Cuerdas del Alma es el proyecto más importante del joven espirituano. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 21/09/2026 | 12:33 pm
Del niño desenfadado que subía a cualquier escenario en La Sierpe, comunidad pequeña, pero de abrazos extendidos como sus edificios, queda todo o casi todo. De ahí que, cuando se mira de frente a Luis Javier García Rodríguez se tropieza con un derroche de alegría, ganas de comerse el mundo y el don de ser artista.
«Crecí en un ambiente familiar donde crear, inventar y buscar nuevas maneras de comunicar era algo muy natural. Luego, en la Enseñanza Primaria me toma de las manos la instructora de arte Ermis Yaslin Hernández Romero, Yaya, y me acerca de forma más consciente a la música. Con ella conocí sobre canto, descubrí la guitarra, la percusión».
Fue ese el inicio. Luego, se atrevió a recorrer 30 kilómetros de distancia de su casa, en la llanura del municipio más joven de Cuba hasta la ciudad del Yayabo para realizar las pruebas de aptitud, a fin de ingresar en la actual Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus. Desde que lo aprobaron, la guitarra se le hizo inseparable.
«A partir de mi entrada a la escuela, la música se volvió en un camino de formación, disciplina y decidí asumirla como mi futuro profesional. Aunque, para ser sincero, cuando realmente comprendí que quería dedicar mi vida a la música fue cuando realicé el pase de nivel. Más que una evaluación académica, me permitió mirar hacia delante y entender que la guitarra, más que un instrumento de estudio, era la vía mediante la cual quería expresarme, comunicar mis emociones. Concienticé, entonces, que esa manifestación artística no era solamente una pasión de la infancia sino una responsabilidad y un compromiso de vida».

EL REGRESO
Egresado del Centro Provincial de la Enseñanza Artística Olga Alonso, en Villa Clara, Luisi —como se le conoce desde que abrió los ojos— retornó al mismo sitio donde la institución educativa Antonio Maceo y la Casa de Cultura Argelio García Rodríguez le vieron dar sus primeros pasos en el arte.
«En La Sierpe, municipio donde crecí, participé en talleres relacionados con la música campesina y la interpretación de ese repertorio tan arraigado a nuestra identidad cultural. Fueron experiencias sencillas, pero muy significativas porque resultaron la primera puerta de entrada a un universo que después se convirtió en mi profesión. Ahí comprendí que, incluso en lugares donde parece más difícil desarrollar una carrera artística, siempre puede existir una semilla creativa cuando hay personas, instituciones y comunidades que acompañan ese despertar.
«Regreso como graduado porque sentí la necesidad de devolver un poco lo que había recibido allí. Llevaba tiempo ausente de forma física, pero siempre estuvo en mí. En ese territorio espirituano habitan personas con mucho talento, creatividad y deseosas de expresarse. Ha faltado espacios y oportunidades para que esas capacidades puedan mostrarse.
«Convencido de ello, impulsé el proyecto Corazón Latino, una compañía artística que recuerdo con muchísimo cariño dentro de mi trayectoria. Reunió a músicos, bailarines y jóvenes creadores del municipio. Intentamos revitalizar los espacios culturales de La Sierpe, especialmente desde su Casa de Cultura. Creamos espectáculos con diferentes conceptos, propuestas escénicas que llevamos a diversas comunidades. Más que presentarnos, nuestra intención era fomentar el gusto por el arte, estimular la participación y demostrar que desde ese municipio también se podía generar un movimiento cultural con calidad y compromiso».
Demasiadas alegrías se resguardan en la memoria de este joven con la misma fuerza con que se recuerdan en La Sierpe aquellos días de pura explosión creativa. Similar sucede en pasillos y aulas de la Lecuona, donde enseñó.
«Esa escuela representa parte esencial de mi historia personal y artística. Volver como profesor significó cerrar un ciclo. Fue rencontrarme con los espacios donde comencé a construir mi identidad como músico, pero esta vez con la responsabilidad y la satisfacción de poder transmitir parte de lo que esa institución me había entregado.
«No solo impartí Guitarra Clásica y Práctica Conjunta, sino asignaturas teóricas como Apreciación Musical. Esa experiencia me permitió comprender aún más la importancia de la Enseñanza Artística. No solamente se trata de formar instrumentistas, sino de acompañar a menores de edad en un proceso de crecimiento humano y creativo».
MÁS ALLÁ DEL AULA
Fueron días intensos. Pero, enseñar no calmaba totalmente su sed de crecer como profesional. Se sumó al coro Vocal Imago y pujó con fuerza su más grande proyecto: Cuerdas del Alma. Ahí están su música, esencias, talentos… No sorprende que en poco más de dos años de vida cuenten en su currículo, entre los más recientes lauros: Premio Cuerda Viva 2026 en la categoría de Música Instrumental, Premio Cubadisco 2026 en Ópera Prima y Primer Premio del Galardón Agrupación Joven 2025, otorgado por el programa Iberorquestas Juveniles.
