Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Obsesión por las historias que piden ser contadas

Mis lectores suelen decirme que mis textos se sienten «muy reales», comenta Humberto Fuentes, recién laureado con el Premio Celestino de Cuento por su obra Cubacabana

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Humberto Fuentes Rodríguez es un amante del arte en general, con un apego esencial y existencial a la literatura y el periodismo. Sus éxitos lo confirman como un joven que marca pautas en la narrativa cubana. A su aval se sumó en fecha reciente, con especial relevancia, el Premio Celestino de Cuento, otorgado por Ediciones La Luz, de Holguín, uno de los más prestigiosos del género en Cuba. Juventud Rebelde conversa con él acerca de sus comienzos en la escritura, sus rutinas, los temas que prefiere, su amor por la fotografía y la música.

«De niño hablaba solo, lo cual con el tiempo descubrí que no me sucedió solo a mí, sino que es bastante común entre colegas escritores y periodistas. Mi casa natal tiene un patio grande, y le daba vueltas y vueltas mientras me inventaba una historia, desde la primera palabra hasta el punto final. Eventualmente las llevé al papel; ahí empezó todo. A la literatura le dedico todos los días un tiempo, sobre todo de noche y madrugada. Si no es escribiendo como tal, es leyendo, investigando o haciendo lluvias de ideas».

—Quizá por eso elegiste estudiar la carrera de Periodismo…

—Quienes escribimos sentimos una necesidad por contar, y no me refiero a las operaciones matemáticas, sino al acto de transmitir algo, codificar un mensaje que luego será decodificado por otros. Siempre supe que la comunicación, y específicamente el periodismo, podrían aportarle mucho a mi escritura, y en el camino me enamoré de una profesión hermosa y cruel a la vez.

«En la universidad me rencontré con la poesía, que no cultivaba desde la adolescencia. El Proyecto Taller de Creación Literaria Pablo Neruda contribuyó mucho en este sentido. De ahí también nació mi primer libro de cuentos, Exodus, ganador del 1er. Premio Cuba-Rusia de Escritura Creativa para Jóvenes».

—¿Qué autores han marcado tu estilo?

—Podría mencionarte muchos… Leo desde que tengo uso de razón, y todos los autores me han aportado algo, sobre todo los latinoamericanos y cubanos, creo que por razones de afinidad cultural.

—¿Qué preocupaciones aparecen con frecuencia en tus textos?

—Las de un joven de su tiempo, «rabioso e insatisfecho» como uno de los personajes del libro Cubacabana.

—Precisamente por Cubacabana ganaste el Premio Celestino de Cuento. ¿Ese galardón cambia de alguna forma la mirada y manera en tu quehacer artístico literario?

—Fue una total sorpresa pues, aunque por fin sentí que tenía un libro a la altura del Celestino, poseía (poseo aún) cierto síndrome del impostor al ver los autores y obras que han ganado el premio anteriormente. Haber estado a la altura constituye un parteaguas en mi carrera literaria, mas el ejercicio constante de la escritura tendrá la última palabra sobre si este es el inicio de un período de productividad o de estancamiento.

—Afirmas que disfrutas la precisión en la narrativa…

—Suelo referirme a mi proceso creativo con un verbo específico: «rumiar». Yo rumio mis textos durante días, semanas, meses, incluso años; les voy dando forma en mi cabeza, hago alguna que otra anotación, los construyo de a poco, hasta que me siento a escribirlos y no tardo sino algunas horas, cuanto más un par de días en hacerlo.

«Luego viene la edición, que tampoco suele ser extensa o difícil, pues fue tanta la rumiación que mis textos nacen con una precisión que hasta a mí me asusta; incluso sus signos de puntuación son premeditados: aquí va una coma, aquí un punto… Cubacabana no fue la excepción: algunos de sus cuentos llevaban años remordiéndome la conciencia. La etapa final de su escritura duró un mes, quizá un poco más, pero su nacimiento venía gestándose desde mucho antes».

—¿Cuánto de la Cuba de hoy leemos en Cubacabana?

Es un libro de cuentos que aborda desde la ficción la crisis moral en los períodos de transición, en este caso tomando como escenario la Cuba pospandémica. Fue escrito con el objetivo de que cualquier lector pueda leerlo, pero los lectores cubanos, y muy en especial los jóvenes, se sentirán identificados.

