrado de las filas del Partido.
Ni siquiera el Comandante en Jefe había ofrecido declaraciones a la prensa. Su respuesta surgió en el momento oportuno y ante los cientos de invitados que asistieron al congreso. «Para explicar esto vamos a leer la carta transcrita del compañero Ernesto Guevara», anunció Fidel, sacando de entre sus papeles la misiva que permaneció durante seis meses sin ser revelada.
«Me acuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de toda la tensión de los preparativos», rezaban las primeras palabras del escrito. La carta, dirigida a su amigo entrañable y al pueblo cubano, carecía del tono ceremonioso de los documentos oficiales.
En ella se enumeraban las razones de su partida hacia otras tierras, dejando atrás sus nombramientos en la dirección del Partido, su cargo de ministro y su condición legal de cubano. Como guerrillero en Cuba sentía haber cumplido su objetivo, y ahora se marchaba nuevamente, sin más honores que el respeto de su pueblo, a apoyar la libertad de otras naciones.
«En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario y la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté», confesó.
Fidel leía la misiva y un extenso murmullo de asombro inundaba el teatro. La despedida de un revolucionario de la talla de Guevara había calado muy hondo en una Isla que ya lo sentía como suyo. Sin embargo, una duda continuaba resonando en el congreso: ¿Hacia dónde partió el guerrillero? Y en aquella jornada nunca surgió una respuesta, pues sus batallas en el Congo y posteriormente en Bolivia requerían en los inicios de un absoluto secreto.
Luego se supo el valor del Comandante Ernesto Guevara. Su intransigencia en la lucha, incluso cuando las traiciones y la ambición del ser humano lo llevaran a una muerte prematura. «Si me llega la hora definitiva en otros cielos mi último pensamiento será para este pueblo», aseguró en su despedida, y algo de su esencia continuó guiando a nuestro país, aunque sus cenizas permanecieran durante años dispersas en el suelo boliviano.
A sus hijos no les legó ningún bien material. Sabía que la Revolución les daría lo suficiente para vivir y educarse. Con un abrazo a Fidel Castro culminó su misiva, y su mensaje de ¡Hasta la victoria, siempre!, fue repetido por millones de cubanos hasta convertirse en consigna.
El Che sigue entre nosotros
El Guerrillero Heroico nunca se despidió totalmente de Cuba. Se supo desde el mismísimo instante en que los nuevos dirigentes y el pueblo acompañaron con aplausos la misiva leída por el Comandante en Jefe. La voz decidida de Fidel contrastaba con la tristeza que por unos instantes se apoderó del auditorio, pero también abría paso a una era donde el legado del Che debía estar más presente que nunca en las acciones del Partido y sus militantes.
«Una nueva época surge por entero en la historia de nuestro país: el gobierno de un Partido, integrado por los mejores trabajadores y formado con la participación plena de las masas», aseguró el Comandante.
Hoy, cuando más de 60 años nos separan de aquel 3 de octubre y las circunstancias obligan a pensar en una Cuba adaptada a contextos diferentes, es preciso volver a su legado. Las generaciones cambian al ritmo de sus tiempos, pero la honestidad, el sentido de justicia y su antimperialismo son valores que siempre nos remiten al pensamiento y la acción del Comandante Che Guevara.
Así continúa caminando con el pueblo cubano, demostrando que la voluntad de un revolucionario y el amor hacia la Patria que eligió desde el cariño, no puede ser borrada por los años, las despedidas o la muerte.
