Por una sonrisa recibió el Premio de la Ciudad de Holguín en Radio el año 2025 «por mostrar la sensibilidad de un grupo de científicos, en colaboración con la Academia de Artes Plásticas El Alba, para el tratamiento de niños enfermos del trastorno autista». Autor: Cortesía de la entrevistada Publicado: 30/10/2026 | 03:30 pm
Una voz puede atravesar la ciudad, entrar por las rendijas de las casas y acompañar a alguien mientras cocina, medita o espera que regrese la electricidad; puede provocar una sonrisa, despertar un recuerdo, llevar una noticia hasta la parte más silenciosa del bosque. Justo en la última sílaba pronunciada, la voz desaparece.
La radio tiene esa condición fugitiva: las emociones frente a un micrófono salen al éter y se desvanecen casi con la misma velocidad con que llegaron al oído. Queda apenas el misterio hermoso del recuerdo, y, en el mejor de los casos, el efecto motivador, el beso en tambores al alma. El oyente conoce la voz del locutor, espera su saludo, distingue sus inflexiones. Pero rara vez sabe quién está detrás de ellas. Quién escribió el guion. Quién buscó la historia. Quién decide la música y el silencio.
En esa zona casi invisible de la radio trabaja Yailyn Ojeda Grass. Nació en Holguín en 1989 y es licenciada en Historia del Arte. Llegó a Radio Angulo en septiembre de 2012, sin imaginar que aquel lugar terminaría convirtiéndose en una de las mayores alegrías de su vida.
«Llegué por casualidad», cuenta. Y casualidad es la explicación más breve que puede dar alguien que se imaginó una vida entre libros y obras de arte y se ve años después rodeada de equipos de sonido y cabinas de grabación.
Detrás de los cristales insonorizados puede verse a Yailyn revisar el guion, hacer señales de conformidad o de corte, sonreír. Yailyn siempre sonríe. El pelo le cae con ligereza sobre los hombros y detrás de sus ojos calmados puede adivinarse una muchacha siempre dispuesta a conversar.
Primero llegaron los programas dramatizados, los originales, las adaptaciones, los musicales, los espacios para adolescentes, los programas participativos. Aunque, dentro de tanta variedad, uno termina atraído por ciertos mecanismos.
Esos fueron, según me comenta, los dramatizados. Aunque hacerlos, me dice, exige tiempo, preparación, voces, actores, coordinación. En la radio, muchas veces, el resultado que parece sencillo es el fruto de muchas horas que nadie percibe.
Fue aprendiendo el oficio mientras lo ejercía. Después llegó la preparación, la evaluación de primer nivel de asesoría y, más tarde, el curso de dirección. La muchacha que había llegado casi por azar comenzó a construir una profesión.
Por una sonrisa
Estoy convencido de que muchos proyectos y acciones no llegan más lejos por carecer de observadores tan activos como Yailyn, que apenas supo de la estudiante Isabela Sarmiento, de la Academia Regional de Artes Plásticas «El Alba», cuya tesis de graduación iba sobre cómo se comporta lo sensorial en los niños autistas y sobre el uso de las artes visuales en las terapias, no dudó en acercar aquella historia a los oyentes.
Llevó a Isabela y a su compañero a La Hora de los Cabezones, programa radial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín. Allí conoció mejor el proyecto, el trabajo que desarrollaban junto a la doctora Lisandra y el equipo de psicólogos y médicos del Hospital Pediátrico que atiende a estos niños.
Los estudiantes de El Alba interactuaban con ellos a través de las artes visuales: acuarelas, plastilina, témpera, colores. El arte como instrumento para ayudar a desarrollar habilidades sociales y psicomotoras, mejorar el comportamiento y acompañar el desarrollo de estos niños.
Poco tiempo después, Yailyn tuvo la idea de realizar un programa especial. Convocó nuevamente a Isabela, a su compañero, a la doctora Lisandra y a algunos niños autistas junto a sus madres. Esta vez serían ellas quienes contarían sobre los avances que habían observado, las experiencias con las terapias y la interacción con sus hijos.
Lo que siguió no fue solamente mostrar qué hacían los estudiantes. Fue dejar que las madres contaran de los cambios que habían observado en sus hijos, de las experiencias con las terapias, de las dificultades y de los avances. Cada una habló hasta donde quiso.
Yailyn recuerda especialmente la sensibilidad de aquellos jóvenes que habían encontrado en el arte una forma de acompañar a otros. No quiso convertir las historias de los niños en espectáculo. Prefirió que fueran las familias quienes pusieran límites a lo que deseaban contar.