«Desde el primer momento tuve muy claro el título, que es también el de uno de sus cuentos. El argumento de sus conflictos gira en torno a temas universales como la soledad, los traumas, la búsqueda de la felicidad, los sueños, la vejez o el duelo, utilizando siempre tramas locales: una estudiante de Medicina que deja la carrera para ayudar económicamente a su madre; un escritor rabioso e insatisfecho que busca al personaje de su próximo cuento en el patio de fumadores de una discoteca; un mochilero que escala una montaña en memoria de un ser querido y en el camino se topa con un deambulante; un anciano que persigue una extraña forma de redención en un último operativo de vigilancia cederista, entre otros».

—Hablemos de la poesía, otra de tus pasiones… ¿Qué temas te interesan?

—Ese planeta Cuba del que hablaba, o más bien cantaba, Santiago Feliú. Intentar descifrarlo se ha vuelto una obsesión, y comparto mis descubrimientos a través de mi creación toda, pero principalmente con mis poemas.

—¿Cómo diferencias tu voz narrativa de la poética?

—Es una sola: la poética. Eso lo aprendí del escritor Francisco López Sacha (1950-2025), me lo confirmó la profesora universitaria Margarita Mateo Palmer y cada día me convenzo más de ello. La poesía está en todo y es todo, a la vez.

—Y tus canciones ¿Se nutren de la poesía escrita con anterioridad?

—Mis canciones nacen a partir de armonías en la guitarra a las que eventualmente agrego una melodía y esa melodía se transforma en letra. Esta respuesta se conecta con la anterior, pues la poesía constituye un ente anterior y superior a todo género literario que, antes de escrito, fue oral, cantado, transmitido de boca en boca, de canción en canción.

«El trovador de las cavernas fue el primer poeta (y escritor, en general). La trova, más que un género, es un modo de vivir, una actitud ante la vida. Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, su hermano Santiago y Ariel Barreiros son mis mayores referentes en ese sentido».

—¿Cómo influye tu ciudad natal en tu mirada fotográfica?

—Soy oriundo de Varadero, un lugar donde la parafernalia entierra cualquier ápice de profundidad. Eso me ha hecho buscar la maravilla dentro de lo trivial; la flor entre las hojas secas.

—¿Cómo percibes la conexión entre tu obra y quienes la leen?

—Mis lectores suelen decirme que mis textos se sienten «muy reales», tanto si son de ficción, no ficción, o incluso de corte fantástico. Ello constituye una victoria para cualquier escritor, fruto de la constancia escritural y lectora.

—¿Tu mayor desafío como escritor?

—Los encasillamientos.

—¿Cuál de tus personajes sientes más cercano a ti?

—Todos tienen algo de mí, lo cual constituye un arma de doble filo, pero si se usa con cuidado puede ser muy poderosa.

—¿Cuánto ha aportado a tu crecimiento intelectual la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización que lleva 40 años a favor del talento artístico joven del país?

—Los espacios, las promociones, los proyectos, sus talentosos asociados… Quien aprovecha la AHS crece como artista y persona. Los Grafómanos fue mi primer choque con un movimiento literario, el cual me recibió con los brazos abiertos, pues provengo de una generación a la que no le interesa el asociacionismo por razones que actualmente investigo; y, aunque está conformado por escritores que se criaron en el período especial, y ya eso constituye una diferenciación generacional notable, me hicieron sentir que formaba parte de algo que aún hoy defiendo.

—¿Qué proyectos tienes ahora mismo?

—Doy los toques finales a un poemario y preparo otros dos proyectos de libros, uno de ficción y otro de no ficción.

—¿Dónde te ves en los próximos años? ¿Combinando el periodismo, o te dedicarías enteramente al arte?

—La no ficción posee una característica que el resto de la literatura no posee en sí misma y superior medida: la responsabilidad que conlleva contar determinada historia para con sus protagonistas, que en este caso son personas reales. Dicha característica se ha vuelto una obsesión en mí, y estoy dispuesto a asumirla hasta las últimas consecuencias mientras queden historias que merezcan la pena o pidan a gritos ser contadas.

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