Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Mucha grasa, poca gracia

Hay que reconocer en esta lectura cubanizada del recordado filme con temática adolescente que estelarizaron John Travolta y Olivia Newton-John, una recreación acertada de bailes y cantos

Autor:

Frank Padrón

La comedia como género teatral entre nosotros, en sus variados registros, goza de gran popularidad. La prueba al canto son las salas generalmente llenas, hasta repletas, durante los espectáculos del Aquelarre o cuando se programa cualquier obra de este tipo en nuestras salas.

Sin embargo, aun cuando hay tanto potencial entre nuestros humoristas y escritores para el teatro, no siempre los resultados son satisfactorios. Acerquémonos a varios títulos recientes.

En BKT, Eduardo Eimil y Jorge P. Hernández con la compañía Verdarte y el grupo de teatro Aire Frío propusieron una versión del famoso musical fílmico de 1878 dirigido por Randal Kleiser, Grease (Vaselina) llevado al contexto de las becas cubanas (de ahí las letras del título que forman un verbo en imperativo aludiendo a tal institución).

Hay que reconocer en esta lectura cubanizada del recordado filme con temática adolescente que estelarizaron John Travolta y Olivia Newton-John, una recreación acertada de bailes y cantos; las coreografías y temas musicales resultaron notablemente adaptados e interpretados por un grupo de muy jóvenes actores, en el que, aunque se notan desbalances, se aprecia un satisfactorio nivel general.

Sin embargo, donde falló la comedia fue precisamente en el humor de sus segmentos hablados: chistes poco funcionales, lugares comunes, situaciones demasiado previsibles que no redundaron precisamente en un proyecto conseguido.

Mas, si esta invitación a «becarse» en definitiva tiene sus méritos, prácticamente ninguno puede hallarse en otra modalidad de humor, que pretende el costumbrismo como esencia: El cuadro que dejó Liborio, escrita y dirigida por Raúl Enríquez con su compañía teatral Aries.

Lo único en realidad (tristemente) simpático es que se anuncia en el programa de mano una «divertida comedia» cuando en la hora de espectáculo apenas se escucha dentro del auditorio una que otra tímida sonrisa: así de carente absolutamente de gracia es este trayecto sobre una familia de muertos encerrados en una pintura y a la que la hija sobreviviente con la ayuda de un vecino trata de arrancar el lugar donde escondieron un dinero.

Todo un catálogo de pésimos gags, en el que no falta una solapada homofobia, el cuadro hoy tan de moda del espiritismo yoruba y situaciones tan gastadas como insufribles, significa este relato caracterizado por el pésimo gusto, la vulgaridad a raudales y deficientes actuaciones, al punto de que uno se pregunta cómo es posible que en nuestros teatros se programe un tipo de obra así.

Entre los espectáculos que presentó el más reciente Festival Aquelarre estuvo Hasta que la wifi nos separe, con un grupo de populares humoristas de la TV, lo cual presuponía (junto con la temática de actualidad que se anuncia desde el título) un banquete de buen humor criollo.

Sin embargo, lamentablemente no fue así: el espectáculo va agotándose paulatinamente al punto de hacerse poco soportable en su larga duración, inversamente proporcional a su agilidad y simpatía.

Un prometedor monólogo inicial a cargo de Otto Ortiz sobre los carretilleros (sin dudas lo mejor del programa) da paso a situaciones bastante forzadas, reiteraciones temáticas (¿hasta cuándo las comparaciones con otros países con tanta y buena «tela para cortar» en la realidad nacional?) y un repertorio de chistes poco felices que fueron recibidos por el cansancio inevitable del público.

Ni siquiera cómicos de tanto arraigo masivo —y probado talento, quién lo duda— como Luis Silva (Pánfilo) o Andy Vázquez (Facundo) consiguieron hacer de sus monólogos propuestas sostenidas en lo que a calidad humorística respecta.

En fin, mucho ruido y pocas nueces; más grasa que gracia en algunas de nuestras propuestas humorísticas en la cartelera teatral del patio. Esperemos que próximos estrenos reivindiquen la incuestionable vena humorística de nuestros actores, escritores y directores para esta esencial manifestación de la idiosincrasia cubana.

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