También escuchó, aunque brevemente, a los propios niños. Después reunió todo aquel material, seleccionó lo que quería utilizar y construyó el guion, al que luego dio forma junto a Amalio. Por una sonrisa recibió el Premio de la Ciudad de Holguín en Radio el año 2025 «por mostrar la sensibilidad de un grupo de científicos, en colaboración con la Academia de Artes Plásticas El Alba, para el tratamiento de niños enfermos del trastorno autista», según evidenció el jurado.
En trabajos como este, la ventana de cristal que divide la cabina de grabación y la de realizadores se rompe por la fuerza centrípeta de la utilidad de la virtud, en la que Martí depositaba toda su fe, consciente del bien que en la sociedad provocan la laboriosidad y el talento bien enfocado.
Escuchar el programa Por una Sonrisa aquí
Recibir el Premio de la Ciudad de Holguín no era algo nuevo para Yailyn. En 2023 obtuvo el Premio de la Ciudad en Radio con La entrada de Juan, un docudrama relacionado con los comienzos del Teatro Lírico Rodrigo Prats. No era la primera vez que aquel mundo aparecía en su trayectoria. Su primer trabajo, aquel de 2012, también había nacido alrededor del aniversario del Teatro Lírico.
Once años después de escribir su primer guion, la historia regresaba con rigor investigativo y madurez creativa: ya no era la joven que comenzaba a tantear el lenguaje radiofónico, sino una realizadora capaz de mirar hacia atrás, investigar y construir desde el sonido una historia vinculada con la memoria cultural de Holguín.
Escuchar el docudrama aquí
La AHS: Hacer posibles los sueños
Yailyn Ojeda no es una figura especialmente activa en las redes sociales. No construye su presencia pública a partir de fotografías constantes, historias, videos o reels. En una época en la que muchos artistas deben aparecer con reticencia para demostrar que existen, ella permanece, en buena medida, detrás de lo que hace. Lo único que parece difícil de mantener en segundo plano es su sonrisa. Su carácter jovial. Esa accesibilidad que muestra a desconocidos, compañeros o a los jóvenes con quienes interactúa en la AHS.
Me habla de tecnología, de generaciones nuevas, de la necesidad de encontrar otras maneras de llegar a los oyentes. Habla también de un problema que percibe desde la propia experiencia: fuera de determinados espacios, la radio no siempre recibe el reconocimiento que merece.
Dentro de la Asociación ha encontrado un lugar donde la creación radial se reabastece de fuerzas a un ritmo constante. La motivación de cada creador es distinta. Algunos se acercan a la AHS para participar en los eventos; otros, para visualizar su obra o publicar sus libros. Son aspiraciones subjetivas, distintas en cada caso.
«La AHS siempre busca, no importa si se trata de asociados o no, de unir a los jóvenes creadores y promocionar su obra», me dice Yailyn. El principal objetivo, explica, es promocionar la obra del joven creador, escuchar y hacer posibles sus sueños como creadores.
Quizá por eso anhela que la AHS siga creciendo como familia. Una asociación que no pone frenos a los sueños de sus miembros, sino que los potencia. Yailyn me cuenta cómo la AHS ha desarrollado sus capacidades creativas, sus vínculos con el arte. Me dice, con voz nostálgica, que desearía poder seguir formando parte de esta hermandad toda la vida. «Una vez que se pasa por la AHS es difícil desprenderse de ella».
La Asociación también le ha permitido abrir el espectro de su trabajo. Allí atiende principalmente asuntos relacionados con la comunicación, pero se involucra en la programación y en la creación de proyectos. Ha tenido que vincularse y trabajar con creadores de diferentes manifestaciones artísticas, algo que, según reconoce, le ha aportado mucho profesionalmente.
Desde que entró a la AHS, alrededor de 2016, su relación con la organización se fue haciendo más estrecha. En febrero de 2022 llegó a formar parte de la presidencia de la Asociación en Hoguín, una responsabilidad que le ha permitido participar en la organización de sus eventos más complejos y exigentes.
Entre ellos está las Romería de Mayo. Desde los meses previos comienza el trabajo. Preparar hospedajes, transporte, alimentación y coordinar las distintas tareas forma parte de una dinámica que, más allá de lo creativo, también le ha enseñado sobre organización y administración. Dice que es agotador, pero que disfruta especialmente esa intensidad, el trabajo en equipo y la posibilidad de conocer a tantos creadores.
El programa La Hora de los Cabezones ocupa un espacio particular dentro de esa historia. Es uno de los proyectos a los que más cariño le tiene. Llegó primero como asesora, alrededor de 2016, y después comenzó a dirigirlo, entre 2018 y 2019. El programa, espacio de la AHS en la radio, celebró este 2026 su duodécimo aniversario y mantiene su propósito de promocionar y divulgar la obra del joven creador asociado y no asociado.
