Durante más de seis décadas la UNEAC ha sido vanguardia de compromiso y creación para los artistas cubanos Autor: Juventud Rebelde Publicado: 22/08/2026 | 12:31 pm
Unión es palabra sagrada, es siempre lo que nos salva. La unión en torno a una idea, a un proyecto, a un sueño, lo resguarda y aúpa. La unión, sin embargo, es una voluntad que necesita templar el espíritu para entrar en la diversidad.
Cada persona es una entidad propia, cada personalidad es una sicología única. De las luces y las entrañas emerge siempre lo auténtico. Cada uno haciendo lo que sabe, es el único modo; mas todos cobijados bajo un mismo espíritu.
La cultura es un continuo renacimiento.
El arte es una manera de correr el horizonte.
La cultura no es una actividad dada, es la materia más fina y definitiva con la que se tejen los hilos de una nación.
La cultura es una heredad, una síntesis heroica que deviene de muchas ansias y muchas fuentes, que se funden y refunden, que chocan y se encuentran en el camino hasta formar un mismo tronco. De ahí nació un día, hace ya 65 fértiles años, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en los albores de la Revolución.
Resulta una entidad singular en el concierto del mundo de hoy, lleno de tantos sesgos y trincheras. Qué puede unir un trazo de pincel, un verso, un paso de ballet, una conga, una crítica de arte. Qué lazos misteriosos atan una puesta en escena, una cinta de ficción, un documental, una función circense, un son. Dónde hallar el nexo entre un libro, un producto radiofónico, un pentagrama…
La pasión es la cinta más sólida, el hilo definitivo del collar. No hay arte sin artistas, capaces de convertir en arte para los demás, el cosmos que conforman sus fantasmas, sus euforias, sus caídas, sus interpretaciones de la realidad. Capaces de eternizar un instante, de tocarnos en lo más hondo.
Afirma el reconocido pintor Carlos René Aguilera que la Uneac es un panal, en todo caso debería serlo. Es la metáfora exacta. El Poeta Nacional Nicolás Guillén, mítico a estas alturas, encabezó la etapa fundacional de la Uneac, ese proceso que se enraizó y se extendió a todo el archipiélago, prohijando cada vez más proyectos, eventos, espacios, pensamiento.
La profesora y ensayista Daysi América Cué Fernández considera que aquel discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la Biblioteca Nacional conocido como Palabras a los intelectuales, fue un llamado indudable a la unidad de creadores e intelectuales en torno a Cuba, al esfuerzo por una Cuba mejor; pero tiene un sentido plural. No es un lema ni debe interpretarse en un sentido estrecho.
Las palabras convertidas en llama, arden. Las frases transformadas en dogma, caen.
«La Uneac estableció desde su surgimiento un compromiso importante, el compromiso de sus intelectuales y sus artistas de hacer una obra en Revolución. Necesita, claro, ajustarse a los tiempos que van corriendo, a la Cuba de hoy.
«Estamos en un momento de inflexión, un momento de mirarnos hacia adentro, de hacer desde nuestras propias capacidades, y la Uneac no está ajena a ello. Estamos en un momento de crecimiento y será un honor recibir a nuevos creadores que aportan a la cultura cubana, respetando, por supuesto, los principios de voluntariedad y selectividad de nuestra organización».
Son las palabras de Carlo Figueroa, comunicador de casta, presidente de la Uneac en Sancti Spíritus y artífice de un proyecto tan polivalente y hermoso como La Guayabera.
Recuerdo cuando en los estudios secundarios encontré en las páginas de mi libro de Literatura los nombres del poeta Jesús Cos Causse (El Quijote Negro) y del novelista José Soler Puig, a quienes había visto en la sede santiaguera de la Uneac, tan cerca de la casa natal de José María Heredia, «el primer poeta de América». Resultó una emoción profunda. Nunca pensé que años más tarde, me aceptarían en la organización.
He tenido la suerte de recorrer mi país de la Punta al Cabo, de asistir a varios congresos y plenos de la Uneac, de calibrar el ánimo indoblegable de los creadores cubanos. La poesía ha de morar, se necesita más que nunca, allí donde todo parece apartarla.
El arte no se rinde.
Recuerdo en una de esas citas a un pensador, a un hacedor de la talla de Eusebio Leal Spengler, en su oración por la unidad de los cubanos, su llamado a construir una sociedad sin discriminaciones. No puedo olvidar al ensayista e investigador Desiderio Navarro, advirtiendo sobre los riesgos del genuino arte cubano suplantado por la copia foránea, postrado ante una ganancia material inmediata.
Los símbolos son espejos.
Ahora mismo, he sido testigo de cómo el teatro Icarón de Matanzas, bajo la guía de la inmarcesible estrella de Miriam Muñoz, se ha reinventado, desafiando apagones y carencias. Y de como en la propia Atenas de Cuba, se cuida el legado teatral (de manera original y múltiple) en la Casa de la Memoria Escénica que dirige un incorregible soñador como Ulises Rodríguez Febles.
Hay un Martí que asoma dentro de una palma, hay un Virgilio esperándote a la mesa, en aquella Casa.
La Uneac agrupa un talento extraordinario, a leyendas, a intelectuales y artistas que sostienen el grueso de la vida espiritual de un país en centros de enseñanza, instituciones, agrupaciones danzarías y teatrales, colectivos musicales, proyectos editoriales y socioculturales, casas de cultura, galerías... en lo grande y lo pequeño, más la Uneac es más que la suma de sus años y sus acciones.
La Uneac es un arco. Es una energía.
El Festival Boleros de Oro, el Concurso Caracol de la sección de audiovisuales, los Premios Uneac de Literatura, y tantas otras ideas, han sido sostenidas durante años, con no pocos desvelos. Asimismo, han surgido otros prestigiosos concursos y encuentros a nivel provincial y municipal. La Uneac ha aportado plataformas de reconocimiento, ha acompañado de manera definitiva los procesos creativos y sociales en el último sexenio.
«Sin cultura no existe verdadera independencia»
En los festejos por los 65 años de la Unión, la musicóloga y presidenta de la organización, Marta Bonet, nos entrega la visión, la mirada al aquí y ahora, y por supuesto, las proyecciones de la organización que preside en el país: «Aspiro a una Uneac cada vez más participativa, diversa, dinámica y cercana a sus miembros. Una organización que mantenga su autoridad moral, que continúe siendo referente de la cultura cubana y que logre integrar plenamente a las nuevas generaciones, sin perder la memoria de quienes construyeron esta historia.
«Cumplimos 65 en el centenario del Comandante en Jefe. Es una coincidencia profundamente simbólica. La Uneac nació gracias a la visión de Fidel sobre el papel estratégico de la cultura en la Revolución. Su confianza en los artistas, expresada desde Palabras a los Intelectuales, sigue marcando nuestro camino. Quizá el mayor legado sea haber comprendido que sin cultura no existe verdadera independencia, ni identidad, ni proyecto de nación.
«Quisiera agradecer profundamente a todos los que han hecho posible la hermosa historia de la organización: a quienes la fundaron, a quienes la han enriquecido durante décadas y a los jóvenes que hoy asumen el compromiso de continuarla. La Uneac seguirá siendo una casa abierta para el arte, el pensamiento y el diálogo. Los que la habitamos, en cualquier tiempo, somos su esencia. Celebrar estos 65 años no significa mirar únicamente al pasado; significa renovar el compromiso con la cultura cubana, con nuestro pueblo y con el futuro de la nación».
Cuba necesita a sus escritores y artistas. Y necesita la unión, sin complacencias. La unión es siempre lo que nos salva.
