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Quietud y nostalgia en nominados a los Lucas

Los premios Lucas 2026 registraron un cine cubano que, junto al baile y la pachanga, también muestra desconcierto, agobio y melancolía en diferentes videos. La selección evidencia una rica diversidad estética y confirma que varios intérpretes han asumido la dirección de sus propias obras con excelentes resultados

Autor:

Joel del Río

Cuando pasen unos años, e intentemos buscar en el cine cubano aquel filme reflejo de estos años, tal vez sea difícil encontrar una imagen exacta. Sin embargo, los premios Lucas acertaron a registrar, entre los videos más nominados de este año, algunos que reflejan instantes de desconcierto, agobio y melancolía en un entorno mucho más propenso, y lo sabemos todos, al bailoteo y la pachanga. Nada en contra siempre y cuando aquellos que bailan y gozan, perennemente alegres, no intenten descalificar a estas otras obras definidas por instantes de reflexión, quietud, oscuridad e incluso tristeza.

Máxima «productividad» hubo este año en el apartado que se dedica a la canción contemporánea, pues fueron de ahí que salieron cuatro de los mejores videos del año, según mi parecer, coincidente con el de los otros jurados que los reconocieron con un buen número de destaques. Habana, dirigido por Felo y con Raúl Paz; Delirando, de y con Vicente Trigo; Luciérnaga, con el dúo de Milo y Silvio Rodríguez, y Sueño con serpientes, de Y con X Alfonso, cantando también junto a Silvio Rodríguez. De lo cual se infiere, entre otras conclusiones, no solo que algunos intérpretes han decidido dirigir sus propios videos, sino que lo han hecho con excelentes resultados.

En pleno apagón ocurre Habana, y las referencias destellantes de color, limitadas a un interior muy exiguo, subrayan la fe inmanente, el sentido de pertenencia, el amor adolorido pero incólume que la canción proclama. Felo, el director, atina a distanciarse del texto solo en apariencia para ilustrar mejor el significado, el espíritu. Lamparazos de luz del quinqué y de las velas le regalan sustantiva presencia a la imagen de la Caridad del Cobre, las fotos familiares del cantautor, un disco de Elena Burke y el retrato de José Martí, y todos brillan en medio de las penumbras, y en medio de todo canta Raúl Paz, que nos regala una de sus interpretaciones más sentidas, potenciada por convenientes acercamientos de la cámara. Es una obra inteligente, eminente, vibrante.

Si Habana elige la oscuridad como uno de sus códigos visuales más relevantes, Delirando, realizado en blanco y negro para una canción cantada a capella, derrocha luz natural casi hasta la saturación, y el sol acompaña sin remedio a la bandera inmensa y ondeante, hace palidecer los girasoles y quema el Malecón, y el dienteperro, donde una expresiva bailarina, una solal, y completamente vestida, levanta los brazos al cielo, como implorándole algo al sol inmisericorde. Porque se trata de ilustrar con imágenes las palabras de una canción que habla sobre «las ventiscas del alba, y las dueñas de mi quebranto», y acerca de que «hay un temblor en el aire y el cielo está delirando». Es una obra emotiva, significativa, y muy sugestiva.

Entre los muchos argumentos a favor de Luciérnaga está el siguiente: parece el fragmento de una película cuyo argumento uno se complace en imaginar, porque el video describe solo un fragmento. También nocturnal y con un empleo expresionista, dramático de luces y sobre todo sombras, el video muestra a varios personajes, varios de los cuales desfilan en una procesión a la luz de las velas, y todos (menos la niña que prende o apaga una lámpara de azules filamentos), parecen perplejos, abatidos, cariacontecidos. Porque al parecer se intenta ilustrar con imágenes ideas difíciles de representar donde caben infinitas interpretaciones. Es una obra preciosa hecha de rumores y sutilezas.

Por otra parte, Equis Alfonso deviene otra vez, aunque nunca dejó de serlo, el realizador fugado del pelotón, el de la vanguardia y la ruptura. Y para lograr todo ello recurre, en Sueño con serpientes, a la plástica cubana de los años ochenta, y así utiliza la Inteligencia Artificial para conseguir una atmósfera de geometrías y uniformidades muy similar a la descrita en filmes como Metrópolis o Blade Runner, y en ciertos textos futuristas, u oscuramente surrealistas de Franz Kafka, George Orwell, y sobre todo Ray Bradbury.

Porque en el video también hay una sociedad distópica, inclemente, deshumanizada, que olvida, proscribe e incluso quema los libros, y el héroe de la historia encuentra entre ruinas, un texto capaz, en apariencia, de destruir toda oscuridad amparadora de reptiles empoderados. Posmoderno, ricamente intertextual, y artísticamente ilustrado es el nuevo video de Equis Alfonso.

Toda selección de los mejores videos musicales cubanos de 2026 debe al menos incluir, además de las mencionadas, otras tres obras: Aset, de las Ibeyi; 1000 de aura, de Jotabarrioz, y La golondrina, de Carlos Paz y Lindiana, que oscilan entre la estética documental y la animación pura, prácticamente desprovista de imágenes reales.

El video de las Ibeyi se realiza a partir del contraste entre el exterior saturado de luz, en las inmediaciones del Malecón, y un interior umbrío y acogedor, donde la gente juega dominó, se enamora, comen cake, conversa, viven la vida a pesar de todo, y la protagonista se contorsiona sensualmente (con movimientos totalmente distanciados de la vulgaridad al uso) en un baile-ofrenda detalladamente filmado, que recuerda por lo menos una decena de pinturas, poemas y relatos en todo soporte donde se habla de rumba y guaguancó. Lo más curioso es que musicalmente el video tiene un sonido solo a medias sincrónico que les añade a las imágenes testimoniales una música singular, la que suelen hacer las Ibeyi.

Agradablemente romántico, entre el cosmos, la caminata lunar, y un idilio acompasado por las urgencias de una azotea habanera transcurre el natural y simpático 1000 de aura, mientras que La golondrina también habla de amor, pero desde los desbordes del ensueño que permite la animación.

Totalmente desatado sin eclecticismos que desvirtúen el suave romanticismo del tema, el video musical de Lindiana y Carlos se atiene a un único freno: el imperativo de regalarnos la letra de la canción en medio de un aguacero tipográfico que se añade a decenas de símbolos y gráficas de la más diversa procedencia, todo habilitado para ilustrar versos como aquel, hermoso, inspirado en la Vieja Trova, que reza: «si se pone el sol en tu ventana, celebra la ocasión de un nuevo día».

Sabio consejo, hermosa trovada, debut y consagración de Ramiro Sardoya en un verdadero delirio de líneas que se componen y recomponen para construir una auténtica oda a la imaginación restauradora, resiliente, revocadora de la tristeza que paraliza. Que todas esas funciones pueden ser cumplidas por un buen video musical capaz de ilustrar una buena canción e incluso de trascenderla. Y los Lucas se encargaron, una vez más, de hacerlo notar.

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