También me habla del Taller de Radio Joven, que organizaba la AHS en Banes, y de la importancia de estos espacios para reunir a jóvenes radialistas de todo el país, intercambiar ideas y experimentar otras maneras de hacer radio. Menciona además el Taller y Concurso de Radio Joven Antonio Lloga in memoriam, organizado por la AHS en Santiago de Cuba, como uno de esos lugares necesarios para la superación y el encuentro de quienes hacen radio.
La radio, dice, sigue siendo conservadora en muchos sentidos. Por eso considera necesario el impulso de los más jóvenes, experimentar y cambiar los modos de hacer. La necesidad de que nuevas generaciones se acerquen a escribir guiones, hacer locución, dirigir, hacer arte del sonido.
Hay también una cuestión más difícil: el contexto socioeconómico. La remuneración de la labor artística en la radio, explica, hace complicado vivir únicamente de ella. Y cuando un joven tiene que poner en una balanza el tiempo que dedica a la creación y otras opciones laborales que le permiten obtener mayores ingresos, la decisión puede hacerse todavía más difícil.
Pero la necesidad del relevo permanece. La radio necesita nutrirse de jóvenes creadores y también de nuevas audiencias. Esos jóvenes serán, en buena medida, los oyentes del mañana.
Vea aquí entrevista realizada a Yailyn Ojeda Grass en el programa televisivo Paréntesis
El camino de la luz
Han pasado casi catorce años desde su entrada en la radio. Su nombre se escucha en los créditos de incontables programas. Unos a los que ha dedicado horas de investigación y desvelo, otros que pasan tan deprisa que hay que improvisarlos en la marcha. Todos tienen el mismo temperamento juvenil del primer guion y suman la madurez del último.
Me habla de sus proyectos con Ediciones La Luz, una de las cinco editoriales que posee la AHS para potenciar el trabajo literario. Recuerda especialmente un proyecto de adaptaciones radiales a partir de textos publicados por la editorial, realizado alrededor de los años del Premio Celestino de Cuentos.
Aquel trabajo comenzó cuando Amalio Carralero (guionista, realizador y director de programas de radio) le propuso colaborar con el proyecto. Yailyn se acercó al equipo editorial dirijido por Luis Yusef, que le ayudó con la selección de los textos. Cada libro reunía varios cuentos y ella debía escoger aquellos que pudieran adaptarse mejor a la radio: por su historia, por la posibilidad de llevarlos al sonido y también por su duración, pues el programa tenía diez minutos.
Adaptó cinco cuentos de cada libro seleccionado. Algunos eran muy extensos y habría que mutilarlos demasiado para llevarlos a esos diez minutos; otros eran tan breves que no alcanzaban para completar el espacio. Fue también una manera de acercarse a escritores y estilos narrativos que hasta entonces no conocía.
Para Yailyn, las adaptaciones tienen una dificultad particular. En un original puede manejar a su gusto la historia, los personajes y el conflicto. En cambio, al adaptar debe respetar el estilo del escritor, las características de los personajes y la forma en que se resuelve la historia, aunque el lenguaje radiofónico obligue a quitar o incorporar elementos.
Después de su salida al aire, aquellos cuentos fueron compilados por Ediciones La Luz y, en el marco de las actividades por el 25 anivesario del Premio Celestino de Cuentos, conformados como audiolibro, con diseño de portada de Robert Raez. Así, las historias pudieron encontrar otra forma de llegar a los lectores y oyentes.
Sin dejar de soñar
Me habla de las dificultades para coincidir en los estudios debido a la inestabilidad del servicio eléctrico. Cuenta que ha tenido días en los que, simplemente, no ha podido sentarse a crear. «Esta situación te imposibilita un poco soñar», me dice. «Es inevitable que el contexto te afecte emocionalmente». Respira, hace una breve pausa y me asegura, con todo el ánimo que logra agrupar en la voz, que esos sentimientos son temporales. Está consciente de que el entorno no va a decidir el equilibrio de sus fuerzas. Cuando aparece una oportunidad, vuelven las preguntas: «¿Qué vamos a hacer? ¿Qué programa especial? ¿A dónde vamos con el remoto?».
Esas preguntas son también una manera de no quedarse de brazos cruzados. Yailyn pertenece a una generación que ha decidido crecer profesionalmente en un entorno desfavorable. No porque pretendan ignorar las dificultades, sino porque buscan nuevas formas de no dejar de soñar.