«La estancia en Sancti Spíritus fue un reto, pero también una oportunidad para aprender, equivocarme, crear, asumir responsabilidades y comprender que el camino de un artista no depende únicamente de los lugares donde existen todas las condiciones, sino también de la capacidad que se tenga para transformar las circunstancias y construir nuevos caminos. Resultó una etapa de intensidad enorme, cargada de experiencias, aprendizajes. Cada agrupación, institución, organización y las personas con las que compartí me aportaron. Por eso, puedo decir hoy que regresar a mi tierra espirituana fue necesario. Tal vez en aquel momento no era exactamente el camino que había imaginado, pero terminó siendo el que necesitaba recorrer para convertirme en el artista y en la persona que soy».
—¿Sancti Spíritus te quedó chiquito que decidiste partir?
—Sentí la necesidad de abrir nuevos horizontes y asumir nuevos retos dentro de mi formación y mi carrera artística. Antes de mi parada en Sancti Spíritus, ya había realizado mis pruebas de ingreso al Instituto Superior de Arte (ISA), solo que debí cumplir mi servicio social. Entendí que para seguir creciendo como músico necesitaba enfrentar otros escenarios, conocer nuevas dinámicas culturales y encontrar nuevos espacios de creación.
«Realmente La Habana representa precisamente eso. No fue una partida desde la inconformidad ni un alejamiento de mis raíces, al contrario, fue una continuación natural del camino comenzado en La Sierpe y que me había fortalecido en Sancti Spíritus».
— En tu opinión, es esa la razón por la que cuesta tanto que los jóvenes artistas echen raíces en estos predios.
—Cuando vivimos tantos años de formación, estudiando y especializándonos en una profesión, se regresa al territorio de origen con muchas expectativas. Queremos encontrar espacios, proyectos, posibilidades de crecimiento y, sobre todo, sentir que para lo que nos preparamos tiene un lugar dentro de la sociedad. Pero muchas veces la realidad es diferente. Y entonces aparece la frustración. No porque los jóvenes no quieran aportar a sus territorios, sino porque no encuentran las condiciones para hacerlo.
«En mi caso personal, Sancti Spíritus me aportó muchísimo, pero tampoco puedo decir que fue todo sencillo. Enfrenté dificultades, lo que a diferencia de otros no esperé únicamente a que aparecieran los espacios, sino intenté construirlos.
«Por eso creo que no podemos quedarnos solamente con la pregunta de por qué los jóvenes se van. También tenemos que preguntarnos por qué no logramos hacer más para que encuentren razones para quedarse».
Con esa máxima, a Luis Javier se le ve lo mismo en una acción de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en un videoclip por los 40 años de esa organización, conciertos, Vocal Leo, en el cajón con Reynier Mariño, en el aula, sonorizando Mediodía en TV o hasta en la mismísima esquina de la fama 23 y M.
«Continúo mi formación en la Universidad de las Artes y siento que aún tengo muchísimo por aprender, no solamente desde la guitarra o la interpretación, sino también desde la experiencia de compartir con otros músicos, escuchar nuevas ideas y enfrentar cada día retos. Quiero seguir creciendo como artista, pero también como ser humano.
«La carrera artística se construye desde la capacidad de seguir buscando, de no conformarse y de mantener siempre esa curiosidad y el deseo de aprender. Por supuesto, una parte fundamental de mi futuro está vinculada con Cuerdas del Alma. Quiero seguir apostando por ese proyecto, por su crecimiento y por todo lo que todavía podemos aportar a la música de cámara y al movimiento guitarrístico cubano.
«También anhelo continuar vinculado al movimiento coral que representa otra de las grandes pasiones de mi vida. Y está, además, la gestión cultural. Creo profundamente que los jóvenes artistas no podemos limitarnos solamente a esperar que lleguen los espacios donde desarrollar nuestro trabajo. Tenemos la responsabilidad de pensar, proponer y crear nuevas oportunidades.
«Si algo me ha enseñado el camino recorrido hasta ahora es que los sueños no se dan solos. Hay que tener la capacidad de imaginarlos, pero también la voluntad de trabajar para convertirlos en realidad. Aquel niño de La Sierpe que un día encontró el arte, hoy tiene más experiencias, responsabilidades y sueños que entonces. Sí conserva la misma necesidad de crear, hacer música, crecer y creer que el arte puede transformar vidas.
«Si miro hacia el futuro, creo que esa será siempre mi mayor proyección: aprender, crear y construir caminos. Para mí, Cuerdas del Alma, y si es posible también para otros jóvenes, pretendo estar, como aquel niño de La Sierpe, que un día necesitó de alguien, demostrar que los sueños también pueden encontrar un camino».
